Estos días he pensado mucho en personas que fueron mis amistades y que amé mucho; les prometo que su partida se ha sentido como si me arrancaran un cachito de mi corazón. Les recuerdo con mucho cariño que sus vidas sean dulces y llenas de amor.
¿No les ha pasado que piensan que han hecho las cosas bien y se sienten realmente bien y resulta que al final no fue así y al final se sienten horrible?
¿Cómo que no todos tienen una sudadera de apego? Esa que te pones para sentirte cómoda, esa que está rotísima, pero te la pones porque te hace sentir bien.