Una presentadora multimillonaria exige a Elon Musk que done su fortuna... Quedo destrozada con la respuesta que le dieron.
«¿Qué hace Elon Musk con su dinero? Va a ser trillonario. Podría salvar países enteros. ¿Lo va a hacer? No. ¿Es que crees que vas a vivir para siempre, Elon?
—Un par de apuntes, Joy. Menos del 0,1% del patrimonio de Elon es dinero en el banco. El 99,9% restante son acciones y propiedad de sus empresas: SpaceX, Tesla y otras.
Esas empresas han creado más de 160.000 empleos directos, 600.000 indirectos y 500.000 más inducidos. Al menos 1 millón de personas en el mundo ponen pan en su mesa gracias a ellas.
Tú, en cambio, tienes 30 millones de dólares. No has creado empleos. Y casi todo tu dinero está listo para gastarse.
¿Vas a vivir para siempre, Joy? ¿Por qué no regalas TÚ tu dinero? Con un tercio podrías alimentar a 3.000 personas un año entero.
¿Cuándo empieza tu donación?»
@Tinojaramillo@Libertankcol Y, pensando en de Soto, si tengo una casa digamos en Ayapel que me ayudó a comprar el alcalde de turno, sobre la que me podrían prestar para un proyecto productivo, ¿me interesa formalizar? ¿que me la escrituren y me cobren un impuesto que ahora no pago?
@Tinojaramillo@Libertankcol Por eso pense que te habían robado la cuenta “Never, ever, think about something else when you should be thinking about the power of incentives.”
— Ch. Munger
¿Me interesará que mi propiedad produzca más, aún cuando me cobrarán por lo que produce y por el mayor valor que tendrá?
@Tinojaramillo Pues te recomiendo leer "El Misterio del Capital" de Hernando de Soto en 2026. Ya que un libro te hizo desviarte del camino de la libertad
A 24 horas de la primera vuelta. Comparto un hilo con algunas ideas para Enriquecer a Colombia:
1. Limitar el Estado no es solo adelgazarlo.
Recortar burócratas es cosmética contable. Limitar el Estado es castrar su capacidad de interferir en la vida privada.
Un gobierno puede tener pocos ministerios y, aun así, controlar los precios, asfixiar la iniciativa privada y dictar cómo debes vivir.
La pregunta relevante no es cuánto nos cuesta el aparato estatal, sino hasta dónde llega su capacidad coercitiva.
Un Estado eficiente en lo malo es doblemente peligroso.
El verdadero debate no es sobre el tamaño del Leviatán, sino sobre sus límites constitucionales.
Este video de Petro diciendo que hay que subir sustancialmente el predial es oro puro.
Hay que descargarlo, difundirlo y hacerlo viral. Los políticos de oposición también deberían moverlo, reaccionar y convertirlo en tema nacional.
La mera existencia del salario mínimo era una bomba de tiempo. La negociación anual consistía de una farsa en la que empresarios enchufados + gobierno fijaban precios con la oligarquía sindical, a costa de empresarios emergentes, del ~ 50% de informales y de los más pobres (sin acceso al mercado formal). Eventualmente llegaría al gobierno un Petro, que cambia la ecuación a empresarios enchufados vs. gobierno + oligarquía sindical, donde en realidad los empresarios enchufados no tienen ni voz ni voto (situación actual). Por ello, entre otras razones, llevo años diciendo que los políticos del establecimiento + empresaurios son buena parte del problema, y que juntos conducirían a la izquierda chavista en el poder (no olvidar que Duque subió el salario mínimo un 10 % en 2021; Petro sólo magnifica su ejemplo). Pero me decían radical por ofrecer una alternativa liberal-libertaria. En realidad, lo radical es la situación de hoy, con el país al borde de la quiebra. El timonazo necesario para el 2026 es fuerte, pero no imposible. Aún sigo optimista con Colombia.
Hoy es un buen día para recordar el gran texto de Bastiat, que retrata perfecto esta discusión. Vale la pena leerlo completo.
