Todos los días que salía, Iván le hacía plática a Cristiano, el guardia de seguridad del fraccionamiento, coqueteándole descaradamente porque le gustaba.
Cristiano nunca quiso cruzar la línea de respeto, pero un día Iván lo invitó a su casa porque sus papás no estaban. Después de mucho insistir, Cristiano aceptó.
Unas cervezas hicieron que las cosas se calentaran, por lo que Iván conoció la larga macana del guardia de seguridad.
28 cms de carne caliente comenzaron a perforar el apretado ano de Iván. La larga verga entraba y salía provocando gemidos de dolor y placer en el delgado Iván.
El tan ansiado deseo le tenía empinado, penetrándole, y aunque dolía, Ivan gemía fuerte. La larga tranca de Cristiano le serruchaba su húmedo orto en un cadente mete y saca.
Cristiano no alcanzaba a clavar toda su verga, y aunque Iván a veces le empujaba, la cogida no cesaba. De pie, en cuatro patas o a sentadas, Cristiano ensartó su duro miembro dentro de Iván, sometiéndolo y abriendo el firme culo del chico.
Después d aun rato, Cristiano arrecio sus embestidas, tirando su leche caliente sobre las nalgas de Iván,
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