Freud en 1919 (159):
"Quien como analista, acaso por desborde de su corazón caritativo, dispense al paciente lo que todo ser humano tiene derecho a esperar del prójimo, cometerá el mismo error económico en que incurren nuestros sanatorios no analíticos para enfermos nerviosos"
La fantasía del “no le debo nada a nadie” suele presentarse como si necesitar a alguien fuera una debilidad o una deuda de la que habría que desprenderse. Pero nadie se hace a sí mismo.
Llegamos al mundo dependiendo de otros y, de muchas maneras, seguimos haciéndolo toda la vida. Aprendemos gracias a otros, amamos a otros, sufrimos por otros. Incluso aquello que sentimos más íntimo y más propio está hecho de palabras que recibimos, de encuentros que nos marcaron, de cuidados, pérdidas y vínculos. Por eso, poco de lo que somos es exclusivamente individual. Hay presencias visibles e invisibles sosteniendo nuestra historia.
La autonomía no consiste en negar la dependencia. Consiste en reconocerla sin quedar atrapados en ella. Porque no hay existencia humana fuera del vínculo.