La derrota que ya tenían escrita
Había gente deseando que España perdiera el Mundial de fútbol. No por falta de patriotismo, sino por una forma muy determinada de ejercerlo: desear que al país le vaya mal para confirmar que uno lleva razón. En fin, que España tenía que fracasar por el bien de España.
La derrota habría permitido explicar que la selección era el reflejo de un país en agónica decadencia, que ya no valoramos el esfuerzo y que la mediocridad se había instalado también sobre el c��sped. Y, por supuesto, que Pedro Sánchez, convertido desde hace años en causa universal de todos los males de España, también tenía la culpa y era responsable de que Ferran Torres mandara el balón fuera.
Pero Ferran metió gol.
Algunos habían escrito el epitafio antes de que terminara el partido y la realidad, siempre tan tozuda e inoportuna, les obligó a celebrar un funeral sin muerto.
No debe de ser fácil vivir así, pendiente de que al país le vaya mal para poder demostrar que uno tenía razón. Cada buena noticia se convierte en un contratiempo y cada celebración nacional, en un problema que tumba su argumentario. Si España pierde, confirma la decadencia. Si España gana, habrá que rebuscar alguna derrota moral entre los confetis.
Pero el verdadero inconveniente de esta selección no es que haya ganado. Es la imagen de España que ha reflejado mientras ganaba.
Un grupo de chavales diversos, con historias, orígenes, ideas y maneras de vivir diferentes, jugando como un equipo. Sin necesidad de uniformarse, más allá de la camiseta. Sin pedirle a nadie que dejara una parte de sí mismo en el vestuario para poder sentirse uno de los nuestros.
Y durante unas horas ocurrió otro pequeño milagro. Algunos apellidos dejaron de resultar sospechosos, determinados orígenes dejaron de ser una amenaza y la diversidad dejó de romper España. Bastó un juego espectacular, unos cuantos goles y una copa del mundo.
Tal vez por eso esta victoria ha resultado tan incómoda para quienes llevan años dibujando un país triste, dividido y en permanente colapso. Porque, durante 120 minutos, España fue exactamente lo contrario. Fue joven, diversa, alegre y capaz de entenderse. No parecía una nación al borde del abismo, sino un grupo de personas diferentes corriendo juntas hacia el mismo sitio.
Hasta Donald Trump tuvo que felicitar a esa España. La escena tenía cierta justicia poética: el hombre que ha convertido los muros en programa pol��tico reconociendo el triunfo de un equipo que ganó sin levantar ninguno dentro del vestuario.
Y cuando ya parecía que la victoria no podía decir mucho más sobre nosotros, llegó la celebración. Allí, entre jugadores desatados, banderas y canciones, Borja Iglesias eligió Cantando, de Violadores del Verso.
No fue una elección casual. La canción habla de seguir adelante pese al ruido, de no dejarse vencer por las adversidades y de encontrar en la alegría una forma de resistencia. Era el remate perfecto para una noche en la que, frente a quienes necesitan una España abatida para sostener su relato, apareció otra mucho más alegre, diversa y libre.
La España real había ganado.
@Jagarciar14 Pues un extremo-pelamangos que después de 46 años haciendo el canelo, suelta una sarta de gilipolleces y no ha tenido tiempo de aprenderse el nombre del regulador español.
Van a tardar los chinos en construir 6 grupos nucleares, menos que nosotros en hacer la estación de trenes de Navalmoral. Y van a dar mucho menos por culo a su población.
5 años expatriado en Francia. Cometí un error a mi favor con la hacienda francesa que yo mismo avisé.
Me trataron como un contribuyente.
La hacienda española me acusó de querer engañarles. Tuve que contratar un asesor para demostrar mi inocencia.
Me trataron como a un delincuente
Tengo empresas en 8 países. Y solo en España tengo que demostrar mi inocencia.
Tengo empresas en muchas partes de Europa. Mi compañía eléctrica está en 8 países, pero en el único donde tengo que demostrar mi inocencia como empresario es aquí.
En España se parte de la base de que el empresario es un explotador.
Yo, quiero dejar claro que estoy a favor de pagar impuestos.
Creo en contribuir y en sostener el sistema.
Pero también creo que alguien debería justificar en qué se gasta.
Porque estoy cansado de dos cosas:
De darles mi pasta para que se la fulminen.
Y de que me traten como a un criminal por defecto.
En este país, desde el primer momento te tratan como si fueras un caso policial.
Hacienda está politizada y el mensaje es:
si generas empleo o tienes patrimonio, cuidado, que te toca demostrar que no eres culpable.
Y no.
Ni los empresarios somos explotadores en general, ni los sindicalistas son vagos en general. Hay que analizar caso a caso.
Lo más surrealista es que un inspector puede cobrar un bonus solo por abrirte una inspección aunque luego no encuentren nada.
Eso, sinceramente, solo pasa en España.
Pagas, creas empleo, cumples y aún así parece que tengas que pedir perdón por hacerlo.
Así no se anima a nadie a emprender. Ni a quedarse.
Para este viaje no hacían falta alforjas. Seis años de mensajes engañosos a la ciudadanía y de presión pol��tica sobre las eléctricas, manteniendo en vilo a todo un sector por intereses que, en el mejor de los casos, fueron meramente electorales. Una demostración más del nivel al que ha descendido nuestra clase política.
https://t.co/HHM45Zh22L
@Pomadecadi Yo he trabajado en el metal, he aguantado jornadas de 12 y más horas, sabes para lo que no he tenido nunca huevos?? Para ponerme delante de un morlaco ni para presentarme a político en las vascongadas cuando ETA mataba día si día también.