Venezuela taught me to think twice before complaining. When frustrated and overwhelmed by news, work, or chores, I’ve learned to ask myself “Really, Brian? Have you ever walked from Acarigua to Guayaquil in broken sandals with a kid in tow? No? So maybe cool it?”@brianpablo10
Mi querida y admirada colega Catalina Lobo-Guerrero ha escrito un texto que refleja la preocupación por los tiempos que se avizoran en Colombia. Pero también refleja los aprendizajes del periodismo venezolano. Un abrazo grande
Venezuela ya está aquí (y mi cuerpo lo sabe) https://t.co/YnSbhLA87E
Mi columna en @ElPaisAmericaCo: Iván no es Aureliano.
"Tenemos que escoger a una de dos personas como el próximo presidente de Colombia. Por un lado, tenemos a un defensor del legado del paramilitarismo, ansioso de complacer no solo a Donald Trump sino a cualquier subsecretario de su gobierno o congresista del partido republicano que se le cruce, y que promete traer a Colombia la estrategia genocida de Netanyahu. Por otro lado, tenemos a un defensor de derechos humanos que, pese a que su propio padre fue víctima del genocidio de la Unión Patriótica, ha hecho su carrera política en el marco de la democracia liberal y de la búsqueda de la paz.
Petro no me quiere a mí, y yo no es que me muera por él, pero mi voto no es ni en contra ni a favor suyo. Mi voto es en contra de los genocidios y a favor los derechos humanos, la soberanía nacional y la democracia liberal. Por eso voto por Iván Cepeda."
https://t.co/RkurkdDE2N
Pues mira tu, de un bombazo en Venezuela Trump eliminó al malandro venezolano Niño Guerrero, quien malandreaba a placer aquí, allá y acuyá con total impunidad y diríamos, con apoyo oficial
- Sería una sorpresa una aclaratoria del régimen. La sumisión sin legitimidad no lo permite
As usual, @ChrisSabatini is 🎯. The collapse of the Cuban regime has significant unintended consequences. It seems @WhiteHouse policy is to drive the crisis to the point at which military intervention becomes “necessary.” #Cuba on its own is not a national security threat, but a collapsed state on the island would pose serious risks.
I’m with @MJ_Busta & @ric23, who in a recent @ForeignAffairs article, https://t.co/xLy5FJBq3v, argued the Cuban regime should negotiate a deal before total collapse.
Hoy #30Mayo celebramos el Día de las #Patricias, una fecha para rendir reconocimiento y agradecimiento a las mujeres trabajadoras de Fe y Alegría en cada territorio. Aquellas que, con valentía, han sembrado educación y esperanza en los lugares más vulnerables @feyalegriaFI
"Moderarse, más que disminuirse, tiene más que ver con sostener la complejidad y resistir la urgencia de reaccionar inmediatamente" El coraje de los moderados | Por: Arianna Martínez Fico via @@diariodlosandes https://t.co/ssUJu4ODF0
While encyclical launch by Pope personally this morning was epic on its own, at same address, Leo spoke of his time as missionary in Peru: “There I learned that rebuilding does not mean simply replacing what has been destroyed. It means repairing bonds, restoring trust, and reawakening hope in the future. Moreover, no one rebuilds alone.” https://t.co/NrLVCFNVn8
Falacias de la justicia social
Thomas Sowell
★★★★☆ (4/5)
Hay libros que intentan tranquilizar al lector confirmándole todo aquello que ya sospechaba. Y hay otros que funcionan como una corriente de aire frío entrando por una ventana mal cerrada. "Falacias de la justicia social", de Thomas Sowell, pertenece claramente a esta segunda categoría. No porque tenga razón en todo (no la tiene), sino porque obliga a revisar muchas intuiciones políticas y morales que suelen darse por sentadas sin demasiada inspección intelectual.
Sowell escribe como alguien que desconfía profundamente de las abstracciones morales cuando estas se desligan de los incentivos, de la economía real y del comportamiento humano. Su tesis de fondo podría resumirse así: muchas políticas concebidas para ayudar a los más desfavorecidos terminan perjudicándolos precisamente porque ignoran cómo reaccionan las personas a las restricciones y recompensas del entorno. No analiza la sociedad como una fotografía inmóvil, sino como un ecosistema de agentes adaptativos que cambian de conducta cuando cambian las reglas.
