Mi mayor decepción laboral fue entender que no basta con hacer bien tu trabajo ni con amar lo que haces. A veces, si no encajas, no caes bien o no te alineas con el ego de quien lidera, todo tu esfuerzo deja de ser suficiente, incluso cuando cumples y das lo mejor de ti.
Las imágenes de la gente celebrando en las calles me tienen roto.
Celebren muchachos, por todo lo que hemos vivido y por los que no han podido llegar hasta aquí.
Hagan ruido, celebren, sean felices.
Nunca más a pedir perdón por el coraje de vivir la alegría sin reservas.