In 1945 the USS Indianapolis secretly delivered the parts for the atomic bomb that would hit Hiroshima.
Days later, mission done, a Japanese submarine put two torpedoes into her. She sank in 12 minutes.
Nearly 900 men made it off the ship alive and into the open ocean. Then it got worse.
No one knew they were missing. Three separate Navy stations picked up the distress signals and every one of them ignored it. One officer thought it was a Japanese trap. Another had ordered not to be disturbed.
So the men floated. For almost five days. No food, no fresh water, burning by day and freezing at night. Some drank seawater and went insane. And the whole time, the sharks were circling and feeding. It is considered the worst shark attack in human history.
When rescue finally came by accident, only 316 of the nearly 1,200 crew were still alive.
The Navy needed someone to blame for the disaster. They chose Captain Charles McVay, one of the men who survived it. He became the only U.S. captain in the entire war to be court-martialed for losing his ship to the enemy.
At his trial the Navy did something almost unheard of. They brought in the Japanese commander who sank the ship to testify against him. Instead, the enemy captain told the court that zigzagging would have made no difference and that McVay did nothing wrong.
They convicted him anyway.
For years afterward McVay got hate mail from the families of the dead. Some sent letters every Christmas telling him he murdered their sons. In 1968 he walked onto his front lawn and shot himself, holding a toy sailor he had kept since he was a boy.
Case closed. For fifty years.
Then in 1996 an 11-year-old named Hunter Scott watched Jaws with his dad and got hooked on the 30 second speech about the Indianapolis. He made it his sixth grade history project.
He tracked down and interviewed nearly 150 survivors. He dug through more than 800 documents. And buried in there he found what the Navy had left out, including that they knew enemy subs were operating right on the ship's route and never warned McVay.
A kid's school project turned into a national story. It reached Congress. In 2000 lawmakers passed a resolution clearing McVay's name and President Clinton signed it. The Navy officially cleared his record in 2001.
The captain the Navy spent decades blaming was finally exonerated by a sixth grader.
Hunter Scott grew up and became a naval flight officer.
Borges y Cortázar.
F.S. ¿Le agradaban los cuentos fantásticos de Julio Cortázar?
J.L.B. Sí, me agradaban, y ocurrió un pequeño episodio... ¿Se lo he contado ya?
F.S. No.
J.L.B. Yo me encontré con Cortázar en París, en casa de Néstor Ibarra. Él me dijo: "¿Usted se acuerda de lo que nos pasó aquella tarde en la diagonal Norte?" "No", le dije yo. Entonces él me dijo: "Yo le llevé a usted un manuscrito. Usted me dijo que volviera al cabo de una semana, y que usted me diría lo que pensaba del manuscrito".
Yo dirigía entonces una revista, los Anales de Buenos Aires (una revista ahora indebidamente olvidada), que pertenecía a la señora Sara de Ortiz Basualdo, y él me llevó un cuento, Casa tomada; al cabo de una semana volvió. Me pidió mi opinión, y yo le dije: "En lugar de darle mi opinión, voy a decirle dos cosas: una, que el cuento está en la imprenta, y dentro de unos días tendremos las pruebas; y otra, que ya le he encargado las ilustraciones a mi hermana Norah". Pero, en esa ocasión, en París, Cortázar me dijo: "Lo que yo quería recordarle también es que ése fue el primer texto que yo publiqué en mi patria cuando nadie me conocía".
Y yo me sentí muy orgulloso de haber sido el primero que publicó un texto de Julio Cortázar. Y luego nos vimos un par de veces en la Unesco, donde él trabaja. Él está casado —o estaba casado— con la hermana38 de un querido amigo mío, Francisco Luis Bernárdez (otro poeta que hubiera debido mencionar, y que no he mencionado porque la memoria suele fallarme: yo admiro a muchos escritores...). Bueno, como le decía, nos vimos creo que dos o tres veces en la vida, y, desde entonces, él está en París, yo estoy en Buenos Aires; creo que profesamos credos políticos bastante distintos: pero pienso que, al fin y al cabo, las opiniones son lo más superficial que hay en alguien; y además a mí los cuentos fantásticos de Cortázar me gustan. Me gustan más que las novelas suyas: creo que en las novelas él se ha dedicado demasiado al mero experimento literario, a ese experimento del que no diré que inventó, pero del cual abusó William Faulkner y que se encuentra también en Virginia Woolf: el hecho de invertir el orden cronológico en la narración —que me parece el orden natural— y de contar las historias barajando un poco el orden en que ocurren los hechos.
Pero aquí pienso (lo que sin duda se ha dicho también) que eso es lo que ocurre deliberadamente en todo relato policial. Porque realmente un relato policial empieza por el último capítulo, y todo el libro ha sido hecho para llegar al último capítulo, lo cual condice con la estética de Poe, inventor del género policial, que dijo que un cuento debía escribirse para la última línea. Eso, desde luego, puede producir cuentos admirables, pero, al mismo tiempo, a la larga, tiene algo de trampa. Creo que pueden escribirse cuentos que no estén escritos para la última línea. En todo caso, no sé si antes de Poe, o antes de Hawthorne quizá, alguien intentó ese tipo de cuento: pero creo que pueden escribirse cuentos que sean continuamente agradables, continuamente emocionantes y que no nos lleven a una última línea de mero asombro o de mero desconcierto.
@niklaus2009 Jajajaja, los residentes de ahora, son como estar viendo un capítulo de Benny Hill en vivo, están bien ñetas y se creen que son el mismísimo Guytton. Pónganse estudiar mis animalitos fantásticos del bosque. 🤪