La encuesta publicada por The Economist es trascendental por varios motivos:
1- Se confirma que el chavismo es un movimiento políticamente muerto en términos de popularidad. Ni siquiera un ataque de EEUU generó el más mínimo atisbo de reacción positiva. Delcy, "la moderada tecnócrata" impulsada por el NYT, Reuters, entre otros, es profundamente impopular: solo el 13% de los venezolanos tiene una opinión favorable o levemente favorable de ella.
2- María Corina Machado sigue siendo la líder mejor valorada del país a pesar de estar más de un año en la clandestinidad y jugar un rol relativamente secundario en los últimos meses. Edmundo González tiene también buenos índices de aprobación. No creo que ningún otro dirigente se acerque a esos números. La opción "other", en el apartado electoral, también es interesante, pues realmente puede ser que muchos venezolanos están dispuesto a votar por un candidato alternativo, tienen miedo a decir a quién apoyan o simplemente no saben a quién apoyar. Pero para mí lo destacable es esto: entre MCM, Edmundo y "other" hay más del 80% de los votos. Delcy solo el 11%.
3. Los venezolanos están absolutamente felices con la captura de Maduro, tanto así que Trump y Rubio son los líderes políticos con opinión más favorable del país, superando, incluso, los índices de favorabilidad en EEUU. También mejoró la percepción del venezolano hacia EEUU tras el 3 de enero.
4- La esperanza de los venezolanos renació. La gran mayoría piensa que Venezuela estará mejor en los próximos meses. Además, la gran mayoría quiere una transición rápida, con elección incluida, en menos de un año.
Algunos creen que el socialismo fracasó en Venezuela y en Cuba.
La realidad es otra: fue un éxito, porque ese siempre fue el objetivo.
Fidel Castro, el Che, Chávez y Maduro no fallaron en su “revolución social”. La cumplieron. El plan nunca fue generar prosperidad, sino instaurar una dictadura empobrecedora y criminal para eternizarse en el poder.
No es un error del modelo.
Es el modelo.
LA ONU CUANDO LLEGA TARDE: SOBERANÍA PARA LOS VERDUGOS, SILENCIO PARA LAS VÍCTIMAS
El comunicado difundido por supuestos “expertos de la ONU” no es un acto de defensa del derecho internacional. Es un ejercicio de formalismo selectivo, una pieza de retórica burocrática que llega décadas tarde y siempre al mismo lugar: proteger al poder criminal cuando este ya ha sido tocado.
Durante más de veinte años, Venezuela fue convertida en un Estado capturado por redes de narcotráfico, tortura sistemática, desapariciones forzadas y represión política.
La ONU documentó parte de esa tragedia.
La conoció.
La reconoció.
Pero nunca actuó para detenerla.
Hoy, cuando el jefe de ese aparato criminal enfrenta jurisdicción penal, la ONU reaparece no para hablar de las víctimas, sino para hablar de la soberanía del régimen que las produjo.
Ese es el núcleo del cinismo.
Llevo varias horas revisando artículos de medios internacionales y resulta realmente sorprendente la forma en la que buena parte de ellos ignoran la realidad de Venezuela y/o, peor aún, buscan mentir sobre ella con absoluta intención. Hablan de “derecho internacional” ignorando todas las leyes que ha violado (y sigue violando) el chavismo, incluyendo asedios a embajadas y el secuestro de ciudadanos extranjeros. Hablan de “derechos humanos”, pero no mencionan ni una sola vez a los presos políticos. Hablan de “injerencia” y, desde luego, omiten que a Nicolás Maduro lo custodiaba un anillo cubano, como cubanos son quienes manejan instituciones clave de un país donde rusos, iraníes y chinos co-gobiernan; y donde las FARC, el ELN, Hezbollah y cárteles regionales controlan zonas enteras.
Pero lo peor es que hacen sus “análisis” (así, entre comillas) sin incluir a los venezolanos. No les importa que el 3 de enero haya sido un día de júbilo: en silencio dentro de Venezuela, y con gritos y cantos en el exterior. No les importa que, después de tantos años, por fin vimos que la justicia sí existe y que el carnicero criminal responsable de tantas muertes y separaciones está preso, esposado y derrotado. No les importa que nuestro mayor deseo sea la libertad, esa que debemos lograr, sea como sea.
No les importa porque jamás les importó nuestro sufrimiento. Pero ahora sí escriben largos textos indignados porque un tirano narcoterrorista y su esposa, igual de criminal, hayan sido capturados y extraídos.
Desde luego, si a ellos no les importa lo que nosotros pensamos, deseamos y por lo que luchamos, a nosotros no nos importa lo que ellos digan. Mucho menos esa propaganda a favor del chavismo, disfrazada de periodismo, de legalidad y de humanidad.
Hay quienes sostienen que la operación militar en Venezuela viola el derecho internacional. Si el derecho internacional permite que un dictador narcoterrorista se robe las elecciones y continúe subyugando a un pueblo sometido a un régimen de terror por décadas, provocando el
Si son tan celosos del Derecho Internacional y repiten incesamente que esto «se resolvía con diálogo» demuéstrenlo:
Que la dictadura de Cuba acepte dialogar con la oposición (que no lo hace, no lo acepta... y ni siquiera permite oposición), permita el regreso de la decena de miles de exiliados y acepte una misión internacional humanitaria.
