Mejorar el proceso de selección policial también pasa por reformar la ley. Es momento de exigir bachillerato en educación secundaria como requisito mínimo de ingreso y dejar atrás el noveno año.
No resolverá por sí solo todos los desafíos de nuestras policías, falta mucho más pero sí sería un paso decisivo hacia su verdadera profesionalización.
La labor policial exige hoy habilidades cada vez más complejas: comprensión de la norma jurídica, pensamiento crítico, comunicación efectiva, redacción de informes, manejo de tecnología, resolución de conflictos, control y manejo de las emociones en situaciones de alta presión, además de una sólida formación en valores y ética.
No podemos seguir incorporando a nuestras fuerzas policiales jóvenes que, por necesidad, ingresan sin haber concluido su formación académica básica. Si queremos mejores policías, también debemos elevar el nivel de exigencia para ingresar a esta hermosa profesión.
No existe una pomada canaria contra la inseguridad y la violencia, las recetas no se importan: se construyen y cada territorio tiene su propio pulso y su propia realidad.
No lo digo yo, lo confirman las buenas prácticas, que se comparten para aprender, no para copiarlas. Debemos tener cuidado al querer importar modelos que no aplican ni conviven con nuestra realidad y nuestra cultura.
Construyamos las soluciones en materia de seguridad desde las ricas experiencias acumuladas de más de 20 años y que pueden darnos una luz de la ruta costarricense para lograr soluciones propias y exitosas, como lo hemos sido en muchos campos. #SeguridadCiudadana #Convivencia
Por nuestra seguridad también se vota.
La violencia hoy toca la puerta antes que las oportunidades. Y un país que permite eso empieza a perder su rumbo.
Costa Rica cerró el 2025 con 873 homicidios. Dos años consecutivos entre los más violentos de nuestra historia reciente no son una casualidad ni una mala racha: son la confirmación de que la crisis de seguridad se consolidó. Esto no es estabilidad. Es un país que se está acostumbrando al miedo y normalizando lo inaceptable.
La violencia no se reparte de forma pareja. San José, Limón y Puntarenas siguen concentrando el golpe más duro. En distritos como Pavas, Desamparados, Hatillo, Batán o Barranca, la vida cotidiana dejó de ser rutina para convertirse en resistencia. En muchos barrios ya no se vive; se sobrevive. La percepción es clara: el Estado se replegó y la calle quedó bajo la ley del más armado.
La mayoría de los homicidios está ligada al narcotráfico y al crimen organizado. Mientras esas estructuras se organizan, disputan territorios y se adaptan, el Estado responde con improvisación, desgaste institucional y falta de estrategia. Los mapas de calor avanzan, pero la presencia estatal retrocede.
El contraste es evidente también en la lucha contra las drogas. Los decomisos en Costa Rica han sido bajos, insuficientes para el tamaño del problema. Al mismo tiempo, puertos europeos siguen decomisando toneladas de droga que salieron o pasaron por nuestro país, lo que deja en evidencia una falla grave en la contención y en la estrategia. El mensaje hacia afuera es demoledor: somos un punto vulnerable de la ruta del narcotráfico.
No es casualidad que Estados Unidos y Canadá adviertan sobre los riesgos de viajar a Costa Rica. Tampoco es casualidad que hoy tengamos una de las tasas de homicidios más altas de Centroamérica, ubicándonos como la segunda nación más violenta de la región. La inseguridad ya no es solo un problema interno: golpea la imagen país, la inversión, el turismo y la confianza en el futuro.
Mientras tanto, el OIJ trabaja con menos investigadores de los que necesita, los fiscales enfrentan cargas imposibles y las policías patrullan con equipo desgastado y personal insuficiente. Cuando las instituciones pierden capacidad, el crimen avanza. No porque sea más fuerte que el Estado, sino porque el Estado dejó de actuar como tal. Este no es un problema técnico: es un problema de liderazgo.
La seguridad no colapsó sola. Se dejó caer entre recortes, excusas y decisiones tardías. Y el costo lo paga todo el país: las familias que viven con miedo, los barrios que no duermen y los jóvenes que crecen rodeados de violencia.
El 1.º de febrero no es una elección más. Es el día en que decidimos si seguimos conviviendo con el miedo o si empezamos a recuperar el país que todavía podemos ser. Porque por la seguridad también se vota.
No se trata de nombres, sino de rumbo. La seguridad no se promete: se construye. Con liderazgo real, estrategia clara y decisiones que se sienten en la calle.
A Costa Rica no la rescatamos con discursos. La rescatamos con decisiones.
Juan José Andrade Morales.
Día del Policía Costarricense 🇨🇷
Hoy mi corazón se detiene un instante para honrar a quienes eligimos un camino de servicio, sacrificio y amor por Costa Rica.
Ser policía es mucho más que portar un uniforme: es dejar parte de uno mismo en cada jornada, en cada patrullaje, en cada acto de valor y muchas veces de miedo.
He visto el cansancio en sus rostros, pero también la determinación en sus miradas.
He sentido el peso de la responsabilidad, pero también el orgullo de servir.
A cada policía costarricense, activo o retirado, gracias por su entrega.
Gracias por recordar cada día que donde exista un buen policía siempre habrá alma y corazón.
Feliz Día del Policía Costarricense.
Con respeto, admiración y gratitud eterna.
Policia Por Siempre
#DíaDelPolicía #Honor #Servir
Las palabras construyen o destruyen.
En un país golpeado por la polarización y la violencia, tolerar el desprecio y la hostilidad no es algo sin importancia, porque evidente influye e incrementa las agresiones en calles y hogares.
La evidencia sociológica es clara: el lenguaje violento deshumaniza y potencia la violencia. Prevenir empieza también en cómo hablamos.
658 homicidios (con femicidios y víctimas colaterales) y contando.
#SeguridadCiudadana #Prevención #CulturaDeRespeto
#YaBasta
🧠💜 Día Mundial del Alzheimer 💜🧠
Hoy creamos conciencia sobre esta enfermedad y apoyamos a quienes la enfrentan con amor y esperanza. ✨🤝
#DíaMundialDelAlzheimer#ConcienciaYEsperanza
La violencia es hoy el nuevo rostro del país: balas, muertes, cuerpos en las calles y miedo convertido en rutina.
La inacción nos deja a merced del crimen.
No son cifras: son familias destrozadas, niñas y niños sin futuro, comunidades enlutadas.
Costa Rica se desangra.
La tragedia de Quepos no es un hecho aislado, es la prueba de un Estado rebasado. Vivimos una crisis de seguridad que no admite excusas, solo acción inmediata.