entonces vi su comportamiento y dije
“a mí no me puede gustar alguien así”
y se me pasó el capricho. Así de fácil es la vida de nosotras las inteligentes
Hice todo el ruido que pude. Grité hasta quedarme sin voz, expliqué lo inexplicable, hablé cuando sentí que dolía demasiado. Pedí, insistí, me despedí una y mil veces pensando que tal vez, eso sería suficiente para que algo cambiara, pero física y mentalmente ya no podía más.