"Nada corrompe más que la ausencia de freno, pues quien no encuentra obstáculo a su voluntad se persuade de que todo le es lícito. Y en tal caso, cuando el poder se ejerce sin límites, el gobernante deja de ser magistrado y se convierte en amo".
(Cicerón. De república)
Dejar tu hogar, tu pueblo, tu amada tierra bajo advertencia de sicariato es una experiencia que no le deseo a nadie.
La semana pasada, la noche antes de dejarlo todo, recibí un mensaje de mi ex preguntando cómo estaba. En un texto breve, le resumí la realidad. Su respuesta al saber mi destino fue una reflexión en polaco, tan lúcida como lapidaria:
Esto suena aterrador. No conozco los detalles de esta batalla, pero conozco tu sentido de la justicia y asumo que la causa y la gente valen la pena.
Esas palabras me acompañan hoy en la capital.
Me siento segura, lejos de los narco-delincuentes de cuello blanco de Santa Elena, pero mientras rezo, me pregunto constantemente, con el corazón roto, con dolor y coraje: Hasta cuándo seguiremos así, Ecuador?
#CuantoDuelesEcuador #SantaElena #ValeLaPena?
No sé si los que -ahora- están arriba logran darse cuenta que si eliminan al correísmo de sus "argumentos" queda la nada. Un vergonzoso vacío intelectual e ideológico.
Aquí, los miserables se cuentan por millones cuando se trata de humillar a un opositor en desgracia.
Dicho esto, Villarroel me parece poco gracioso, nada creativo, de cuestionable talento y de exagerado mal gusto. Y no es el único, son legión.
La libertad de expresión qué...