Sale a la luz una carta inédita de Clara Campoamor: «Deseo ardientemente el triunfo de Franco para evitar el derrumbamiento de España»
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Estoy totalmente a favor de la libertad individual para decidir sobre la propia vida. Permitir la eutanasia es un derecho.
Pero, cómo psicólogo, lo que ha pasado con Noelia me parece un asesinato.
Evidentemente, padecía una depresión.
Lo que lleva a dos conclusiones :
- no tomó una decisión con todas sus facultades plenas
- su situación, mental, no era definitiva, si no que podía haber cambiado con el tiempo.
Yo no soy de Iglesia. Ni de curas. Yo no sé ni rezar, pero no puedo dejar de pensar en Noelia. Hoy algo se nos ha ido contigo. Donde quiera que estés, descansa en paz.
A mí no me ha obligado nadie a borrar nada.
Yo no opiné de leyes ni de eutanasia.
Solo intenté hacer llegar unas palabras desde el corazón para ayudar.
Pero cuando ves a gente riéndose, señalando y convirtiendo el dolor en circo… hay líneas que no se deben cruzar.
La quité por dignidad.
Lo demás es manipulación.
Aquí os dejo lo que escribí:
Carta para Noelia
Noelia,
No sé si esta carta te llegará a ti o a tu madre… pero necesitaba escribirla.
Yo no soy nadie en tu vida, no te conozco personalmente… pero hay cosas que no entienden de cercanía. Y lo que has vivido me ha tocado el alma.
No hay palabras suficientes para lo que te han hecho. Es injusto, es cruel… y es normal que estés cansada, rota y sin fuerzas. No eres débil por sentirte así. Eres humana.
Pero déjame decirte algo desde el corazón:
Lo que te hicieron no define quién eres.
Eres mucho más que ese dolor.
Sé que ahora todo pesa, que todo duele… y que quizás no ves salida. Pero eso no significa que no exista. A veces el dolor nos engaña y nos hace creer que todo ha terminado… y no es verdad.
Tienes 25 años, Noelia.
Te queda vida por delante, aunque ahora mismo no la sientas.
No tomes una decisión definitiva en un momento tan oscuro.
Dale tiempo a la vida… aunque sea poco a poco, día a día.
No estás sola. De verdad.
Hay muchísima gente contigo, aunque no la veas. Y yo, desde mi sitio, te digo que si en algo puedo ayudar, a ti o a tu madre, aquí estoy.
Creo que esta mujer retrata al votante medio del PSOE. Un votante borracho de relato, secuestrado por el argumentario y anulado de toda función crítica por fidelidad ciega a una fe altamente rentable.
los ha dejado en evidencia a todos, absolutamente a todos los responsables, de uno y otro color, una lección que no van a olvidar, Rubén Gisbert @gisbert_ruben en la comisión de investigacion de la DANA donde ha comparecido hoy.
sus 20 minutos, íntegros.
NO PUEDO MÁS CON EL RUIDO (Y SÍ, TAMBIÉN CON LA POLÍTICA)
Carta abierta
Buenos días Familia,
Escribo desde el corazón y desde la calma, no desde el enfado.
Pero también desde el cansancio. Porque ya no puedo más con el ruido, y ese ruido hoy tiene mucho que ver con la política.
La política se ha metido en todo: en las mesas, en las conversaciones, en la amistad, en la familia, en el trabajo. Todo se ha convertido en bandos, en trincheras, en ver quién grita más o insulta mejor. Y eso, sinceramente, me desgasta.
No quiero vivir enfadado.
No quiero cargar con una rabia que no me pertenece.
Yo soy feliz y quiero seguir siéndolo.
Nos han hecho creer que si no piensas como yo, eres mi enemigo.
Que si no estás en mi lado, estás contra mí.
Y eso no es convivencia, eso es manipulación.
Yo no creo en colores ni en siglas.
Creo que hay políticos que viven del enfrentamiento y personas normales que pagan las consecuencias.
Creo que dividirnos les beneficia a unos pocos y nos destroza a muchos.
Yo soy mestizo "Gitano y Payo"
Amo a personas negras, blancas, mestizas, gais, heterosexuales… porque antes que nada son personas.
Llevo toda mi vida defendiendo la dignidad humana y la igualdad, y no pienso permitir que nadie me meta en un saco por pensar diferente.
He votado a la izquierda y a la derecha.
Tengo mis ideas y seguiré teniéndolas.
No estar de acuerdo con un gobierno, con una ideología o con una ley no convierte a nadie en un monstruo.
Estamos usando palabras muy graves —fascista, nazi o facha como si fueran simples insultos. Eso es muy serio. Cuando todo es extremo, nada importa. Y cuando el lenguaje se pudre, la convivencia también.
No quiero el extremismo cerca, venga de donde venga.
