─ Intento conocer un poco el lugar.
Respondió con una leve sonrisa, retirando su mano.
─ Después de estar cuatro años sin salir de cuatro paredes, creo que merezco una recompensa.
Bromeó con una pequeña y fina carcajada.
Al notar su personalidad abierta al diálogo, él también sonrió, dejando a entrever su reluciente dentadura.
Depositó un cálido beso en el dorso de su mano y luego volvió a tomar una respetuosa distancia.
—Es un placer conocerte, Pam. ¿Qué haces por acá tan sola?