Me encanta regresar a San Luis, pero no puedo negar que siento un vacío cada que regreso. Quiero volver a hablar con personas a las que extraño y hace tiempo no veo, pero ya no siento que pertenezco y eso me duele.
Guardo en mi corazón a todas las personas con las que en algún tiempo convivía a diario. No las he olvidado, y espero no se hayan olvidado de mí. Aún quiero tener las conversaciones incómodas que pospuse por miedo, y terminar las anécdotas que dejé para otro tiempo.