No quiero a quienes solo saben señalar, insultar y cancelar al que piensa distinto.
En eso no quiero convertirme.
Por eso me bajo de esta guerra absurda.
No porque no tenga opinión, sino porque no quiero perder el alma discutiendo con desconocidos.
Yo solo creo en Dios, y es Él quien me guía.
No los políticos, no las redes, no el ruido.
Y si algo me enseña la fe es a buscar la paz, no el enfrentamiento.
Yo vuelvo a lo mío: a la música.
A cantar, a unir, a sanar.
Llevo casi 25 años caminando con ella y quiero seguir haciéndolo desde la verdad y desde la paz.
Si alguna vez ofendí a alguien, pido perdón de corazón.
No por obligación ni por miedo sino por conciencia.
Gracias por el cariño, por el apoyo y por estar ahí. Seguiré por aquí intentando haceros un poco más feliz, para eso estamos los artistas y a los que quieran insultar o intenten ofender que quede en sus conciencias, no pienso responder a ninguna descalificación.
Que tengáis un día lleno de luz.
Que Dios nos bendiga y nos dé sabiduría para no dejarnos dividir.
“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.”
(Mateo 5,9)
Un abrazo inmenso.
Agotado el apocalipsis climático, extraído ya todo el beneficio posible para las políticas izquierdistas contra la prosperidad de las naciones, parece que ahora el socialismo internacional se abona a la tesis del apocalipsis bélico. No se dejen engañar, no caigan en su trampa: el orden liberal funciona. La crisis del socialismo a nivel mundial, su desenmascaramiento y ocaso definitivo, es imparable y de nada le servirán sus intentonas golpistas de profecía autocumplida. Quienes ven en el fin del régimen de Maduro y el resquebrajamiento del régimen de los Ayatolás una amenaza para el orden mundial son, precisamente, quienes representan esa amenaza para el orden mundial.
El ataque de Trump a Venezuela y de Estados Unidos a la legalidad internacional (desde hoy enterrada ya de forma oficial) probablemente sea un teatrillo pactado. Y pudiera ser que incluso con el propio Nicolás Maduro.
Y donde Rusia y China no tienen ninguna responsabilidad. FIN.
Es compatible:
- Criticar que EEUU vulnera el derecho internacional y su derecho interno
- Criticar que Maduro vulneró su derecho interno dando un golpe de Estado
- Reconocer que la prioridad de EEUU no es liberar a los venezolanos
- Celebrar la caída de la tiranía chavista
Hay una diferencia anímica profunda, decisiva, entre quien concibe su vida como una construcción personal basada en el esfuerzo y quien la entiende como una concesión del poder político. El individuo que asume que su subsistencia depende de su trabajo y de su capacidad para aportar valor desarrolla una noción mucho más estable de sí mismo que la de aquel que vive de las migajas del poder. Podrá equivocarse, fracasar o atravesar épocas difíciles, pero conserva la certeza íntima de que su destino no está completamente sometida al vaivén de las voluntades ajenas. Esa conciencia actúa como un sedante del alma: ordena, responsabiliza y da sentido. Así se lo suelo recordar a mis alumnos: la felicidad hay que trabajársela.
Por el contrario, cuando el sustento cotidiano se percibe como una dádiva condicionada a la adhesión ideológica se introduce una forma silenciosa de servidumbre. En ese contexto, la vida puede resultar más cómoda en lo material, pero se empobrece en lo esencial: la libertad interior queda seriamente dañada. El clientelismo político compra votos y modela caracteres. Fomenta una ciudadanía infantilizada, más dispuesta a justificar al poder que a someterlo a escrutinio. Vivir esperando la renovación de una ayuda o el mantenimiento de un privilegio no puede sino generar una ansiedad constante, una inseguridad que ninguna subvención logra disipar. Se vive con un permanente miedo a perder el favor de los de arriba, de ahí que muy a menudo se acuda a una moral de batalla: matar para no morir, delatar para no sufrir desamparo.
En cambio, el trabajador que no espera recompensas políticas, sino el fruto —a veces escaso, a veces injusto— de su esfuerzo, conserva algo fundamental: la soberanía sobre su propia conciencia. Puede criticar, disentir y cambiar de opinión sin temor a represalias encubiertas. Esa autonomía, aunque puede ser dura, es fuente de una serenidad que no está al alcance de ningún decreto ley.
Por eso tengo la sensación de que el votante socialista medio (que, gracias al caciquismo inveterado de Ferraz, es el que recibe las grandes subvenciones y beneficios laborales a cambio de su lealtad) lleva una vida mucho más triste que el típico votante y currante de derechas. No llegaré a plantear aquella máxima de que "El trabajo dignifica al hombre", pero qué duda tiene que ganarse el pan con el sudor de la frente debe aquietar más el alma que mendigarlo a diario a cambio de la sumisión de la propia voluntad al bien privado del partido.