Eclesiastés 3:11❤️
Cuando las cosas vienen de Dios, no se tiene que forzar nada, todo encaja perfecto, todo llega a tiempo, las puertas correctas se abren, las personas idóneas llegan, porque Dios no se equivoca.
Qué privilegio poder correr, pagar un gimnasio, comprar comida saludable, tener trabajo, pagar las cuentas, tener piernas que caminan, ojos que ven y una mente que funciona.
Formar a los niños en el patio a las 8:00 am, jurarle a la bandera con la mano en el pecho, entrar al salón, pedir silencio, dictar. Copien. Y cuarenta cabezas copian del pizarrón un país que no les está enseñando a leerlo. Copian.
Hoy llegó la boleta. Se llama PISA, la aplica la OCDE a los muchachos de quince años, y la de este ciclo se publicó esta mañana: 388 puntos en matemáticas cuando el promedio de la OCDE anda en 463, 408 en lectura contra 461, 414 en ciencias contra 482. Setenta y cinco puntos abajo en matemáticas no es una décima: son años de escuela que no ocurrieron. Cuatro de cada diez muchachos están debajo del nivel básico en las tres materias a la vez, básico, o sea leer y entender lo leído, sumar y que dé, y arriba, en la excelencia, apenas medio alumno de cada cien. En una década perdimos 22 puntos en matemáticas y 15 en lectura, y las niñas todavía más abajo: 380 contra 396 de los niños en matemáticas. Detrás de cada punto perdido hay un niño que sí se levantó temprano. Resultados de México en PISA 2025 +4
Y ahora la pregunta del examen, pero para el Estado: si sus alumnos reprueban así, usted, ¿qué hace?
a) invierte en sus maestros,
b) refuerza la primaria,
c) mide más y mejor para corregir,
d) rompe el termómetro.
Contestó d. Con pluma fuente.
En 2019 desaparecieron el INEE, el instituto que evaluaba la educación, y lo sustituyeron por Mejoredu, que también fue eliminado; la prueba nacional PLANEA se aplicó por última vez en 2019; el gobierno se salió de la prueba ERCE de la Unesco y aquellos resultados nunca se publicaron; en septiembre pasado apagaron hasta los sitios web del INEE y de Mejoredu, y con ellos el acceso a 23 años de datos. Dos veces este país estuvo a punto de bajarse también de PISA: en 2021 la propia OCDE confirmó que la participación estaba suspendida, y apenas en noviembre la SEP tuvo que salir a aclarar que no, que la prueba seguía viva. Era la última que quedaba. Lo advirtió la Unesco este año: sin evaluación nacional, el país no puede saber qué está aprendiendo con su propio modelo educativo. Esa es la solución que ofrece el Estado: no bajar la fiebre, prohibir el termómetro. No prender la luz: decretar que la oscuridad es un método pedagógico. La Nueva Escuela Mexicana se queda sin exámenes para evaluar.
Y que nadie se lave las manos con el calendario, porque esta boleta trae veinticinco años de firmas: México presenta este examen desde el año 2000 y sus resultados se han mantenido igual de lejos del promedio en todas las ediciones, con todos los partidos, con todos los colores. La diferencia es que antes reprobábamos con boleta y ahora reprobamos sin ella: antes el fracaso tenía número, y al número, para no verlo, le quitaron hasta el papel.
Pero el número tiene cara. No le voy a inventar nombre: ponle el de tu hijo, el de tu sobrina, el del niño que despacha con su mamá. 388 no es un puntaje: es un muchacho de quince años que va a firmar contratos que no va a poder leer, créditos que no va a poder calcular y promesas que no va a poder verificar. A ese muchacho no lo reprobó la OCDE: lo reprobó un adulto detrás de un escritorio que decidió que salía más barato esconder la calificación que ganársela. La ignorancia no se decreta, pero sí se administra. Y a un pueblo que no sabe leer sus números se le pueden contar todos los cuentos.
El Estado ya entregó su examen: dejó la hoja en blanco y se calificó con diez. A nosotros nos toca lo contrario: la mesa de la casa como segundo salón, veinte minutos de lectura con ellos aunque el día no alcance, preguntar qué aprendiste hoy y no soltar la pregunta, y exigir, con nombre y apellido, que este país vuelva a medirse, porque lo que no se mide no se mejora: se maquilla. Un país se atrasa el día que no hace la tarea. Pero se pierde el día que rompe la boleta para no firmarla. La boleta ya está en la mesa. Lo único que falta saber es quién la va a firmar.