Viendo el tamaño y lo que alberga el portaaviones USS Gerald R Ford que va directo hacia el Caribe, no pude dejar de recordar a Diógenes Escalante y sus lógicas cavilaciones narradas por @FSuniaga en El Pasajero de Truman. En la novela Escalante dice:
"...la energía que gasté tratando de hacerle comprender a nuestra dirigencia cual es nuestra verdadera posición en el mundo y como deberían plantearse nuestras relaciones internacionales. Yo tuve la suerte de entenderlo en una sola lección, el día que llegué al puerto de Liverpool en 1905. En sus muelles había amarrados más barcos que los que entraban y salían de Venezuela en un año ... Mientras miraba aquella inmensa cantidad de vapores que iban y venían... Me puse a pensar en los discursos inflamados de patriotismo de Cipriano Castro contra el imperialismo inglés y, amén de innecesarios, me parecieron absolutamente irresponsables, risibles, el producto de la más profunda ignorancia."
El portaaviones es una ciudad de 337 metros de largo (más de tres campos de fútbol), se mueve por energía nuclear, lleva al menos 75 aviones y 4660 tripulantes. @NicolasMaduro es hora de partir, o te van a partir.
Quienes hoy, sin argumentos lógicos, aseguran que la caída del chavismo —a la que temen— convertiría a Venezuela en una caótica Libia, Afganistán, Vietnam o Haití, son los mismos que llevan años repitiendo el “ejemplo de Chile” (única transición que, al parecer, conocen), aun cuando la narcotiranía chavista solo se asemeja al pinochetismo en la magnitud de los crímenes de lesa humanidad cometidos.
Jamás entendieron la barbarie roja; pero ahora tampoco entienden a la población venezolana, ni a la situación regional, ni al liderazgo que encabeza un movimiento social transversal que, muy pronto, conducirá al país. O sí lo entienden, pero todo ese miedo que —inútilmente— intentan sembrar no es más que simple propaganda chavista.
Desde luego, la transición deberá afrontar situaciones muy difíciles: desde una economía posguerra hasta grupos irregulares —nacionales y extranjeros— que operan en el país. Y para ello hay planes claros, siempre tomando en cuenta (cosa que los propagandistas nunca mencionan, por supuesto) que no es lo mismo ser un grupo armado bajo protección del Estado que enfrentado por el Estado.
En definitiva: el caos es el chavismo.
Y no existe un solo escenario —ni uno— en el que su permanencia sea mejor, para los venezolanos y para el hemisferio, que su salida. Porque el chavismo —y, en su expresión más corrosiva, el madurismo— nunca fue un proyecto político ni de desarrollo: es una maquinaria de destrucción que solo sabe producir pobreza, éxodo y crimen, exportando inestabilidad al continente. Esa es la raíz de todos los males —económicos, sociales y de seguridad. Todos los males que sufrimos los venezolanos, y muchos que padece el hemisferio, nacen de esa estructura. Por eso, el fin del régimen no es la amenaza: es la única solución.
Una Venezuela libre no será un riesgo: será la mayor oportunidad del hemisferio. Y un ejemplo de cómo vencer al oprobio y a sus colaboradores.
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La investigación de @ArmandoInfo revela una carta oficial de la embajada venezolana en Líbano enviada en 2010 al entonces viceministro Temir Porras (sí, el mismo del mega robo del FONDEN), donde se detallaba cómo un cargamento de cocaína proveniente de Venezuela financiaba a Hezbollah. La droga salía en vuelos de Conviasa con complicidad de autoridades venezolanas y sirias, y fue interceptada en Beirut. El hallazgo, olvidado durante años en los archivos de la Cancillería de Nicolás Maduro, demuestra que el vínculo entre Caracas y Hezbollah no es una conjetura, ni algo nuevo: está documentado.
Esta evidencia confirma que el chavismo no solo es una narcotiranía, sino también un socio operativo de redes terroristas internacionales, que usa el aparato del Estado para traficar drogas, lavar dinero y sostener la violencia global bajo el disfraz de una “revolución antiimperialista”.
Acá la nota:
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✍️🇻🇪 𝐂𝐚𝐫𝐭𝐚 𝐚 𝐦𝐢𝐬 𝐚𝐦𝐢𝐠𝐚𝐬 𝟔𝟎+: 𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐢𝐫 𝐕𝐞𝐧𝐞𝐳𝐮𝐞𝐥𝐚.
