cuando Dostoievski escribió "Quiero hablar de todo con al menos una persona, como hablo conmigo mismo" describió todo lo que el ser humano anhela de una conexión en una sola frase
Borges escribió que quien se enamora funda una religión cuyo dios es falible: pero lo verdaderamente grave es que se trata de un dios mortal, que un día sin más ni más puede imponernos su ausencia como antes nos doblegó con su presencia.