Ojalá existiera una pastilla para apagar la mente un rato, dejar de sobrepensar y descansar de todas esas cosas que no dejan de dar vueltas en la cabeza.
Mi peor versión no aparece cuando me enojo, sino cuando dejo de hablar, de explicar y de intentar. Porque cuando llego al silencio, ya no busco arreglar nada; simplemente acepto que hay cosas que dejaron de importarme.