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Amigas mías,
mujeres de sesenta y tantos inviernos y veranos, guardianas del fuego doméstico y del fuego público, con las manos tatuadas de vida y la voz amasada por tantas despedidas: la Nueva Venezuela, nuestra Tierra de Gracia, nos llama por nuestros nombres completos, los de niña, los de madre, los de abuela, los de exiliada que aprendió a hacer patria en otro idioma, y nos pide algo simple y descomunal a la vez, que entremos sin pedir permiso, que ocupemos nuestro sitio en la mesa grande donde se reparte el pan y el porvenir, porque lo sabemos, ¡cómo no saberlo!, somos más que necesarias.
Nos educaron a mirar a los ojos, a dar gracias por el plato humeante, a distinguir la mentira como quien reconoce una sombra en la pared, a tender la cama aunque el mundo fuera un torbellino, a aprender los oficios de la decencia: coser una herida con hilo fino, leer entre renglones, escuchar el rumor de la calle y traducirlo en acciones de a centímetro, a sostener una casa con sueldo o sin él y la dignidad al alza, a despedir a los nuestros en aeropuertos con la sonrisa firme y el corazón vuelto un nudo marinero que nunca se suelta del todo; aprendimos, además, a rehacer la vida sobre la mesa de la cocina de otro país, con una taza de café que no era el de antes pero calentaba igual, y unas ganas testarudas de alumbrar el día con lo que hubiera, trabajo, humor, oficio, fe, vecindad aprendida a golpes y a abrazos. También trabajamos décadas, dirigimos equipos, levantamos proyectos, enseñamos oficios y ciencias, negociamos en dos idiomas, hicimos empresa y emprendimiento, y ahora, aún retiradas, conservamos la pericia, las redes y la calma que solo dan los años.
No nos vengan con que la edad es una barrera: la edad es un archivo vivo; en nosotras duerme la receta del pan y la sentencia justa, el olor del libro nuevo del primer día de clases y el silencio obstinado con que se cruzan los desiertos; sabemos, porque lo vivimos, cómo se nombra el miedo para que pierda su filo, cómo se sostiene a una amiga por teléfono en la madrugada, cómo se negocia con la vida cuando las cuentas no alcanzan, cómo se mantiene la esperanza como una lámpara de aceite que nunca se apaga porque cada día recibe una gota de cuidado; sabemos, y ese saber, tan concreto, tan corporal, es capital fundacional para la patria que regresa.
La Nueva Venezuela no será obra de jóvenes solos ni de tecnócratas con sus gráficos impecables ni de discursos redondos que no conocen el barro, será una casa levantada por muchas manos y, en ese andamio que se arma al amanecer, nuestra generación sube ligera, con la memoria por herramienta, con la risa que desarma la soberbia, con el pulso de quien crió hijos en tormenta y aprendió a mirar el horizonte sin pestañear, y con la experiencia serena de haber sostenido a nuestros compañeros cuando el ánimo les pesó como plomo, de haberles dado asiento en nuestra fortaleza mientras les regresaba la esperanza, de haber cuidado en silencio esas tristezas que no saben nombrarse; traemos a la mesa una ciencia silenciosa, la de ordenar el caos sin alboroto, la de convertir un pasillo en escuela, la de abrir bibliotecas en carteras, la de juntar moneditas para el milagro de una beca, la de acompañar al enfermo sin ruido, la de convertir el duelo en compañía.
Me preguntan: “¿Qué puedo hacer yo, que ya me retiré de mi profesión?”, y yo les digo, con la certeza de los años, puedes convertir en obra cada centímetro de tu biografía; puedes apadrinar una maestra con una llamada tierna y una transferencia pequeña pero puntual que se vuelve salvavidas; puedes encender una sala de lectura en tu sala, una alfombra, diez libros, dos adolescentes y un termo de té y allí comenzar el país; puedes ser madrina de una muchacha que necesita una brújula y prestarle la tuya, que está curtida y no falla; puedes hacer de tu WhatsApp una red de auxilio, de tu libreta una lista viva de quién necesita qué, de tus mañanas un taller de oficios pequeños que reparan lo grande, zurcir, ordenar cuentas domésticas, enseñar a tramitar sin humillaciones, traducir papeles, leer en voz alta los derechos humanos; puedes visitar a una abuela sola y convertir su cocina en embajada de la ternura; puedes sembrar un huerto en el patio de la escuela, juntar semillas, regarlas con paciencia y enseñar a esperar; puedes organizar una romería mínima, cinco vecinas y una calle que barrer, para que el barrio o la urbanización recuerden que la belleza también es deber.
