@MartinGRozada Martín, qué curioso que ahora ya nadie diga que la pobreza está mal medida, no? No lo digo por vos sino por algunos que te citan. Saludos.
@Dispatch_Graph@failedengine It is mandatory in most big companies as expected delivery times have changed and have become much faster and are impossible to meet without Claude/AI.
@eedugr Hawking y Einstein tienen grandes libros de divulgación, pero fuera de eso coincido, sobre todo en sociales. Sino preguntale a un PhD en historia qué opina de Pigna o a un gran economista qué opina de Piketty o similares.
The Myth of “Love Learning”
People often ask me how to get better at chess. My answer is almost the opposite of what people expect.
You don’t have to love learning.
In fact, if you wait until you love the process, you’ll probably never become very good.
We romanticize improvement. We imagine great players waking up excited to study endgames, analyze losses, or memorize opening lines. Sometimes that’s true. Most of the time it isn’t.
Improvement is often boring.
The difference between an amateur and a professional isn’t that the professional enjoys every minute. It’s that they keep going when they don’t.
People say children are fearless learners. I’m not so sure.
Children quit things constantly. Piano. Swimming. Languages. Football. Chess. They usually continue only because someone else insists they do. Parents. Teachers. Coaches.
Discipline often comes before passion, not after.
The same is true for adults.
We tell people to “follow your curiosity.” That’s wonderful advice if curiosity happens to last. Usually it doesn’t.
Every meaningful skill has a point where curiosity runs out and routine takes over.
That’s where improvement actually begins.
Chess certainly did not always feel like play to me.
There were tournaments where the last thing I wanted to do after six hours of defending a miserable endgame was analyze another five hours.
There were openings I studied not because they fascinated me, but because my opponents forced me to.
There were positions I analyzed simply because they were objectively important.
Not because they were fun.
Because they needed to be done.
People often criticize schools for asking the wrong questions.
But there’s another side to that story.
If everyone only studied the questions they found interesting, most people would develop huge blind spots.
Sometimes someone else knows what you need to learn before you do.
Nobody is naturally curious about tax law before becoming an accountant. Or anatomy before becoming a surgeon. Or rook endings before losing enough of them.
External structure isn’t always the enemy of learning.
Often it’s the bridge that gets you to the point where genuine curiosity develops.
The biggest obstacle isn’t fear of looking stupid.
It’s our addiction to doing only what feels rewarding today.
Modern life gives us endless opportunities to switch the moment something becomes difficult.
A new opening.
A new productivity system.
A new app.
A new hobby.
Very few people simply keep doing the same useful thing for years.
That’s the superpower.
So when people ask how to improve at chess, I don’t tell them to fall in love with learning.
Love helps.
Curiosity helps.
Being willing to fail helps.
But none of those are reliable.
Build habits that survive the days when none of those feelings are there.
Because mastery isn’t built on motivation.
It’s built on showing up after motivation has left the room.
Súper recomendado este paper publicado recientemente:
F. García-Belenguer, Alex Horenstein y Manuel Santos evalúan el crecimiento potencial de Argentina bajo el plan de estabilización y reformas del Presidente Milei según distintos escenarios.
🧵Hilo con los puntos destacados:
@sixtocristiani Despreciás algo que no entendés. La matemática es una herramienta, negarla en un campo de estudio para el cual se presta fácilmente ya que depende de cantidades objetivamente observables es de una estupidez supina.
¿Son realmente malos los monopolios? - Papers para no economistas
Cuando estudiamos microeconomía (y a veces también macro), nos enseñan algo como una verdad casi divina: la competencia perfecta produce el máximo bienestar social total. Por definición, en ese esquema el precio se iguala al costo marginal; si subís un centavo, nadie te compra y le compran a tu competidor.
Pero acá viene la pregunta incómoda: ¿dónde está entonces el incentivo a invertir? Y sobre todas las cosas, ¿dónde está el incentivo a arriesgar miles de millones para crear el nuevo Tesla, el nuevo iPhone o la nueva Nvidia?
Sabemos que la inversión es la madre del crecimiento económico. Sin beneficios extraordinarios, no hay incentivos para invertir más de cierto punto, por lo que el supuesto "óptimo social" de la competencia perfecta nos dejaría atrapados en una economía estática, que no crece y se estanca.
Ahí es donde entran Philippe Aghion y Peter Howitt, flamantes ganadores del Premio Nobel de Economía en 2025. En su célebre paper de 1992, nos explicaron que, en un análisis dinámico (es decir, a lo largo del tiempo y no en un momento único), los monopolios no solo no son malos: son el motor del crecimiento.
Aghion y Howitt plantean un mundo en el que el incentivo a innovar está en la búsqueda de monopolizar el mercado de un bien para obtener rentas extraordinarias, y este incentivo es el que hace que se lleve adelante la inversión. Esta es la famosa Destrucción Creativa: la innovación busca ser tan grande que deje completamente obsoleta a la tecnología o al producto del competidor anterior.
Tesla vendiendo autos eléctricos autónomos o Nvidia siendo prácticamente la única capaz de procesar los últimos modelos de IA son ejemplos perfectos de cómo la búsqueda de un monopolio temporal mueve la frontera tecnológica de toda la sociedad.
Pero esto no es todo. La innovación genera conocimiento y ese conocimiento tiene externalidades (spillovers). De este beneficio se aprovechan incluso quienes no hicieron la inversión inicial. El iPhone fue el primer smartphone, pero hoy la sociedad se beneficia de múltiples marcas competitivas que construyeron sobre esa base tecnológica.
Esas externalidades hacen que la sociedad se beneficie aún más de estos nuevos monopolios y generan un efecto interesante: los nuevos investigadores usan ese conocimiento como plataforma para inventar algo superior, destruyendo al monopolista anterior y reiniciando el ciclo.
Por eso, los monopolios, si se consiguen a través de la innovación, no solo no son malos: son el motor del crecimiento. Esto no se contradice con el desarrollo general: a mayor tamaño del mercado, mayor es el incentivo a innovar y mayor es el efecto derrame del conocimiento para todos, y por sobre todas las cosas, no se contradice con la realidad: es lo que mejor la explica.
Hola Sergio, consideraste algún ajuste por los últimos partidos, por resultados (más allá de ganar o perder) o por la forma actual de los jugadores? Yo tengo los mismos resultados usando ELO pero me da la impresión de que sobreestima a Argentina porque tiene rivales de menor ELO, y subestima a Inglaterra. Lógicamente Francia y España se cruzan antes lo que les baja la probabilidad.