Mi primera sopresa fue en el metro. Ni siquiera en los días de la Marea Rosa había visto que las autoridades estorbaran el metro. En Metro Coyoacán casi no pasaban trenes hacia El Zócalo; pasaron tres trenes en sentido contrario antes de que pasara uno en el sentido deseado. Durante todo ese tiempo, había policías bloqueando casi 1/3 del espacio para abordar el tren con rumbo centro. Al llegar el primer tren hacia El Zócalo, la policía impidió subir a varios vagones; en varios vagones venían jóvenes con megáfonos diciendo a la gente que no creyeran las mentiras del gobierno, mientras la policía arrinconaba a la gente para que no pudiera acercarse a esos vagones y se vieran obligados a subir a otros. La mayor parte de vagones con jóvenes protestando correspondían a la zona donde la policía había impedido esperar.
No pude tomar ese primer tren.
Al llegar el segundo tren, después de casi 20 minutos, pude abordar. En el tren, escuché una pareja hablando: Habían planeador ir a El Zócalo, pero la presencia de los policías los asustó y decidieron regresarse.
La ONU cuestiona que la Guardia Nacional y la Fiscalía de Jalisco no hayan detectado "pruebas cruciales" en el Rancho Izaguirre tras su aseguramiento en 2024.
Lo califica como "perturbador"
No me había esperado ver un acto ecuménico del tipo que vi. Yo había visto antes combinaciones de oraciones evangélicas y rezos católicos, pero esta vez vi que a ello se agregaron actos de religiones no cristianas. El dolor era tan grande entre los padres de familia, que esas discrepancias religiosas se hicieron irrelevantes: Todos se unieron. Había por igual gente de 60 o 50 años, que adolescentes y jóvenes de 20.