Y si aún dudas, mírate las palmas de las manos, tienen líneas como ríos viejos que aprendieron a no desbordarse, y en esas líneas está la cartografía del país posible; recuerda la niña que fuiste, con los zapatos lustrados para el lunes, recuerda la mujer que firmó contratos, que despidió a sus padres, que hizo la maleta para cruzar océanos, que sostuvo a un nieto con fiebre con la serenidad de quien conoce los remedios invisibles; todo eso que sabes es un don y, en este momento de retorno, el don pide servicio, no aplauso.
Propongo, sin membretes ni pompas, una alianza suave y poderosa, cada una elige tres verbos que la representen, cuidar, enseñar, acompañar; cocinar, escuchar, organizar; coser, leer, orientar, y los pesa en la balanza amorosa de sus diez horas al mes; cada una adopta un lugar concreto, una escuela, una calle, un comedor, una capilla, un consultorio, y se ofrece con humildad y constancia, porque las revoluciones verdaderas se hacen con calendarios y cariño; cada una convoca a dos más, y así, como siempre hicimos, de boca en boca, de mesa en mesa, crece la urdimbre que sostendrá el techo común.
Venezuela nos necesita enteras, con nuestras arrugas como condecoraciones, con el cabello blanco como estandarte de luz, con las rodillas que crujen pero avanzan; nos quiere presentes, no como recuerdo de un país que fue, sino como partera del país que nace; y nosotras, que aprendimos a abrir puertas con horquillas, sabemos que no hay cerradura capaz de resistir a una mujer que decidió servir; es hoy, amigas, hoy cuando la patria se acerca, despeinada, cansada, hermosa, y nos pide agua, pan y compañía para el camino.
Levántense, hermanas mías, pónganse el collar de perlas o el delantal de batalla, da lo mismo, ambos brillan, y salgan a la calle con paso de fundadoras; no venimos a pedir un lugar, venimos a abrir la casa, a encender las lámparas, a poner flores en jarras grandes, a repartir manteles y trabajo; la Tierra de Gracia nos estaba esperando, y nosotras llegamos con lo mejor de nuestra vida a cuestas.
Con amor que no se agota y un país entero en el pecho,
Elizabeth
Caracas, 2012. El presidente Chávez presentaba su memoria y cuenta ante la asamblea, cuando una joven diputada intervino para emplazarlo a debatir sobre la situación económica del país. Esa “mosca” ahora es Premio Nobel de la Paz 2025.
🚨EL PERIODISMO NO PUEDE SEGUIR SIENDO CASTIGADO POR INFORMAR
➡️ El SNTP alerta sobre nuevas y graves manifestaciones de censura en circuitos radiales con presencia en todo el país, las cuales han derivado en amenazas y suspensión temporal de periodistas por el abordaje de temas de evidente interés público.
➡️ En esta secuencia de hechos que protestamos, se encuentra la prohibición de referirse al atentado contra dos activistas venezolanos exiliados en Colombia, ocurrido ayer en Bogotá. Antes, habíamos confirmado las represalias contra periodistas tras mencionar en sus espacios el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado.
➡️ Estos hechos constituyen una clara violación a la libertad de expresión, al derecho de todos y todas a estar informadas. Tales decisiones reflejan el avance de una censura que busca borrar de la agenda pública los temas que incomodan al poder.
➡️ El SNTP rechaza toda práctica que imponga vetos, silencie voces o limite la posibilidad de analizar hechos relevantes de la vida nacional. La censura, sea por imposición directa o por miedo a represalias, constituye una forma de violencia contra el periodismo.
➡️ El SNTP reitera su solidaridad con los colegas afectados y ratifica su compromiso en la defensa del ejercicio libre, digno y responsable del periodismo en Venezuela.
Colombia tiene obligaciones de proteger a los solicitantes de refugio.
La @CancilleriaCol ha retrasado por años las aprobaciones de solicitud de refugio, dejando a la gente vulnerable. Su narrativa sobre Venezuela no es firme y no reconoce la gravedad de los crímenes de Estado.
