La soberbia perdió contra la humildad
Cuando alguien que sí sabe, que sí ganó, que sí tiene historia, decide convertir todo eso en un megáfono para decir “yo soy el que más sabe”, deja de ser una referencia… y pasa a ser un problema.
Porque en Venezuela la pelota no se explica desde un púlpito, se vive desde la calle, el dugout, el estadio y la tribuna. Y pararse por encima del resto no te hace más sabio: te hace más solo.
Nadie niega lo que hizo Oswaldo Guillén.
Campeón de MLB.
Campeón en la LVBP con Tiburones.
Campeón del Caribe.
Todo eso es verdad.
Precisamente por eso no necesita repetirlo como si fuera un mantra.
El que tiene que decir todo el tiempo que es grande… suele estar más preocupado por parecerlo que por serlo.
El problema no es su currículum.
El problema es su ego usando el currículum como arma.
Porque cuando cada debate termina en “yo gané”, “yo sé”, “yo estuve ahí”, lo que no se está defendiendo es la verdad… es el personaje.
Y el personaje se comió al profesional.
La humildad no es una fundación.
La humildad no es decir “yo amo al país”.
La humildad no es envolverse en la bandera mientras se desprecia a medio país.
La humildad es entender que tu voz pesa… y por eso mismo deberías usarla con más responsabilidad.
Cuando tus palabras generan más anticuerpos que seguidores, el problema no es que “la gente no aguanta verdades”, es que tú no sabes decirlas sin escupirlas.
Y entonces aparece la pregunta incómoda:
👉 ¿Por qué con todo ese talento nunca fuiste el manager de Venezuela en un Clásico Mundial?
👉 ¿Por qué tu nombre viene siempre acompañado de ruido, polémica y conflicto?
👉 ¿Por qué tu verbo ha sido más famoso que tus resultados después de 2005?
No es mala suerte.
No es conspiración.
No es envidia.
Es consecuencia.
Porque sí, sabes de pelota.
Pero muchas veces hablas como si la pelota te debiera algo.
Y la pelota no le debe nada a nadie.
Esta eliminación no la perdió un equipo: la perdió un discurso.
Ojalá sirva para entender que tres títulos no te hacen intocable.
Que ser frontal no te da licencia para ser arrogante.
Y que el respeto no se impone por decreto ni por nostalgia.
El respeto se gana todos los días.
Y se pierde cada vez que la soberbia habla más fuerte que la razón.