Lio,
Creo que el día que cierres la última puerta de una cancha vamos a entender algo que hoy todavía se nos escapa.
La nostalgia no va a venir por los goles, ni por las gambetas, ni por los títulos. Va a llegar por una costumbre: la de creer que mientras estuvieras vos, siempre quedaba lugar para lo extraordinario.
Porque durante más de veinte años apareciste en algún rincón del mundo y la lógica dejó de mandar. Bastaba una pelota, un espacio diminuto, un instante apenas, para que aquello que parecía imposible encontrara una alegría.
Lo más raro es que terminamos aceptándolo como si fuera normal. Igual que quien vive frente al mar y deja de escuchar las olas, o quien mira el cielo cada noche sin detenerse a pensar en las estrellas.
Hasta que un día entendemos.
Y entonces descubrimos que el verdadero privilegio no fue sólo el verte jugar, sino haber vivido al mismo tiempo que vos. Haber podido mirar una cancha, una pantalla o una foto y saber que todo eso ocurrió de verdad. Que no era una historia exagerada por el paso de los años. Que no era una leyenda. Que era un tipo de carne y hueso haciendo cosas que parecían inventadas.
Ocurrió delante de nuestros ojos.
Por eso, cuando dentro de muchos años alguien pregunte si era cierto todo lo que cuentan de Messi, millones de argentinos vamos a sonreír antes de responder.
No sólo porque dejaste las pruebas.
Sino porque estuvimos ahí.
Porque hay personas que marcan una época.
Y después están aquellas que se vuelven la época.
Vos sos una de ellas.
Gracias por todo, Lio.
Si Mateo el Evangelista se convirtió luego de ser tenido por ladrón y traidor; si los apóstoles fueron valientes después de haber sido cobardes; si Pablo cambió de vida y dejó de ser cruel perseguidor de los cristianos; si María Magdalena se hizo santa después de haber tenido siete demonios… que nadie diga “así soy, y así me voy a morir”. La misericordia infinita de Dios es capaz de transformarnos en criaturas nuevas, por más oscuro que sea nuestro pasado. ¡Feliz domingo!
Why did C.S. Lewis say that Hell is locked from the inside?
He explores this idea in his book The Great Divorce.
In it, souls of the damned are allowed to visit heaven on a bus ride, but they are not pleased with what they see — and they leave of their own accord.
The fact is, the damned cannot touch Heaven. They can't so much as disturb the dew drops on the grass. Nor can they even gaze upon the garden properly.
Why? Because they are blinded by their own sins:
– The philosopher would rather philosophize about God than meet him
– The painter would rather make beautiful art than gaze upon the source of all Beauty
– The clingy mother would rather fret over her son than give her full love to God
Lewis' point is that God cannot force man into salvation. Damnation is not God's rejection of man, but God tragically accepting man's rejection of him.
Hell itself is the ultimate monument to human freedom; for a human with true free will is even free to divorce himself with paradise.
What Lewis suggests is that you don't fully understand human nature until you understand that some humans really do not want paradise.
Conversely then, true freedom does not mean using your free will however you want. True freedom means surrendering your free will by forming your soul to the Good.
By sacrificing your free will in this manner, you gain glory, virtue, and happiness — for man was made to know and love virtue above all.
Everyone reads the Prodigal Son as a story about a rebellious boy who came home.
It isn't.
Jesus told this parable to show us what God is actually like.
And the portrait He paints of the father is so scandalous, so undignified, that it offended every person in His audience.
It should offend us, too.
A thread on the father nobody talks about. 🧵
La teología católica es fascinante. Estudienla, no se van a arrepentir.
En términos de “poder” Cristo podría habernos redimido con un pinchazo en su dedo
Pero es Dios, y por ello eligió la manera más perfecta, completa y acabada de lograrlo
El tema es que la ofensa del hombre para con Dios es INFINITA.
La gravedad de la ofensa se mide por la dignidad del ofendido. Como Dios es infinito, la ofensa adquiere carácter infinito, y ninguna satisfacción puramente humana , finita por naturaleza, puede saldarla
Esa brecha que se abrió no podía ser cerrada de ninguna manera por el esfuerzo humano. Por eso las puertas del cielo no estaban abiertas
Fue necesaria la encarnación. Cristo toma nuestra naturaleza, se ofrece como sacrificio y nos eleva, cerrando esa deuda insalvable por nuestra cuenta
La humanidad aporta el sufrimiento real; la divinidad le da peso infinito.
La misa es la renovación de ese mismo sacrificio que constantemente nos mantiene
Se entiende que PARTE de esto fue lo que vislumbró Lucifer que iba a pasar, algo que también lo llenó de desprecio e ira. Ver cómo Dios se “humillaba” por unos gusanos
Por eso parte de su misión es llevarnos a la condena, hay un odio visceral hacia los hombres
En términos de justicia estricta, el “pago” debía ser realizado de esa manera. Ni hablar de que cultural, histórica y geográficamente, el momento elegido fue PERFECTO.
El desarrollo de la filosofía natural estaba en el momento perfecto, había una lengua universal que permitía rápida difusión. En medio de PAX ROMANA y con un sistema jurídico que luego cimentaría la estructura de la iglesia
También hay algo interesante que suma Chesterton (si no recuerdo mal) sobre la pedagogía católica: si Dios nos pidiera que sufriésemos pacientemente y usemos el dolor para santificarnos, nuestra respuesta humana sería “que vivo, si nunca sufriste, así cualquiera”
Pero esta “brecha pedagógica” la cierra la encarnación. Teológicamente, Cristo sufre la MÁXIMA injusticia y el MÁXIMO DOLOR físico y espiritual. Aún así triunfa, vence y perdona
Es el camino a seguir, y como todo rey, lo recorrió para marcar el ejemplo
Como ven, podría habero hecho de otra manera. Pero eligió la más perfecta, para conmovernos y llevarnos al bien
Mi psicólogo me habló de activación conductual. La idea es brutalmente simple: no esperas sentirte bien para actuar.
Actúas, y el bienestar llega después. El movimiento precede al estado de ánimo, no al revés. Me preguntó en qué quería anclarme. Le dije que en la espiritualidad.
Y dentro de eso elegí algo que parece pequeño: leer. Quince minutos cada mañana, antes del teléfono, antes del trabajo, antes de que el mundo me demande algo. Un libro que me hable de algo más grande que mi propio ruido interno.
No es heroico. No es una transformación. Es un hábito diminuto en medio de un momento difícil.
Pero hay algo poderoso en tener una práctica que sea completamente tuya. Que no dependa de nadie. Que no te pueda fallar. Que esté ahí cada mañana exactamente donde la dejaste.
Todavía no tengo la lección aprendida ni el discurso armado. Estoy en el medio, que es el lugar más incómodo y también el más honesto.
Esta mañana abrí un libro. Y eso fue suficiente.