PETICIÓN de los fabricantes de candelas, velas, lámparas, candeleros, faroles, apagavelas, apagadores y productores de sebo, aceite, resina, alcohol y generalmente de todo lo que concierne al alumbrado
A los señores miembros de la Cámara de Diputados
Señores:
Ustedes están en el buen camino. Rechazan las teorías abstractas; la abundancia y el buen mercado les impresionan poco. Se preocupan sobre todo por la suerte del productor. Ustedes le quieren liberar de la competencia exterior; en una palabra, ustedes le reservan el mercado nacional al trabajo nacional.
Venimos a ofrecerles a Ustedes una maravillosa ocasión para aplicar su... ¿Cómo diríamos? ¿Su teoría? No, nada es más engañoso que la teoría. ¿Su doctrina? ¿Su sistema? ¿Su principio? Pero Ustedes no aman las doctrinas, Ustedes tienen horror a los sistemas y, en cuanto a los principios, declaran que no existen en economía social; diremos por tanto su práctica, su práctica sin teoría y sin principios.
Nosotros sufrimos la intolerable competencia de un rival extranjero colocado, por lo que parece, en unas condiciones tan superiores a las nuestras en la producción de la luz que inunda nuestro mercado nacional a un precio fabulosamente reducido; porque, inmediatamente después de que él sale, nuestras ventas cesan, todos los consumidores se vuelven a él y una rama de la industria francesa, cuyas ramificaciones son innumerables, es colocada de golpe en el estancamiento más completo. Este rival, que no es otro que el sol, nos hace una guerra tan encarnizada que sospechamos que nos ha sido suscitado por la pérfida Albión (¡buena diplomacia para los tiempos que corren!) en vista de que tiene por esta isla orgullosa consideraciones de las que se exime respecto a nosotros.
Demandamos que Ustedes tengan el agrado de hacer una ley que ordene el cierre de todas las ventanas, tragaluces, pantallas, contraventanas, póstigos, cortinas, cuarterones, claraboyas, persianas, en una palabra, de todas las aberturas, huecos, hendiduras y fisuras por las que la luz del sol tiene la costumbre de penetrar en las casa, en perjuicio de las bellas industrias con las que nos jactamos de haber dotado al país, pues sería ingratitud abandonarnos hoy en una lucha así de desigual.
Quieran los señores Diputados no tomar nuestra petición como una sátira y no rechazarla sin al menos escuchar las razones que tenemos que hacer valer para apoyarla.
Primero, si Ustedes cierran tanto como sea posible todo acceso a la luz natural, si Ustedes crearan así la necesidad de luz artificial, ¿cuál es en Francia la industria que, de una en una, no sería estimulada?
Si se consume más sebo, serán necesarios más bueyes y carneros y, en consecuencia, se querrá multiplicar los prados artificiales, la carne, la lana, el cuero y sobre todo los abonos, base de toda la riqueza agrícola.
Si se consume más aceite, se querrá extender el cultivo de la adormidera, del olivo, de la colza. Estas plantas ricas y agotadoras del suelo vendrían a propósito para sacar ganancias de esta fertilidad que la cría de las bestias ha comunicado a nuestro territorio.
Nuestros páramos se cubrirán de árboles resinosos. Numerosos enjambres de abejas concentrarán en nuestras montañas tesoros perfumados que se evaporan hoy sin utilidad, como las flores de las que emanan. No habría por tanto una rama de la agricultura que no tuviera un gran desarrollo.
Lo mismo sucede con la navegación: millares de buques irán a la pesca de la ballena y dentro de poco tiempo tendremos una marina capaz de defender el honor de Francia y de responder a la patriótica susceptibilidad de los peticionarios firmantes, mercaderes de candelas, etc.
¿Pero qué diremos de los artículos París? Vean las doraduras, los bronces, los cristales en candeleros, en lámparas, en arañas, en candelabros, brillar en espaciosos almacenes comparados con lo que hoy no son más que tiendas.