Uno de los aspectos más interesantes del libro es precisamente esa mirada sistémica. Sowell insiste en que las buenas intenciones no bastan para producir buenos resultados. Y pone ejemplos incómodos. Por ejemplo, recuerda que en 1948 apenas existían diferencias significativas en las tasas de desempleo juvenil entre negros y blancos en Estados Unidos, a pesar de que el racismo social era mucho más explícito que décadas después. Según su interpretación, las posteriores subidas del salario mínimo habrían expulsado del mercado laboral a muchos jóvenes con menor formación o experiencia, generando diferencias raciales de desempleo mucho más pronunciadas. Es decir, una política concebida como protección habría terminado funcionando, para algunos colectivos, como una barrera de entrada.
El argumento puede incomodar a muchos porque desplaza el foco desde las intenciones morales hacia los mecanismos. Sowell viene a decir algo parecido a esto: la realidad no negocia con nuestros deseos. Y ese es probablemente el núcleo filosófico del libro.
También resulta provocador su análisis sobre la discriminación. En lugar de presentar el mercado como una maquinaria inherentemente racista, sostiene algo más paradójico: discriminar suele resultar más costoso en mercados competitivos que en estructuras protegidas o financiadas con dinero ajeno. Una empresa privada que rechaza talento por prejuicio paga un precio económico directo. En cambio, un organismo público o una institución blindada frente a la competencia puede permitirse discriminaciones más prolongadas porque el coste se socializa entre contribuyentes o usuarios cautivos. Sowell recuerda, por ejemplo, que antes de la Segunda Guerra Mundial apenas había profesores negros en universidades blancas sin ánimo de lucro, mientras cientos de químicos negros trabajaban ya en industrias privadas competitivas.
Es una idea intelectualmente estimulante porque invierte parte del relato habitual. Y aunque uno no comparta todas sus conclusiones, el libro obliga a hacerse preguntas que rara vez aparecen en ciertos discursos políticos contemporáneos: ¿qué ocurre cuando una política altera incentivos básicos?, ¿puede una medida moralmente atractiva generar efectos secundarios destructivos?, ¿hasta qué punto confundimos desigualdad con injusticia?, ¿y cuánto de nuestra visión política nace de analizar sistemas complejos como si fueran mecanismos simples y lineales?
El problema del libro es también una consecuencia de su propia fuerza. Sowell tiene tendencia a escribir como un fiscal brillante más que como un juez equilibrado. Sus ejemplos están muy bien escogidos para reforzar su tesis, pero a veces da la sensación de que otras variables desaparecen demasiado deprisa del encuadre. Hay momentos en los que el argumento parece avanzar con la contundencia de una locomotora intelectual que rara vez se detiene a explorar zonas grises, matices culturales o dimensiones psicológicas menos economicistas.
Aun así, el libro posee una virtud cada vez más escasa, que es trata al lector como a un adulto capaz de tolerar ideas incómodas. No ofrece sedantes ideológicos. Tampoco frases motivacionales disfrazadas de pensamiento político. Lo que propone es algo más exigente, que es observar la sociedad como un sistema complejo donde las consecuencias indirectas importan tanto o más que las intenciones declaradas.
De todos los líderes sociales y políticos que salieron de Venezuela por la represión posterior al 28K, el que más me afectó fue el exilio de Nelson Freitez y Yonaide Sánchez, una pareja de profesores universitarios y defensores de derechos humanos que habían hecho de la “guaritud”, un profundo y amoroso arraigo en el estado Lara, un modo de vida. Hace una semana, Nelson fallecería en Irlanda, dejando un vacío no solo en la región centroccidental, sino en toda Venezuela. https://t.co/0rh4TTquHF
Releyendo a Allison, me encuentro con una anécdota que había olvidado por completo : Xi discutió ampliamente con Obama maneras de evitar “la trampa de Tucidide “ , durante uno de sus encuentros. ¿Porqué repite Xi en su discurso de bienvenida la misma ocurrencia histórica que ya había discutido con Obama?
No creo que esperase encontrar en Trump o su comitiva, interlocutores de la talla del ex presidente. Quizás no fue una advertencia para Trump, sino para el mundo entero.
Nelson era todo lo que yo quería ser: Un inteligente sociólogo, un cercano defensor de derechos humanos, un amigo caluroso pero, sobre todo, una gran persona.
