La Palabra de Dios se pronuncia desde lo más simple y cotidiano. Así como a José le habló en sueños, a nosotros también nos habla a través de los amigos, la familia, el amanecer y en cada persona que encontramos en el camino.
ANTIPÁTICOS
Me descolocan los antipáticos.
Su gesto es despectivo,
parece que les molestas.
Si les hablas, ni te miran.
Su respuesta es displicente,
monosílabos administrados
con altiva frialdad.
Les estorbas.
Son los dueños del espacio.
No preguntan nada.
No ofrecen nada.
No les interesa nada.
Han conseguido rodearse
de un muro invisible
con acceso reservado.
Llevan una máscara de gelidez
que se quitan a conveniencia
para mostrar a quién admiten
y a quién destierran a sus márgenes.
Su presencia se me hace pregunta.
¿Quién te hizo daño?
¿Eres tímido a zarpazos?
¿Por qué me duele tanto tu desprecio?
Pero, sobre todo, una inquietud
me llena de angustia
¿Seré yo el antipático de alguien?
En el evangelio de hoy (Lc 21, 1-4), Jesús alza los ojos, y mira a unos hombres ricos y a una viuda dejar su donativo para el templo.
Jesús nos enseña hoy que incluso en los mas pequeños detalles, o incluso en los sucesos cotidianos, hay un mensaje o una enseñanza que aprender.
Quien está cerca de Jesús, quien se hace su amigo en la oración, mediante los sacramentos y en la vida cotidiana, comienza a sentir como Él siente, empieza a llevar en el corazón el mundo entero: nada le es ajeno, ninguna persona le es indiferente.
Cuando uno contempla la cruz, ha de hacerlo con un realismo humilde, no con devoción engañada. Para que cuando se presente en la vida, sepas reconocerla y cargar con ella, en lugar de reprochar a Dios que esto no era lo imaginado.
DENTRO
Dentro somos una suma de historias
incompletas
que aún vivimos, todas a la vez.
Hasta que converjan
en el amor, en la muerte, en la Vida.
Dentro conviven todas las edades
que un día tuvimos.
Dentro llevamos un yo risueño
y otro sombrío.
Pelean
casi a diario.
Algunos días uno de ellos descansa.
Dentro vagan palabras perdidas
que nunca encontraron el camino de salida.
Dentro intentamos encauzar emociones,
pero los diques no siempre resisten,
y la rabia, el anhelo, la pasión, la duda,
riegan y alimentan nuestro yo más verdadero.
Dentro tenemos ruido,
música, silencio,
una algarabía de emociones y viento,
presencia y ausencias.
Somos un milagro, dentro.