Durante años nos vendieron un relato: que Messi era un Dios del futbol. Que todo lo que ganó con el Barça, sus Balones de Oro y sus títulos con Argentina eran consecuencia exclusiva de su supuesto talento divino. Construyeron la imagen del futbolista perfecto: noble, humilde, intocable y merecedor de absolutamente todo.
Pero ese relato empezó a desmoronarse con el caso Negreira. Durante más de una década, el Barcelona realizó pagos por supuestas asesorías arbitrales a quien era vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. Esa sombra inevitablemente alcanza los títulos de aquella etapa y también una parte de los números que inflaron el mito de Messi.
Después llegaron los Balones de Oro, donde los criterios cambiaban según conviniera para premiarlo.
En 2010 se impusieron las estadísticas individuales por encima de los títulos y de las extraordinarias temporadas de Xavi, Iniesta y Sneijder.
Y ni siquiera puede ignorarse que su primer Balón de Oro, en 2009, llega después del escandaloso arbitraje de Stamford Bridge, una de las mayores polémicas de la historia reciente del futbol.
Los Balones de Oro de 2011, 2012 y 2015, para mí, fueron merecidos.
Pero en 2019 volvió la polémica. Messi terminó llevándose el premio prácticamente por ser el máximo goleador de LaLiga, mientras Virgil van Dijk completó una temporada extraordinaria con el Liverpool, conquistando Europa y siendo el mejor defensor del mundo.
En 2021, el Balón de Oro debió ser para Robert Lewandowski, que venía de romper todos los registros con el Bayern. El gran argumento para premiar a Messi fue la Copa América.
Y en 2023 la contradicción fue todavía mayor. El Mundial pasó a ser el criterio absoluto para entregarle otro Balón de Oro, mientras Erling Haaland firmó una temporada histórica ganándolo prácticamente todo con el Manchester City y Kylian Mbappé también tuvo números extraordinarios. Curiosamente, lo que en 2010 no importó —los títulos colectivos— ahora sí era determinante. Los criterios cambiaban según el ganador.
Con Argentina también hubo un antes y un después.
Antes de 2021, una enorme parte de la propia afición argentina señalaba a Messi como un “pecho frío”, incapaz de aparecer en los momentos decisivos. Luego vinieron su renuncia a la selección, sus acusaciones contra la CONMEBOL por supuestos favoritismos hacia Brasil y, llamativamente, comenzaron a aparecer decisiones arbitrales que constantemente terminaban beneficiándolo.
También resulta difícil ignorar que la Copa América pasó de disputarse cada cuatro años a celebrarse cinco veces en apenas una década, hasta que finalmente Messi pudo levantar el trofeo.
En 2022, Louis van Gaal dejó una frase que dio la vuelta al mundo: que querían hacer campeón a Messi y que algún día la verdad saldría a la luz.
Y, guste o no, ese proceso ya comenzó.
Cada vez son más las personas, incluso fuera del futbol, que dejan de ver a Messi como un héroe intocable y empiezan a verlo como un futbolista al que el sistema protegió y benefició hasta niveles difíciles de justificar. Como un producto construido alrededor de intereses deportivos, políticos y comerciales. Como la gran figura que la FIFA decidió convertir en leyenda.
Y eso, inevitablemente, termina manchando su legado.
Por eso yo nunca compraré el relato del “GOAT”.
Durante toda mi vida voy a combatir esa narrativa. Para mí, Messi fue un genio con el balón, nadie puede negar su talento. Pero también fue un futbolista cuyo legado quedó marcado por Negreira, por decisiones arbitrales polémicas, por criterios cambiantes en los premios individuales y por un sistema que, demasiadas veces, jugó a su favor.
En mi historia no será el mejor futbolista de todos los tiempos.
Será recordado como el Falso Mesías: un genio, sí, pero también una figura cuyo mito, en opinión de millones, fue construido, beneficiado y protegido por el sistema.
@hispano_studies Makes sense to explain brazilian downfall but not too much to why the football of a mainly catholic country like México doesn’t succeed.
@hhjimenez Te muestro lo que le regalaron a mi novia afuera del estadio por ir con la de Túnez: dulces típicos y carne seca con saludo en árabe. Los regios fueron más amables con ella que los propios tunesinos que la veían feo por no venir cubierta hasta los dientes. Solitos se abrieron.
@InvictosSomos@Andresortizo4 “Evaluación futbolística global”, ¿de qué hablas? Siempre de porrista sensacionalista: Messi es el mejor jugador contemporáneo sin duda, pero en verdad no entiendo cómo con su una copa del mundo y todas las ayudas que recibe, son capaces de sentarlo en la misma mesa de O Rei…
El mundial en México es como ese capítulo de Bob Esponja donde hace una fiesta en su casa pero él se queda afuera, todos disfrutan menos él y encima se lo lleva la policia por tratar de entrar a su propio hogar.
Fíjense el discurso doble rasero:
Por un lado “el estado no actúa y permite que la CNTE y los que protestan, secuestren la ciudad”.
Por el otro “el estado reprime y priva a los normalistas de ejercer su derecho a la libre manifestación”.
Por fin, defínanse…
Ojalá Efraín durara 20 años en el equipo pero siento que su proceso puede terminar tan pronto como si queda campeón el domingo. Yo ya tengo en mente su sustituto. Tenemos una asignatura pendiente.
Qué mágico sería terminar la sequía de 15 años en una final contra Cruz Azul y en CU. Qué infierno sería extender la sequía y perder una final contra Cruz Azul y en CU.