No hay pobre resinero, en la cumbre de su duna, o triste minero, en el fondo de su negra galería, que no vean aumentados su salario y su bienestar.
Quieran reflexionarlo, señores, y quedarán convencidos que no puede haber un francés, desde opulento accionista de Anzin hasta el más humilde vendedor de fósforos, a quien el éxito de nuestra demanda no mejore su condición.
Prevemos sus objeciones, señores; pero Ustedes no nos opondrán una sola que no hayan recogido en los libros usados por los partidarios de la libertad comercial. Osamos desafiarlos a pronunciar una palabra contra nosotros que no se regrese al instante contra Ustedes mismos y contra el principio que dirige toda su política.
¿Nos dirán que, si ganamos esta protección, Francia no ganará nada porque el consumidor hará los gastos?
Les responderemos:
Ustedes no tienen el derecho de invocar los intereses del consumidor. Cuando se les ha encontrado opuestos al productor, en todas las circunstancias los han sacrificado. Ustedes lo han hecho para estimular el trabajo, para acrecentar el campo de trabajo. Por el mismo motivo, lo deben hacer todavía.
Ustedes mismos han salido al encuentro de la objeción cuando han dicho: el consumidor está interesado en la libre introducción del hierro, de la hulla, del ajonjolí, del trigo y de las telas. - Sí, dijeron Ustedes, pero el productor está interesado en su exclusión. - Y bien, si los consumidores están interesados en la admisión de la luz natural, los productores lo están en su prohibición.
Pero, dirán Ustedes todavía, el productor y el consumidor no son más que uno solo. Si el fabricante gana por la protección, hará ganar al agricultor. Si la agricultura prospera, abrirá mercado a las fábricas. - ¡Y bien! Si nos confieren el monopolio del alumbrado durante el día, primero compraremos mucho sebo, carbón, aceite, resinas, cera, alcohol, plata, hierro, bronces, cristales, para alimentar nuestra industria y, además, nosotros y nuestros numerosos abastecedores nos haremos ricos, consumiremos mucho y esparciremos bienestar en todas las ramas del trabajo nacional.
¿Dirán Ustedes que la luz del sol es un don gratuito y que rechazar los dones gratuitos sería rechazar la riqueza misma bajo el pretexto de estimular los medios para adquirirla?
Pero pongan atención a que Ustedes llevan la muerte en el corazón de su política; pongan atención a que hasta aquí ustedes han rechazado siempre el producto extranjero porque él se aproxima a ser don gratuito y precisamente porque se aproxima a ser don gratuito. Para cumplir las exigencias de otros monopolizadores, Ustedes tenían un semi-motivo; para acoger nuestra demanda, Ustedes tienen un motivo completo y rechazarnos precisamente por usar el fundamento de Ustedes mismos sobre el que nos hemos fundamentado más que los demás sería formular la ecuación + x + = -; en otros términos, sería amontonar absurdo sobre absurdo.
El trabajo y la naturaleza concurren en proporciones diversas, según los países y los climas, a la creación de un producto. La parte que pone la naturaleza es siempre gratuita; la parte del trabajo es la que le da valor y por la que se paga.
Si una naranja de Lisboa se vende a mitad de precio que una naranja de París es porque el calor natural y por consecuencia gratuito hace por una lo que la otra debe a un calor artificial y por tanto costoso.
Luego, cuando una naranja nos llega de Portugal, se puede decir que nos ha sido dada la mitad gratuitamente, la mitad a título oneroso o, en otros términos, a mitad de precio en relación con aquella de París.
Ahora bien, es precisamente esta semi-gratuidad (perdón por la palabra) lo que Ustedes alegan para excluirla. Ustedes dicen: ¿Cómo el trabajo nacional podría soportar la competencia del trabajo extranjero cuando aquél tiene que hacer todo y éste no cumple más que la mitad de la tarea, pues el sol se encarga del resto? Pero si la semi-gratuidad les decide a rechazar la competencia, ¿cómo la gratuidad entera les llevará a admitir la competencia? O no son lógicos o deberían rechazar la semi-gratuidad como dañina a nuestro trabajo nacional, rechazar a fortiori y con el doble más de celo la gratuidad entera.
