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Parpadeó repetidamente, intentando procesar el abrazo antes de corresponderlo con cierta torpeza, rodeándolo lentamente con los brazos.
——Debo admitir que tiene un lado adorable... —— susurró, dándole unas suaves palmadas en la espalda.
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— Pues igual ya me acostumbre, sean las sobras o no, ya ni modo, ya me acostumbraste.
No pudo evitar reir, yendo a darle un abrazo por el regalito que le había dado, así no moriría de hambre.
—— Suele suceder si eres profesor suplente, se lo debo a un buen amigo. Estuvo bastante entretenido la verdad, gracias por los buenos deseos. ¿Puedo saber a qué se debe tal felicidad, a dormir bien? De ser así, me alegro por ti, a veces es muy necesario.
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—— Yo conozco una muy buena, que acaba de reabrir sus puertas con un nuevo jefe.
Dijo con orgullo, inflando el pecho para asegurarse de que pudiera ver el logo de la pastelería bordado en su uniforme.
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Le tendió una pequeña bolsita adornada con un lazo rojo, en cuyo interior descansaban unas galletas caseras.
—— No es que quiera dárselas... Me sobraron.
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‘seguramente te pediré más; adoro los dulces’
menciona con la sonrisa aún formada en el rostro; a cambio de la galleta y de su mismo bolsillo le entrega un pequeño chocolate en su envoltura azul brillante.
‘muchísimas gracias, corazón’
toma la galleta, sonriendo por supuesto aunque la pone sobre su pañuelo, guardándole en su bolsillo.
‘la comeré con mi café’
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Sacó de su bolso una pequeña bolsita con galletas de chispas de chocolate y la sostuvo entre sus manos por un instante antes de extenderla hacia él.
—— Para usted.
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