This article should be mandatory reading for every medical student, PhD candidate, researcher—and honestly, for anyone who mistakes expertise for certainty.
“The importance of stupidity in scientific research” sounds provocative, almost offensive. But Martin Schwartz is not glorifying incompetence. He is describing the real operating system of discovery.
Science is not built on knowing.
Science is built on tolerating not knowing.
That distinction matters.
Most of education rewards correctness.
School teaches us to answer.
Exams reward speed, certainty, and precision.
You feel intelligent when you get things right.
Research is the opposite.
Real research begins exactly where competence ends—at the frontier where nobody knows the answer, including the people you thought must know.
That moment is psychologically brutal.
You ask the expert.
The expert shrugs.
You assume you’re missing something.
Then you realize: no—this is the work.
You are not failing.
You are standing at the actual boundary of knowledge.
That feeling—“I must be stupid”—is often not a sign of inadequacy.
It is often the first sign that you are finally asking an important question.
Medicine struggles with this.
We train doctors to avoid uncertainty, to fear being wrong, to perform confidence.
But the best clinicians and the best scientists know how to sit inside ambiguity without collapsing into fake certainty.
This is why AI in medicine also deserves caution.
Systems trained only to reproduce established answers may become extraordinarily good at passing exams while being terrible at discovering what matters next.
Guideline intelligence is not the same as scientific intelligence.
Discovery requires productive stupidity:
the willingness to stay with the uncomfortable,
to look ignorant,
to ask naïve questions,
to be wrong repeatedly without protecting your ego.
Most people want the authority of expertise.
Very few want the humiliation required to earn it.
But progress lives there.
Not in certainty.
Not in performance.
Not in sounding smart.
In the quiet discipline of saying:
“I don’t know… yet.”
And continuing anyway.
Filósofo alemán Jürgen Habermas muere a los 96 años
El filósofo y sociólogo Jürgen Habermas, una de las voces más influyentes de Alemania, falleció este sábado (14.03.2026) en la ciudad alemana de Starnberg a los 96 años, anunció la editorial Suhrkamp.
Jürgen Habermas (QEPD) fue uno de los filósofos más influyentes del siglo XX. Su teoría de la acción comunicativa defendió como la democracia se fortalece cuando el debate público se guía por argumentos y no por poder. La política como diálogo racional uno de sus mayores legados.
A lo largo de la historia, muchas mujeres han dejado una huella imborrable en la ciencia con descubrimientos revolucionarios.
Merit Ptah (2700 a.C.) es considerada la primera mujer científica de la historia, descrita como “médica principal” en el Antiguo Egipto.
Marie Curie (1867-1934) revolucionó la física y la química con sus estudios sobre la radiactividad y fue la primera persona en recibir dos premios Nobel en distintas disciplinas.
Gerty Cori (1896-1957) descubrió el metabolismo de los glúcidos y fue la primera mujer en recibir el Nobel de Medicina en 1947.
Barbara McClintock (1902-1992) destacó en citogenética con su hallazgo sobre la transposición genética, ganando el Nobel de Medicina en 1983.
Rita Levi-Montalcini (1909-2012) descubrió el factor de crecimiento nervioso, un avance clave en neurociencia, recibiendo el Nobel de Medicina en 1986.
Dorothy Crowfoot Hodgkin (1910-1994) perfeccionó la cristalografía de rayos X, determinando estructuras de moléculas esenciales y obteniendo el Nobel de Química en 1964.
Gertrude Belle (1918-1999) fue bioquímica y farmacóloga, destacando en el desarrollo de medicamentos. Recibió el Nobel de Medicina en 1988.
Rosalind Franklin (1920-1958) realizó descubrimientos cruciales sobre la estructura del ADN a través de la cristalografía de rayos X.
Margarita Salas (1938) impulsó la investigación en biología molecular en España y descubrió la direccionalidad de la lectura genética.
Ada E. Yonath (1939) es una cristalógrafa destacada por sus estudios en la estructura de los ribosomas, ganando el Nobel de Química en 2009.
Francoise Barre-Snoussi (1947) descubrió junto a Luc Montaigner el VIH y recibió el Nobel de Medicina en 2008.
Linda Diane Buck (1947) es reconocida por sus trabajos sobre los receptores olfatorios, lo que le valió el Nobel de Medicina en 2004.
Elizabeth Blackburn (1948) descubrió la telomerasa, la enzima responsable de los telómeros en la duplicación del ADN, recibiendo el Nobel en 2009.
Carol Greider (1961) fue parte del equipo que investigó la telomerasa y recibió el Nobel de Medicina en 2009.
May Britt Moser (1963) estudió el sistema de posicionamiento del cerebro y obtuvo el Nobel de Medicina en 2014.
Estas mujeres han dejado un legado invaluable en la ciencia, allanando el camino para futuras generaciones de científicas en todo el mundo.
Tomás Vega inventó el MouthPad, un dispositivo innovador que permite a las personas con parálisis controlar dispositivos digitales mediante gestos con la lengua, la boca y la cabeza.
@GinaMarcelaC_@illicitbaires El serum se aplica en la mano primero en la mano o yemas para calentarlo, de esta manera se activa. Luego se distribuye por el rostro a toquecitos suaves ascendentes. Así se potencia la eficacia.
@SoyMaira88@SQP_oficial Nadie termina bien con una ex pareja, sino no terminaría la relación. Otra cosa es ser discreto (fingir demencia) y trabajarse. Niveles de madurez.
🔥🇦🇷 Hago ECO de las palabras del Profesor Huerta de Soto!!!
Que una eminencia como el @JHS_Oficial hable así de su discípulo es gratificante y sobre todo cuando es un profesor con la VERDAD ante todo.
Es una bendición para los argentinos tener a @JMilei un tremendo LIDER!!!💜🫂🇦🇷