Ni un rechazo a lo ocurrido, ni un anuncio de investigación, ni palabras de ánimo o apoyo a las víctimas. Al contrario, un tuit que busca sembrar dudas sobre lo ocurrido con eso de la “reunión de Cúcuta”, los mafiosos, etc. Lamentable no, lo siguiente!
Hoy, #13Oct, el periodista Carlos Julio Rojas cumple 80 días incomunicado en #ElHelicoide ❌ SIN VISITAS. ❌ SIN FAMILIA. ❌ SIN ABOGADO.
Esto no es justicia, es VIOLACIÓN flagrante de sus #DDHH y del debido proceso. ¡El aislamiento es tortura!
#LibertadParaCarlosJulioRojas
Los hechos no confirman sus palabras, pdte. @petrogustavo
Desde el año pasado advertimos los riesgos que enfrentaban las personas venezolanas que huyeron a 🇨🇴en el contexto pre y postelectoral y la única respuesta ha sido INADMITIR sus solicitudes de visa y demoras en refugio.
El periodista y defensor de derechos humanos, Luis Carlos Díaz pone el dedo en la llaga, especialmente en la reacción de México. 🇲🇽 El mensaje de 'autodeterminación' ignora que Maduro robó una elección con el 70% de votos opositores. 🤫
Es "cruel" y "psicopático" que, por criticar a EE. UU., algunos condenen a Venezuela a más dictadura.
#Venezuela 🇻🇪
#FórmulaNoticias con Juan Pablo Pérez-Díaz (@perezdiazmx). 📻🎙️
Habrá paz en Venezuela, una paz real, no la imposición autoritaria del silencio y el miedo, y en ese momento celebraremos todas las que tenemos pendientes.
Pero el camino hacia allá puede tener momentos extraordinarios, como el anuncio de un Nobel de la Paz para @MariaCorinaYA y su liderazgo. Es tan importante esa dualidad en la que ella dice que el premio es para un movimiento, es para tanta gente que ha trabajado para que haya un cambio, y que el propio vocero de los Nobel le diga que también es suyo, de ella, y que se lo merece.
Se lo dice a una mujer en la clandestinidad, censurada en medios, que tiene más de un año sin abrazar a su familia, que tiene a su equipo de trabajo preso, desaparecido, exiliado o escondido. Que todos los días debe atender un caudal de trabajo global, para coordinar acciones políticas y diplomáticas, y también dramas hiperlocales como los familiares de los presos políticos y las detenciones casi diarias, muchos de ellos sus amigos personales. El terrorismo de Estado no se ha frenado.
Ese momento del "esto es para ti" le da sentido a la palabra 'premio'. Sobre todo porque los noruegos por fin cambiaron el abordaje sobre Venezuela y empezaron a denunciar los crímenes de lesa humanidad y hablan de pasar de una dictadura a una democracia, tras intentar ser los mediadores.
Se lo dicen también a una líder política que ha recibido miserias de otros políticos y actores civiles venezolanos, que intentan borrarla y sacarla del medio. Que la (des)calificaron como radical y violenta, haciéndose coristas del propio chavismo, en su búsqueda por desplazarla para ser una oposición "permitida por el poder". Ese contexto también es importante y por eso son actores interpelados hoy. Su cálculo de autodenominarse "oposición moderada" porque recibe favores del chavismo, no les ha salido.
Este es un Nobel de la Paz para los venezolanos que han hecho todo y más en el campo de la civilidad, lo electoral, la resistencia, la organización y la lucha contra la censura.
Esto es lo más grande que le ha pasado a un ciudadano venezolano en unos 200 años. Pero además es mujer y eso no debe quedar por fuera del relato. Es asombroso el logro con tantas cosas en contra.
Pronto se sumarán otros hitos hasta terminar de derribar nuestro propio Muro de Berlín y hasta que las familias puedan volver, incluida la de María Corina Machado y todos los que han apoyado la lucha democrática en Venezuela.
"Habrá fiesta en mi calle con faroles encendidos", diría Henry Martínez, y dijo bien.
NO es momento de autocensurarse, pese a la persecución feroz les llegó la hora. Hay que sacar del alma tanto dolor y arrechera. Ya se ve la luz, reina al fin ante nuestro Avila amado. La fe sí mueve montañas