El presidente actual se hizo elegir con muchas propuestas malas (intervencionistas) en economía y una buena: la reducción drástica del Estado. Hasta ahora ha intensificado lo primero y no ha hecho nada importante en lo segundo. Por el momento vamos en camino a un Duque II en materia económica.
Me parece increíble leer esta noticia, en este gobierno. La esperaba del gobierno de Petro.
El Ministerio de Agricultura anuncia la creación de una planta estatal de fertilizantes para "bajar costos" e "importar menos". Promesas repetidas que terminan exactamente igual.
La "soberanía productiva" es el empaque bonito con el que la burocracia maquilla el proteccionismo de siempre.
Si fuera rentable, no necesitaría del Estado: Si producir fertilizantes localmente fuera más eficiente que importarlos, el capital privado ya lo estaría haciendo. Si necesita fondos públicos y gubernamentales, es porque el proyecto es económicamente inviable por sí solo.
Paso 1: Prometen bajar precios con dinero público.
Paso 2: La planta resulta ineficiente y acumula pérdidas.
Paso 3: Ponen aranceles a la importación para "proteger" la planta.
Paso 4: El campesino termina pagando el fertilizante más caro que antes.
Menos intervención estatal, menos aranceles a la importación y más libertad de mercado es lo único que baja los costos de producción en el campo. Lo demás es propaganda pagada con el bolsillo de otro.
Una cosa es que Petro haya escondido el gasto. Otra es hacer un presupuesto con base en ese gasto “sincerado”. El problema que nos trajo hasta aquí es que los gobiernos gastan mucho más allá de *lo que obtiene el Estado en ingresos. Por eso la urgencia de un presupuesto que se limite al nivel de los ingresos disponibles.
Con este gobierno tampoco fue, y era evidente cuando nombraron a todos los ministros, directores de entidades inútiles, etc. Sin reducción de burocracia no puede haber recorte real alguno. La rama ejecutiva sigue con 216 o más entidades cuando más de la mitad sobran.
@AndresAdila@MoralesViviane El decreto reglamenta la idoneidad de los colaboradores del colegio en administración, al anterior decreto de 2015 le faltaba calidad.
Ventajas de poner a Peñalosa de ministro de vivienda y gerente de Chocó ad honorem:
- Sabe lo que hace
- Work ethic
- En 4 años tiene a Chocó reconstruido, pavimentado, colegios, acueductos. etc. ya lo hizo en Bogotá con una población 10x mayor.
- cuida cada peso
Bonus: pone a llorar a los petristas.
Se va Gustado Petro, no olvidemos cuando fue al funeral de Jesse Jackson y no paraba de hablar.
Dos tipos lo sacaban del brazo, la gente se iba, le pusieron música y finalmente le dijeron al intérprete que no traduzca más.
Jajajajajajajajajajajajajajajajajaja
Ojalá le bajemos a la hiperpolitización de la vida que trajo el primer gobierno de izquierda. Todo lo politizaron metiéndolo en la lógica suma-cero de la política y sacándolo de la lógica gana-gana del mercado y la sociedad civil. Atizaron las diferencias, todo lo volvieron parte de su batalla cultural y lucha social. Redujeron hasta más no poder la posibilidad de convivir en la diferencia. Sin necesidad de ponernos de acuerdo en todo.
@jcruzbenitezz@Tinojaramillo Esto se acompañaría muy bien de un seguro del empleo universal, ese es el principal dolor para que las empresas no contraten de manera indefinida o prefieran OPS. De resto, para mejorar rotación en tenures altos lo que hace Uruguay es muy interesante.
@Tinojaramillo@jcruzbenitezz Quién no ha escuchado a los empleados del banco en sus 8-10 años de servicio: me negociaron.
Es precisamente ese vicio, hace que las empresas no contraten indefinidamente y que rescindan de trabajadores cierto tenure para no generar próximos pasivos.
El mismo ejercicio pero para Colombia, pero los ProgreFachos seguirán afirmando que Noruega es “socialista” y por eso toca estallar a impuestos y cargas a los privados.
Inundar la zona.
Abelardo de la Espriella está a punto de posesionarse frente a un aparato diseñado para resistir el cambio. Antes del 7 de agosto le conviene estudiar un manual reciente: el del 20 de enero de 2025, el primer día del segundo mandato de Donald Trump.
