¿Por qué las personas no pueden dejar atrás sus conexiones del pasado? Sé que es difícil avanzar y dejar ir a alguien que alguna vez fue importante, pero ¿por qué seguir aferrándose a algo que ya tuvo un final?
Está bien recordarlo, guardar los buenos momentos y tener presente lo que esa persona significó en nuestra vida, pero creo que está muy mal intentar volver constantemente a lo que alguna vez fue. Hay cosas que simplemente llegan a su fin, y aprender a aceptarlo también es parte de crecer.
Creo que las personas deberían permitirse avanzar, conocer gente nueva, vivir nuevas experiencias y descubrir nuevas conexiones. Porque el pasado es solo eso: pasado. No es un lugar al que tengamos que regresar ni algo que debamos vivir para siempre. Podemos llevar nuestros recuerdos con nosotros sin tener que quedarnos atrapados en ellos.
Nunca olvido. Toda mi vida está marcada por recuerdos y nostalgia, por pequeños pedazos de tiempo que se quedaron a vivir en mí.
Siempre guardo algo, un pedazo de algo, un pedazo de ti, un pedazo de mí. Puede ser un problema para muchos, pero para mí es mi manera de apreciar, de acompañar, de estar, incluso cuando ya no queda nada más.
La melancolía vive en mis huesos, se esconde entre mis días y, algunas noches, me carcome despacio con todo aquello que no olvido.
Pero nunca la abandonaría. Porque, aunque duela, también me recuerda que estuve ahí, que amé, que sentí, que algo alguna vez significó para mí.
Y si recordar es cargar con el pasado, entonces cargaré con él. Porque no quiero borrar lo que alguna vez fui, ni aquello que alguna vez amé.
Prefiero llevar conmigo todos esos pequeños pedazos que el tiempo no pudo llevarse.
Porque quizá esa sea mi forma de existir: guardar un poco de todo, para que nada se vaya del todo.
Y así, entre recuerdos y melancolía, seguir apreciando mis días.
Estoy muy agradecida por todos los buenos deseos que me han dado hoy. Es muy bonito leer cada uno de ellos, incluso los que son anónimos. Los quiero muchísimo.
Odio mi cumpleaños. Me da miedo la idea de crecer, me da miedo no tener claro qué quiero hacer. Mi vida siempre se ha sentido muy vacía, y si me preguntan qué quiero para mi cumpleaños, no sabría qué responder todavía. Hace mucho tiempo dejé de esperar cosas buenas de este día, porque mi día siempre llega con una tristeza ya conocida, con un dolor inexplicable que se queda escondido y que, aunque intento olvidarlo, siempre vuelve conmigo. Llegan las felicitaciones, los buenos deseos, pero yo solo sigo pensando: ¿En qué momento dejé de anhelar cumplir años? ¿Por qué ahora todo se siente tan oscuro en mí? ¿Por qué crecer dejó de ser un sueño y se convirtió en algo que temo vivir? Se supone que es un día de felicidad, pero se volvió tan triste que me parece normal, tan monótono que ya no sé diferenciar si estoy triste por cumplir años o si cumplir años simplemente me recuerda mi tristeza habitual. Y como todos mis cumpleaños, el día termina. La tristeza se olvida, se esconde, se queda dormida… Para aparecer el año próximo, en esta misma fecha, para recordarme que sigo viva.
Pero me siento tan lejos de ti, tan desplazada de ti, de tu corazón, como si poco a poco hubiera menos espacio para mi amor. No quiero hacerte sentir mal, ni que te canses de quererme, solo tengo miedo, amor, de que un día dejes de verme, de quererme.
Me importa cada vez que siento que me ignoras, porque todo me hace pensarte, todo me hace quebrarme, todo me vuelve vulnerable. Vulnerable a tu ausencia, enganchada a tu presencia, amante a tus palabras, enamorada de toda tú alma.