Te dejas la vida por viajar a ver a River. Te dejas la cuota de socio aunque no llegas a fin de mes.
Llenas el Monumental aunque tu viejo, vieja o algún familiar este enfermo.
Vos si dejas la vida por River. Vos si sos River. Ningún jugador, Ningún miembro del cuerpo técnico y menos un dirigente es River.
Vos si sos River. Y gracias por ser River.
«No fue Hitler ni Himmler quienes me secuestraron, me golpearon y asesinaron a mi familia. Fue el zapatero, el lechero, el vecino, que recibió un uniforme y entonces creyó que pertenecía a la raza superior.».
Karl Stojka, sobreviviente de Auschwitz.
Hoy se cumplen 11 años de esa noche donde todos recordamos qué estábamos haciendo cuando nos enteramos, y que sabíamos que iba a ser una larga noche.
Un antes y un después en la historia de éste país.
Todos sabemos qué pasó, ojalá algún día se haga justicia.
Antes de empezar Jánuca en gran parte del mundo ya tenemos que hablar de la masacre de Jánuca en Australia. Una locura. Hemos normalizado el horror y el sinsentido.
Dos terroristas asesinaron a más de 10 personas dejando a decenas de heridos en un evento de Jánuca de Jabdad en la playa de Sydney.
A los asesinados que su recuerdo sea bendición y luz.
A los heridos su tengan pronta recuperación.
A los terroristas y su simpatizantes ni olvido ni perdón.
Al mundo idiotizado con “globalizar la intifada” o “no es antisemitismo” váyanse a cagar, está sangrando también está en sus manos por su discursos de odio.
Están a 45 minutos de revertir la historia. De no hacerlo, oficialmente le soltaré la mano al DT y los jugadores, mi límite es Sarmiento de local con Insaurralde (41), Pratto (37) y un arquero enano, a eso súmale que el 9 nuestro vale más que todo el plantel de ellos. Vergüenza.
Mi primo, Shachar Kadman (34), fue asesinado por terroristas de Hamás mientras intentaba escapar de un festival de música pacífico el 7 de octubre de 2023.
Shachar logró llegar a su carro y llamó a su madre, quien hizo todo lo posible por guiarlo a un lugar seguro… hasta que escuchó voces hablando en árabe y la llamada se cortó. Nunca olvidaré los días de tormento tras la masacre, cuando esperábamos—contra toda esperanza—una señal de vida de Shachar.
Shachar amaba la naturaleza: era brillante, trabajador, creativo y con gran sentido del humor. Obtuvo su maestría en bioquímica, ciencia de los alimentos y nutrición en la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde desarrolló cápsulas biodegradables y sin plástico para reemplazar el poliestireno, la espuma no reciclable usada en envases y vasos desechables. Su profesor describió esta invención como “un producto de gran ingenio, conocimiento y paciencia.”
Era un alma noble, leal a su familia y amigos, y soñaba con hacer del mundo un lugar un poco mejor.
Como casi 1,200 personas brutalmente asesinadas el 7 de octubre por 3,000 terroristas de Hamás que invadieron Israel—matando a todos a su paso—su vida fue arrebatada demasiado pronto.
Que su memoria sea una bendición. 🕯️
Yarden Bibas comparte sobre los últimos momentos con Shiri, Kfir y Ariel. momentos de amor, esperanza y dolor.
Sobre el vacío que quedó, y sobre la elección de seguir viviendo, incluso en medio del dolor. 💛
Nunca olvidaremos las atrocidades de ese día. Nunca las perdonaremos.
A las 6:29 a. m. (hora de Israel) del 7 de octubre de 2023, terroristas de Hamás lanzaron una oleada de horribles ataques contra comunidades del sur de Israel: la peor masacre de judíos desde el Holocausto.
Comenzó al amanecer, cuando Hamás disparó más de 5000 cohetes desde Gaza hacia Israel, utilizando las descargas como cobertura para violar la frontera. En el masivo ataque sorpresa, los terroristas de Hamás cometieron atrocidades inimaginables.
Alrededor de 1200 personas fueron brutalmente asesinadas, más de 4800 resultaron heridas y más de 250 fueron secuestradas en Gaza.
Dos años después, 48 rehenes permanecen cautivos en Gaza.
El 7 de octubre no es un día para celebrar, es un día de luto.
Un día en el que Hamás asesinó a miles de civiles inocentes, dejó huérfanos, familias destruidas, secuestró centenares de personas y abrió con terrorismo una oleada de violencia y de infierno para millones de personas en Gaza.
Tampoco es un día para marchas propalestinas.
Quienes celebran el 7 de octubre están enfermos, llenos de odio y vacíos en el alma.