Otra vez, cuando un producto, hulla, hierro, trigo o tela, nos viene de fuera y podemos adquirirlo con menos trabajo que si lo hiciéramos nosotros mismos, la diferencia es un don gratuito que se nos confiere. Este don es más o menos considerable conforme la diferencia sea más o menos grande. Es de un cuarto, la mitad o tres cuartos del valor del producto si el extranjero no nos pide más que tres cuartos, la mitad o un cuarto del pago. Es tan completo como podría ser cuando el donador, como hace el sol por la luz, no nos pide nada. La cuestión, lo postulamos formalmente, es saber si Ustedes quieren para Francia el beneficio del consumo gratuito o las pretendidas ventajas de la producción onerosa. Escojan, pero sean lógicos; porque, en tanto que Ustedes rechacen, como lo han hecho, la hulla, el hierro, el trigo y los tejidos extranjeros en la proporción en que su precio se aproxima a cero, qué inconsecuente sería admitir la luz del sol, cuyo precio es cero durante todo el día.
La publicación de Mauricio Cárdenas es mala… pero el programa Mi Casa Ya es peor.
Lo que dijo Cárdenas fue populista. Pero el verdadero problema no es su video, es el programa.
Mi Casa Ya no soluciona el déficit de vivienda. Lo agrava. Lo explico:
1. El Estado subsidia la tasa de interés.
Con plata de todos, cubre parte de los intereses que el banco debería cobrar al comprador. Eso falsifica el precio del dinero y manda señales equivocadas al mercado.
2. Aumenta artificialmente el precio de la vivienda.
Más compradores con crédito barato persiguiendo el mismo número de viviendas → los precios suben.
3. Convierte la vivienda en herramienta política. Los cupos se reparten desde el poder. Cada elección, un nuevo “plan de vivienda”. Clientelismo hipotecario.
4. Castiga el ahorro y premia el endeudamiento.
El mensaje moral es claro: no ahorre, endeúdese, que el Estado paga la tasa. Se destruye la prudencia y se alimenta la dependencia.
5. Desordena el mercado de la construcción.
Todos los proyectos se diseñan para calzar los topes VIS/VIP, no para responder a lo que el mercado necesita.
6. Genera inestabilidad cíclica.
Cuando hay subsidio, el sector explota; cuando se acaba, se desploma. Un mercado pendiendo del presupuesto.
7. Distorsiona el valor del suelo.
El suelo VIS se infla porque los constructores saben exactamente cuánto pueden cobrar sin perder el subsidio.
8. Traslada el riesgo al contribuyente.
Si suben las tasas o las familias no pueden pagar, el costo lo asume el Estado. Privatizan la ganancia, socializan la pérdida.
9. Es fiscalmente insostenible.
Cada año cuesta más mantener los subsidios activos. Es una deuda pública disfrazada de ayuda social.
¿Qué debería hacerse?
1. Liberar la oferta de vivienda.
Menos trámites, licencias rápidas y flexibles, más suelo disponible y menos cargas urbanísticas.
2. Disminuir impuestos a la compra.
Eliminar la retención en la fuente y reducir el IVA a los insumos de construcción.
3. Bajar los costos de transacción.
Eliminar las notarías —reliquia medieval— y digitalizar completamente la compraventa y la escrituración.
4. Competencia y libertad.
La tasa debe bajar por productividad, no por subsidio.
El crédito debe ser resultado del ahorro, no del favor político.
Mi Casa Ya no hace viviendas más baratas, las hace más caras.
No crea propietarios, crea deudores del Estado.
Acá están la mentalidad (déficit crónico), la práctica (subsidios por votos) y el estilo (derroche justificado como "política pública" tecnocrática) que condujeron a la elección de Petro en primer lugar. Y estos son los anti-populistas.