«Para el hombre corriente, todos los problemas se remontan a la Segunda Guerra Mundial; para el hombre más instruido, se remontan a la Primera Guerra Mundial; pero para el verdadero historiador, se remontan a la Revolución francesa»
Erik von Kuehnelt-Leddihn
Edmond Dantès existió. Se llamaba Thomas-Alexandre Dumas y era el padre del hombre que escribió El conde de Montecristo.
Nació en 1762 en Saint-Domingue, hoy Haití, hijo del marqués Alexandre-Antoine Davy de la Pailleterie y de Marie-Cessette Dumas, una mujer esclavizada. En 1775, para pagarse el pasaje de regreso a Francia, su padre vendió a tres de sus hijos y empeñó a Thomas-Alexandre, que era su favorito. Un año después compró su libertad. Para meterlo a Francia tuvo que declararlo esclavo y luego liberarlo.
Él eligió el apellido de su madre.
Llegó a general a los 31 años y comandó un ejército de 53,000 hombres en la campaña de Italia. Los austriacos lo llamaban el Diablo Negro. Tuvo el defecto imperdonable de decirle a Napoleón lo que pensaba. Volviendo de Egipto naufragó cerca de Italia y pasó dos años preso. Salió cojo, medio ciego y sordo, con una úlcera que lo mató en 1806. Su hijo Alexandre tenía cuatro años. Francia le negó estatua y le negó pensión.
Cuarenta años después, ese niño escribió la historia de un hombre traicionado, encerrado injustamente y renacido con otro nombre para cobrar todas las cuentas pendientes.
Nadie escribe una novela de aventuras por accidente. Se escribe porque hay algo que el mundo no quiso arreglar.
#Dumas #Montecristo #Literatura #HistoriaQueDuele #EscritorMexicano