Jean cubrió su espalda, y él respondió también atacando con el mandoble a aquellas criaturas que intentaban arremeter nuevamente en contra de ellos.
—La cacería salvaje...
Masculló al volver a su lugar con Jean, viendo que nuevamente avanzaban sin contención y se dirigían a >
ellos como si sus ataques no les hicieran nada. De hecho, algunos que habían caído a suelo y parecían haber muerto se levantaron nuevamente como si nada.
Eso parecía que sería una batalla larga, si no una interminable.
—¡Jean, hay que rematarlos antes de que se >
Con el ataque de Jean, Diluc blandió su mandoble, no sin antes gritar.
—¡TODOS AL SUELO!
Los comerciantes y aquellos que estaban huyendo en busca de refugio se tiraron al suelo con el aviso, entonces, un enorme halcón de fuego voló sobre sus cabezas, impactando contra los >
enemigos que Jean había empujado con Anemo con anterioridad.
Pero…
Aunque parecía que les había afectado, no parecían dispuestos a morir.
Diluc endureció la mirada antes de ir hacia el frente, tendrían que atacarlos de forma directa.
Mientras tanto, las criadas de la mansión >
sus cuerpos.
—¡Auxilio! ¡Ayuda por favor!
El efecto fue inmediato.
Diluc, con su mandoble en mano, corrió en dirección al enemigo sin siquiera terminar de procesar lo que estaba sucediendo.
—¡JEAN! —la llamó, preparando su ataque imbuyendo su arma en pyro.
Aquella mañana no podría haber sido más atroz.
Justo antes de la hora del desayuno Adelinde llegó apresurada con terribles noticias.
—¡Master Diluc! ¡Señorita Jean! ¡Hay criaturas del abismo atacando Mondstadt! ¡Y se están acercando al Viñedo!
Por algún motivo, >
al salir de la mansión el cielo se encontraba oscurecido, y una miasma oscura y densa avanzaba desde las planicies del oeste hasta ellos. Unos mercaderes corrían apresurados en dirección al viñedo, gritando en horror, huyendo de criaturas humanoides que despedían corrupción de >
> de Levantaviento y próximos a Aguaclara, a parte de estar acercándose al Viñedo del Amanecer con la mera intención de seguir sus instintos primarios: matar y destruir.
No obstante, también buscaban brindar su 'ayuda' al recién transformado. Varios de los carruajes habían >
—Tus horarios difícilmente cambian, no es difícil saber dónde estarás con solo prestar un poco de atención.
Puntual como un reloj y disciplinada como ella sola.
Aunque había algo de razón en la suposición de Jean, algo que no diría él abiertamente.
—Solo cumplo con la >
—Pensaría que estás pendiente de mi horario, Master Diluc —caminó hacia él, sus manos ocultas en su espalda entre el ritmo acompasado con el que se mantendría cerca—. No tengo mucho que hacer salvo ir a mi casa, ¿o esta es una invitación a la tuya, puede ser?
y, aunque él era más activo en la noche, no podía dejarle pasar factura a ella de una pequeña escapada como esa.
Sin embargo, dejando la practicidad de lado y con sus ojos fijos en los de ella, hizo una pregunta que a la vez servía de propuesta.
>
Diluc reconoció la sonrisa en su rostro. Charles, que había identificado que el dueño del local ahora tenía su atención en una sola clienta, se dedicó a atender el sitio por su cuenta, recibiendo la ayuda casual y mecánica de Diluc a la hora de preparar »
También ha sido problema de adaptarse, bajar el ritmo cuando estaba acostumbrada al frenetismo era otro trabajo que tomaría su determinado tiempo.
Y por lo cual suspiraba esa noche.
—Hay un par de cosas que no puedo dejar atrás. Master Varka también comentó que »
Por supuesto que ella respondería eso. Diluc abandonó su posición para avanzar en su dirección, deteniéndose a un par de pasos.
—Y porque se trata de tu cumpleaños tu respuesta me compromete.
Explicó cruzándose de brazos.
Si bien sonaba a acusación, su tono causal »
La rutina había reanudado una vez su día libre culimnó. Los ánimos estaban renovados, haber pasado su día junto con su familia le llenó de más alegría de la que habría esperado o imaginado.
Misma que estuvo presente con el pasar de los días, incluso durante las noches +