Un gigangesco dolor despedir a uno de los pocos referentes vivos que me quedaba. Lo vamos a extrañar demasiado.
Un gran abrazo a @YonaideSF y a toda su familia en este duro momento.
"Los males que buscamos condenar y castigar han sido tan calculados, tan malignos y tan devastadores, que la civilización no puede tolerar que se ignoren, porque no podría sobrevivir a su repetición."
Robert H. Jackson
Discurso de apertura de la fiscalía ante el Tribunal Militar Internacional en Núremberg.
Hay muertes que impactan y conmueven pero la de mi hermano del alma Arnaldo Ysturiz, de un infarto en Bogotá, en el exilio forzado por los matones del chavismo me ha causado una tremenda arrechera. Arnaldo, un hombre íntegro, honesto, líder sindical en su Barlovento natal 🧵
La última clase de Vladimiro.
Froilan, hijo del gran Vladimiro Mujica, compartió, hoy domingo tres de mayo, este escrito:
El juego del conocimiento
Para Vladimiro, a una semana de la partida del avatar del conocimiento. Gracias por todo y por tanto.
Cuando mi papá me contó que iría a San Luis Potosí invitado a dar una conferencia, como siempre nos pusimos de acuerdo para vernos.
Era un ritual: cada vez que alguno estaba cerca del otro, hacíamos lo imposible por coincidir. Así fue como una vez manejé 20 horas para pasar una tarde con él, un Día del Padre. Una relación de esas que se atesoran, se valoran y se construyen con los años.
Su conferencia quedó pautada para el 24 de abril de 2026.
Decidimos vernos en Zacatecas el 22 de abril, un miércoles. Eso nos daba un par de días para estar juntos antes de que él entrara de lleno en su agenda. Aprovechando ese espacio, le propuse visitar una escuela de la Fundación Educando, en las afueras de San Luis Potosí a tan sólo 2 horas de Zacatecas.
Educando —según sus propias palabras— es “un colegio gratuito que apoya a niños y niñas de comunidades en desventaja económica a desarrollar fortalezas de carácter y adquirir los conocimientos y habilidades necesarias para tener éxito en la universidad y en la vida”.
Es una institución financiada por entes privados, donde los alumnos reciben alimentación dos veces al día y, sobre todo, una oportunidad real de crecer. Como parte de esa visión, a cada niño y niña se le invita a soñar con la universidad: llevan bordado en su camiseta el año en el que asistirán.
Es, sin exagerar, una institución de primera clase, sostenida por gente seria que quiere aportar algo valioso a la sociedad.
Conozco a la directora de la fundación y, tras una breve explicación de quién los visitaría, accedió con gusto. La idea era simple: tener una charla con alumnos de cuarto grado —niños de unos 10 años— sobre el conocimiento.
Cualquiera que haya estado frente a un salón con 60 chamos sabe que eso no es menor.
A mi papá le brillaron los ojos cuando pensaba en que debería hablar con los chicos.
Y entonces, como tantas veces, sacó de la chistera algo inesperado. Lo llamó: El juego del conocimiento.
Hay algo casi invisible en el momento en que empieza el juego. No parece una clase. No hay solemnidad ni grandes definiciones. Solo una pregunta lanzada al aire, como si no pesara:
—¿Cuál es la diferencia entre el hombre y el mono?
Silencio breve. Luego, alguien se anima.
—La cola.
El profesor no corrige. No dice “no”. Apenas inclina la cabeza, como acompañando el pensamiento.
—Hay monos que no tienen cola.
La respuesta no muere, pero queda herida. Otro intenta.
—El pelo.
—Bueno… hay hombres muy peludos y monos casi sin pelo.
Aparecen las risas, pero no hay burla. Hay algo más interesante en juego: la sensación de que cada respuesta, por obvia que parezca, es insuficiente. Y, sin embargo, necesaria. Cada intento abre camino y, al mismo tiempo, lo cierra.
La dinámica continúa. Probar. Ajustar. Volver a intentar. Como si pensar fuera eso: un tanteo constante en la oscuridad.
Hasta que alguien dice:
—El habla.
Y entonces cambia el aire.
El profesor no responde de inmediato. Deja que la frase respire. Porque ahí ya no hay una respuesta fácil de desmontar. Hay una puerta.
—¿Qué implica el habla?
