Emilio Macías, lamento que un toro te haya cornado mientras lo torturabas y lo matabas con el estoque.
Espero tu pronta recuperación, que esto te ayude a entender el dolor que sienten los animales y lo innecesarias que son estas actividades que atentan incluso contra la dignidad humana.
Los adultos no somos más que niños que hemos aprendido a esconder nuestras lágrimas. Seguimos deseando lo que no tenemos y tememos lo que no conocemos, pero hemos perdido la valentía de expresarlo. Tal vez lo que necesitamos es reconectar con ese coraje infantil, que nos permitía llorar y pedir ayuda sin vergüenza, y desear sin miedo.