Ese día Trump firmó 26 órdenes ejecutivas dentro de una descarga de 46 documentos oficiales. Una sola de esas órdenes revocó 78 decisiones de Biden. En cuestión de horas abrió frentes sobre inmigración, energía, burocracia federal, diversidad, política exterior, ciudadanía y regulación. La amplitud no era un efecto secundario del programa, sino una condición necesaria para hacerlo avanzar.
Quien interprete esa secuencia como improvisación pierde de vista el método, pues la avalancha era el plan. Había que inundar la zona y actuar a toda velocidad. Cada día se lanzaban varios temas, la oposición se concentraba en uno y los demás avanzaban. La segunda administración Trump convirtió el tsunami normativo en estrategia de gobierno.
El cálculo partía de una asimetría. El presidente puede firmar muchas órdenes en pocas horas, pero cada una debe ser impugnada y procesada por separado, con demandantes, abogados, audiencias y recursos propios. Los medios tienen portadas y minutos limitados. La oposición dispone de una cantidad finita de voceros, presupuesto y atención. El Ejecutivo podía abrir frentes más rápido de lo que el sistema podía cerrarlos.
Una orden polémica concentra la resistencia, en tanto que 26 la dispersan. Mientras los abogados preparaban la demanda contra la ciudadanía por nacimiento, las agencias ejecutaban instrucciones sobre contratación, energía o inmigración. Mientras una controversia dominaba los titulares, la siguiente desplazaba a la anterior. Trump convirtió la atención institucional en un recurso escaso y obligó a sus adversarios a repartirla.
La segunda ventaja era la opcionalidad. Cada orden representaba una apuesta barata. Si un tribunal la bloqueaba, la derrota quedaba limitada a ese expediente y la Casa Blanca podía apelar. Si sobrevivía, permitía transformar una política pública sin esperar una ley del Congreso. Trump no necesitaba ganar en todos los frentes, necesitaba abrir suficientes para que fuera imposible detenerlos todos.
La avalancha también movió el punto de partida de la negociación: Trump presentó el programa máximo y trasladó a sus adversarios la carga de recortarlo. Lo que sobreviviera ya no se compararía con el statu quo, sino con la totalidad de lo anunciado.
Los resultados confirmaron esa lógica. Hubo demandas y suspensiones, pero también órdenes ejecutadas, estructuras creadas y políticas anteriores desmanteladas. En junio de 2025 la Corte Suprema limitó las medidas cautelares universales que permitían a un solo juez bloquear una política para todo el país, y redujo así el alcance de una de las principales herramientas usadas para frenarlo.
De La Espriella no debería comenzar negociando consigo mismo ni abandonando anticipadamente las propuestas difíciles. Debería desplegar desde el primer día el programa más amplio posible mediante decretos, proyectos de ley y actos administrativos. No todo sobrevivirá. Pero no tiene que hacerlo, porque la estrategia consiste en abrir tantos frentes que resulte imposible cerrarlos todos. Abelardo debería inundar la zona.
La pregunta de fondo no es cuáles son las convicciones personales de los funcionarios, incluidas sus creencias religiosas. La pregunta relevante es si tienen la capacidad institucional y política de imponer esas creencias sobre los demás usando las políticas públicas y el poder del Estado.
En Colombia, la Constitución de 1991 y el arreglo institucional han demostrado ser una barrera efectiva contra ese riesgo. Protegen a las minorías, limitan el poder y dificultan que un gobierno convierta preferencias personales en imposiciones colectivas.
Esa es, precisamente, la fuente de la frustración de Petro y de la izquierda radical. Por eso atacan de manera permanente a las instituciones. Les desespera no poder usar el Estado para imponer su relato: una visión dogmática, autoritaria y sectaria del poder.
After years of being banned from entering a stadium in my own country, for no crime other than being a woman, this is how I walked in.
This was the World Cup FIFA 2026 between England and Panama but for me, it was beyond that.
You have to be a woman from Iran or Afghanistan to truly understand this emotion.
For whom this simple act, walking into a stadium, moving with joy, showing my hair, sitting next to men, was not just forbidden. I was beaten for it. Imprisoned for it. Humiliated for it. Exiled for it. And even in exile, I became a target for multiple assassination plots.
And now people lecture me: "Don't politicize football."
I have a question: which part of my body hasn't already been politicized by the Islamic Republic? My hair? My voice? My seat in a stadium?
They turned our entire existence into a political battlefield. Every inch of a woman was a crime scene under their law.
And now I'm supposed to just sit back, eat a hot dog, and enjoy the game?
I did enjoy the game. England won. But walking through those gates, that was the real victory.