Igual que los que celebran los bombardeos sobre población civil en Gaza.
El 7 de octubre debe ser un día de empatía con el dolor del pueblo judío y no de negación, mucho menos de justificación del terrorismo de Hamàs.
Defender la causa palestina requiere altura, razones y argumentos sobran para hacerlo pero jamás celebrando la muerte o el secuestro de ciudadanos israelíes.
Que fanatismo no les haga perder la humanidad.
Testimonio de Mia Schem, rehén liberada de Gaza.
Estuvo un tiempo en casa de unos "civiles inocentes" . Juzgad vosotros mismos. #7deoctubre
"El 6 de octubre de 2023, era una joven de 21 años que solo quería bailar. Ya no soy la misma que era; los monstruos de Hamás me arrebataron la inocencia, me dañaron el cuerpo y el alma. Me arrebataron todo excepto una cosa: la forma en que me contaba la historia, la forma en que decidía actuar ante la terrible realidad que se me impuso.
Los monstruos de Hamás me arrebataron la inocencia, pero hoy soy una mujer fuerte y tengo una historia que contar. Quiero que todo el mundo sepa que nos pueden arrebatar la libertad física, pero no la libertad de creer e imaginar. Esperanza.
Y de nuevo los vientos de otoño y Sucot asomando desde los patios de las casas. Hace dos años, todavía era una niña inocente que apenas comenzaba a entusiasmarse por una gran y alegre fiesta de baile. Estaba a punto de ir al sur en la noche de Simjat Torá con Ella Toledano, una de las personas más cercanas a mí en el universo, con el corazón más grande y bondadoso. La pista de baile me parecía el centro del mundo en ese momento; bailaba con miles de jóvenes y felices como yo.
En un instante, los sonidos de la música fueron reemplazados por gritos. El cielo se llenó de misiles y en un momento en que comienza una fuga masiva.
Llegué a la casa familiar de uno de los secuestradores y descubrí que se llamaba Mustafa. Desde ese momento, mi vida dependía de él y de su esposa, Wafa. Mi mano estaba fijada a un trozo de madera de una puerta destruida, no me daban analgésicos ni me permitían gritar ni llorar. Mustafa estuvo sentado frente a mí durante 50 días con un rifle apuntándome a la cara. Me insertaron un tubo de metal en la mano herida para fijarla, en una operación poco profesional y sin tratamiento antibiótico. El estado de mi mano empeoraba: dolor, infección y falta de movimiento. Me daban una botella de agua durante largos días y, cada pocos días, una pita seca. No me duchaba ni una sola vez. Estaba sometida a terror psicológico, en una habitación pequeña y sin aire. Afuera, los bombardeos sacudían las paredes. Ya no era una niña inocente, era una joven que solo quería vivir, que no pensaba derrumbarse y que quería volver a casa.
Después de 50 días, me llevan a los túneles, débil y herida. Mi cuerpo está débil y atrofiado, mi brazo cuelga y la infección se extiende. Dos horas de caminata, un terrorista armado delante, otro terrorista armado detrás. A 60 metros bajo tierra, me meten en una jaula, sin aire ni luz. En una jaula de dos metros por dos metros y 1,50 centímetros de alto, es imposible mantenerme en pie. Allí conozco a otras cinco jóvenes. Por primera vez desde mi secuestro, no estoy sola. Cada una tiene su propia historia de secuestro brutal.
Pasamos cinco días juntas en la jaula oscura, con dos guardias armados que se renovaban cada 12 horas. Se nos permitía hablar en voz baja.
Y de nuevo los vientos del otoño, y ahora se cumplen dos años de la noche más feliz de mi vida, de la mañana más terrible de mi vida. Estoy aquí en mi cuerpo, pero mi inocencia permanece en los campos de sangre y mi corazón sigue secuestrado en Gaza, con 48 personas secuestradas, vivas y muertas. Ya no soy una niña, soy una mujer fuerte que no descansará hasta que todos regresen del vientre de la tierra. Hoy tengo una historia que contar. Hoy sé que la vida no es como la vivimos, sino como nos la contamos a nosotros mismos y luego a los demás. Tengo una historia que contar: quiero que todo el mundo sepa que nos pueden arrebatar la libertad física, pero no la libertad de creer e imaginar la esperanza.
Ojalá que podamos cumplir esta semana el deber moral y humano más importante y urgente que se puede cumplir: traer a todos a casa desde las terribles mazmorras del infierno, algo que solo quienes estuvieron allí comprenderán. Y de nuevo, los vientos del otoño, ojalá los trajeran de vuelta con ellos. ¡¡¡A todos!!!