Y la clase, casi sin darse cuenta, entra en otro territorio. Ya no se trata de comparar cuerpos, sino capacidades. Aparecen ideas más grandes: lenguaje, símbolos, pensamiento abstracto, cerebro, evolución. Lo que comenzó como una diferencia superficial se convierte en una exploración profunda sobre lo que significa ser humano.
Nadie dio “la respuesta correcta”. Nadie la tenía desde el inicio.
Se construyó.
Ese es el juego del conocimiento: un espacio donde equivocarse no solo está permitido, sino que es indispensable. Donde el maestro no entrega certezas, sino que afina preguntas. Donde aprender no es acumular respuestas, sino sostenerlas el tiempo suficiente para descubrir en qué fallan… y por qué.
Como en los diálogos de Sócrates, lo importante no es llegar rápido, sino llegar mejor.
Porque, al final, en ese ir y venir de ideas, ocurre algo más profundo que aprender una diferencia entre especies: se aprende a pensar.
Mi papá sostuvo esta dinámica durante una hora. Sus atentos alumnos la disfrutaron, preguntando de todo, sin miedo, con curiosidad intacta. Al final, lo aplaudieron. Y él, de vuelta, los aplaudió a ellos.
—Ustedes me aplauden a mí, y yo los aplaudo a ustedes.
La última clase de un científico de reconocimiento mundial —cuyas disertaciones, en otros contextos, apenas entendería un puñado de personas en el mundo — fue para un grupo de chamos persiguiendo un sueño.
Francamente, no puedo imaginar un mejor cierre para 50 años de docencia y excelencia.
Yo estuve ahí para verlo.
Y para contarlo.
Gracias a todos por sus llamadas, mensajes y homenajes. Se reciben con gratitud enorme.
En México, al 03 de Mayo de 2026.
Wolfie – según mi papa. Lobito para los demás. En mi cédula dice Froilan.
Fundación Educando: https://t.co/tLNYUrbtSD
As a person with a Catholic background, who supports and celebrates the Catholic Church's commitment to social justice and peace, I must say that I support Pope Leo XIV, @Pontifex_ln, and reject Mr. Trump's attacks against him.
With all due respect to the Office of the President, this post contains several claims that are factually inaccurate and theologically misguided, and as a Catholic I feel compelled to respond.
1. The Pope was not elected to please any president.
Pope Leo XIV was elected by 133 cardinals from across the world in a sacred conclave, on the fourth ballot, on May 8, 2025. 
The Holy Spirit guides the conclave, not American politics.
To suggest that “if I wasn’t in the White House, Leo wouldn’t be in the Vatican”  is not only historically ignorant but theologically offensive to every Catholic on earth.
2. He was not an unknown outsider.
Pope Leo XIV served as Prefect of the Dicastery for Bishops under Pope Francis, one of the most powerful roles in the Vatican, responsible for selecting bishops for dioceses worldwide. 
He was one of the most qualified candidates in the College of Cardinals.
3. He is deeply rooted in service, not politics.
An Augustinian missionary who worked for decades in Peru, Pope Leo XIV dedicated his life to the poor and the Gospel long before any political figure noticed him. 
His name honors Leo XIII, the Pope who championed workers’ rights and the poor during the Industrial Revolution, a tradition of Catholic Social Teaching that predates any modern political party.
4. The Pope’s role is prophetic, not partisan.
When the Pope speaks on peace, nuclear weapons, immigration, or the dignity of nations, he is fulfilling the mission of Christ, not opposing any government.
His first words as Pope were “Peace be with you all,”  echoing the Risen Christ (John 20:19).
A Pope who is silent on injustice would be failing his divine mandate.
5. Demanding a Pope “get in line” with a president contradicts 2,000 years of Church history.
From St. Peter before Nero, to St. Thomas More before Henry VIII, to John Paul II before Soviet communism, the Church has never existed to validate earthly power.
“We must obey God rather than men.” (Acts 5:29)
As Catholics, we pray for all leaders, including President Trump.
But we stand firmly with our Holy Father.
Habemus Papam. And he answers to God alone.
Artemis no es solo un programa espacial. Es una metáfora viva: podemos construir cohetes que rompen la gravedad, pero también necesitamos raíces que nos mantengan conectados con lo esencial.
Quizás ahí está la verdadera grandeza: en avanzar sin perder el asombro, en conquistar el espacio sin olvidar el alma, y en recordar —como insinuó Glover— que, aun en el silencio del cosmos, nunca estamos solos.