Quienes hoy celebran y dan la bienvenida a Juan Orlando Hernández están contribuyendo a la condena de Honduras.
Sepan que festejan el regreso de un convicto cuya corrupción y vínculos con el narcotráfico costaron miles de vidas hondureñas y agravaron el subdesarrollo del país.
La comunidad garífuna denuncia que Erick Prince junto a hombres armados quieren desalojarlos de sus tierras ancestrales.
La presencia de una empresa mercenaria estadounidense, que combate en Ucrania y Medio Oriente, y camina desalojando y amedrentando al pueblo garífuna debería de alarmar a todos los operadores de justicia y policiales.
En videos se muestra una tímida acción policial en una escena flagrante del crimen. Esto promueve la impunidad criminal y deja en total abandono a las comunidades ancestrales garífunas. De lo contrario, bajo la vista del Estado se están impulsando grupos paramilitares que aterrorizan y matan, y controlan las tierras productivas y turísticas.
Honduras es tierra de paz. Dejen de traer mercenarios internacionales de exterminio a donde habita la poderosa y rica cultura garífuna sobre bellas playas de arena blanca.
Es responsabilidad del Estado revelar la identidad de la banda armada que amenazó a los garífunas de Tornabé. Quisiéramos que fuese mentiras que el Estado de Honduras está operando con empresas contratistas en guerras.
La prioridad Estatal debería ser cumplir con las sentencias de la Corte IDH a favor de las comunidades garífunas.
Un día como hoy, 13 de julio, en la #HistoriadeHonduras
🇭🇳 1991. Es secuestrada, violada y asesinada la estudiante normalista Riccy Mabel Martínez, por el coronel Ángel Castillo Maradiaga y el sargento Santos Olivares Funes, ambos miembros activos de las Fuerzas Armadas de Honduras al momento de los hechos.
Este crimen ocurrió en un contexto de fuerte militarización en Honduras durante la década de 1980 y principios de los 90, cuando las Fuerzas Armadas ejercían un poder desproporcionado en la vida política y social del país, actuando con frecuencia como un "Estado dentro del Estado". La impunidad era la norma y los abusos de poder por parte de uniformados rara vez eran investigados o sancionados.
El asesinato de Riccy Mabel, rompió ese manto de silencio. La indignación popular fue masiva y las protestas estudiantiles y sindicales paralizaron el país, exigiendo justicia y el fin de la impunidad militar.
Fue un parteaguas en la conciencia social hondureña y uno de los primeros casos en los que se visibilizó el feminicidio como un problema estructural.
El único testigo presencial en el juicio, Esteban Aguilar, apareció muerto en extrañas circunstancias semanas después de declarar, lo que reforzó las sospechas de encubrimiento y amenazas contra quienes osaban señalar a los perpetradores.
Pese a las presiones, los responsables fueron condenados, aunque con penas reducidas y beneficiados posteriormente por figuras legales que acortaron su estancia en prisión, dejando una herida abierta en la memoria histórica del país.
¡No más feminicidios en Honduras!
Cuando Luis Redondo asistía a los partidos de la selección hondureña, los medios lo atacan 3 días. Zambrano va a ver a Argentina en un mundial, y los medios le limpian la cara. La publicidad se vende por rating, no debería vender el criterio periodístico.