Que la dictadura de Nicaragua acepte dialogar con la oposición (que no lo hace, no lo acepta... y ni siquiera permite oposición) permita el regreso de la decena de miles de exiliados y acepte una misión internacional humanitaria.
Abran sus dictaduras, acepten misiones humanitarias, permitan oposición y dialoguen con ella y llamen a elecciones libres, todito eso de acuerdo a lo que estable clarito el Derecho internacional que hoy tanto claman.
Háganlo, veamos... Veamos si es cierto lo que dicen o solo están buscando pretextos para defender dictaduras.
El chavismo por 25 años se robó elecciones, metió presos a opositores y los obligó al exilio, militares y paramilitares asesinaron gente en protestas. La mitad de la población salió del país (8 millones de personas).
Por eso los venezolanos celebran la caída de Nicolas Maduro.
Tras la captura de Nicolás Maduro, la Misión de Determinación de los Hechos sobre #Venezuela subraya la necesidad de garantizar la rendición de cuentas por las graves violaciones de derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad cometidos por su gobierno.
@UN_HRC
Salí de Venezuela hace 7 años ya, porque me pusieron una pistola en la cabeza a plena luz del día. 19 años tenía. Iba caminando a la universidad.
Me costó entender que eso pasó básicamente porque no había consecuencias para los criminales reales, como suele ser en las dictaduras.
Me fui aterrada y sin ganas de volver. Estaba chica y me costaba separar lo que es el gobierno vs. lo que es la patria.
Afuera lo entendí. Y me dolió muchísimo darme cuenta que amaba mi país más que a nada y que el recelo venía de que nunca quise ser una exiliada. Qué sensación tan fea lo que es el despojo y más cuando ni siquiera has terminado de formar tu identidad.
Por fortuna y bendición, migré a un país que amé profundamente desde el momento en que llegué. Me acogió, me permitió crecer, lo hice mi casa y lo sigo amando. Amo su cultura, sus costumbres y sobre todo a su gente.
Pude crecer, recorrer distintas tierras, sanar y ser feliz en ese proceso. País que visito, país del que me recorro al menos tres ciudades como queriendo entender cómo funciona desde adentro. Me voló la cabeza conocer formas de pensar tan diferentes e interesantes. Ese intercambio constante me recordaba lo que somos en Venezuela y lo que no. Nos empecé a recordar con cariño y con nostalgia.
Ya cuando sané y quise volver de visita, era demasiado tarde.
Para bien o para mal, tengo nacionalidad española y venezolana. La española me permitió moverme libremente por el globo, con la excepción de que si llegaba a pisar venezuela no podía salir.
Podía visitar cualquier país, excepto el mío. Y si lo visitaba, no podía salir, a no ser que tuviera ese pasaporte venezolano que me era imposible de conseguir por distintos motivos claramente relacionados a la dictadura.
Cuento esto como un marco para decir que la intervención de hoy, de este 3 de Enero de 2026, no la celebro a la ligera. Cuando crecí no soñaba con que USA bombardeara a mi país, te lo juro.
Pero tampoco nadie te prepara para lo que es ver a una tanqueta militar aplastando los huesos de estudiantes que solo exigían derechos humanos, poder comprar comida o tener libertad.
Nadie te prepara para estar semanas sin electricidad en un país que es ridículamente rico. Nadie te prepara para lo que es llegar con una emergencia a un hospital y ver cómo se te muere un familiar en los brazos porque no hay insumos. Nadie te prepara para lo que es tener amigos presos en el centro de tortura más grande del continente, y que ese centro de tortura casualmente esté en tu país.
Una dictadura es una dictadura. Y las salidas pacificas son una utopía.
Lo intentamos todo: votar, alzar la voz, pedir ayuda, protestar, irnos, quedarnos y hasta morir por nuestra tierra.
Nada funcionó. Y la represión no solo siguió sino que tomó fuerzas. En algún punto se sintió invencible (en psicología le decimos “Indefensión aprendida”). Por eso estamos tan contentos hoy. No creemos que lo que vengan sean rosas, pero sí nos devuelve algo de esperanzas.
No tienen que venir a preocuparse por nuestro petróleo, sabemos que tenemos las reservas más grandes del planeta. Rusa y China también lo saben bien, porque nos lo han robado en las últimas dos décadas y ahí si no hemos visto a nadie diciendo nada.
Todavía nos queda mucho. Y seré cruda con esto: tampoco somos libres (aún). Pero por primera vez en 26 años está ocurriendo algo histórico en nuestro país.
Si no eres venezolano, déjanos celebrar un poquito esta sensación de alivio y de esperanza que habíamos perdido.
Si eres venezolano y estás en Venezuela, por favor cuídate mucho. Nos necesitamos a todos a salvo.
Si eres venezolano y estás fuera, te entiendo. Te abrazo fuerte y te pido nos eduquemos sobre lo que pasa para explicarlo bien. Hará falta darle visibilidad a esto para que no se tergiverse nuestra historia.
Ya la historia no es solo el pasado, sino lo que está ocurriendo hoy. Y por eso cuento la mía.
La única verdad de Venezuela es que Maduro al menos tiene la chance de ser juzgado por la Justicia.
Los miles de Venezolanos que murieron asesinados bajo sus manos estos últimos 25 años no.
FIN!!!