Cuando era adolescente vi por primera vez el capítulo de Los Simpson de Frank Grimes. Me pareció un personaje hinchado, casi un chiste: un tío honesto y currante que se da de bruces contra Homer y no entiende nada. Años después el capítulo dejó de hacerme gracia. Empezó a darme mal cuerpo. Grimes no era una persona random.