El alumnado de 2ºA entrevista a personajes históricos de gran relevancia como Mahoma, Abderramán III, Don Rodrigo y Carlomagno. @ivoox https://t.co/gUyqPemQLu
El alumnado de 2ºB entrevista a personajes históricos como Mahoma, Abderramán III, Don Rodrigo y Carlomagno, que se atreven incluso con a fala. @ivoox https://t.co/5mT28InCk4
El alumnado de 4º entrevista a personajes históricos como Montesquieu, Voltaire, Rousseau o Francisco de Goya, que se atreven incluso con a fala. @ivoox https://t.co/obThKT8Brh
No doy crédito 😒 ¿Es verdad esto que leo? No me cabe en la cabeza que nos hagan esto. Contad conmigo para cualquier propuesta de apoyo que haya.
No queremos vivir sin @CarlesMesa en @GD_RNE, ni sin la sección de #TodoesLenguaje de @emontoliod
Somos muchos
Hola familia, estamos desarrollando este proyecto desde @OscecEstremaura junto a @extremtrabaja y la @fcd_uex.
Me gustaría que nos echarais una mano haciendo esta encuesta y difundiéndola, así que por aqui os la dejo
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Muere la hispanista Carolyn Richmond, viuda de Francisco Ayala
La escritora y crítica literaria fue miembro correspondiente de la RAE y profesora de Literatura Española en la City University de Nueva York.
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El alumnado de FPB2 de Electricidad y Electrónica de nuestro centro, nos cuentan el proceso de elaboración de un gran proyecto. @ivoox https://t.co/lcZUmE2rdR
La localidad cacereña de Casillas de Coria ha acogido hoy el IV Día de las Letras Extremeñas. En el acto se ha homenajeado al poeta Cruz Díaz Marcos, garante de la literatura en extremeñu. Esta calle de su pueblo llevará siempre su nombre. @cultura_EXT
El alumnado de 1ºESO ha realizado investigaciones sobre científicas, dando importancia a ¿el hecho de ser mujer le generó algún tipo de obstáculo? @ivoox https://t.co/RoJe8x3g7w
Llevo varios cursos recopilando #MensajesAmbiguos y #ParesMínimos para trabajar la #gramática de forma competencial (reflexionando y mejorando la expresión). Comparto el material generado.
Gracias a #TwitterParaLingüistas por compartir la mayoría.
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Mi abuelo murió en Madrid, pero la habría gustado morir en su pueblo.
El pueblo de mi abuelo es un lugar muy pequeño en la provincia de Cáceres. Apenas 300 o 400 habitantes censados que, en verano, se transforman en tres mil o cuatro mil. Son los hijos y los nietos de quienes emigraron en los 60 al sur de Madrid o al norte de Barcelona o incluso a Francia o Suiza.
En el pueblo, la gente habla con acento extremeño y algunas variedades dialectales curiosas; pierden la "s" al final de las palabras y, por ejemplo, el sufijo diminutivo masculino no es ni –ito ni –ino, sino –ine. Los cerdos pequeños son guarrines y si son muy pequeños son guarrines chiquinines. También sueltan más de un vulgarismo, a veces con raíz clásica. Cuando estás a punto de terminar algo, lo tienes quasi terminado; el agua más fresca corre en el maniantal y, de vez en cuando, hay que ir a comprar material al polígano industrial.
Mi abuelo Lucio era casi –o quasi- un tópico literario: era un hombre sabio aunque nunca tuvo estudios. Sabía leer y escribir y hacer cuentas entre complejas y rudimentarias. También sabía, con precisión meridiana, cómo y dónde golpear a la rama de olivo para que cayese el mayor número de aceitunas de un solo vareo. Y si le preguntabas, te enseñaba a hacerlo, aunque luego se reía de ti cuando le arreabas tres zurriagazos al pobre árbol y apenas caían diez o doce olivas.
Mi abuelo Lucio había emigrado en el 62 a Madrid. Al sur de Madrid. A Villaverde. A encontrar una vida mejor. Trabajó durante 25 años en Agromán; a veces como peón, a veces como oficial de mantenimiento, casi siempre como hombre para todo. A mi abuelo Lucio se le daba bien resolver problemas.
En el 90, mi abuelo Lucio se jubiló y volvió al pueblo junto a mi abuela Argimira. Reformaron un poco la vieja casa que ellos mismos habían construido y se dispusieron a vivir la vida mejor que se habían traído de Madrid.
Mi abuelo Lucio echaba la partida casi todas las tardes. En invierno y en verano. A veces jugaban al tute, pero normalmente jugaban a la brisca. Cuando yo pasaba el larguísimo agosto en el pueblo, me gustaba acercarme a ver cómo mi abuelo echaba la partida. Sobre todo me gustaba escucharles. Las veinte en oros. Las cuarenta. Arrastro. Para un niño, la partida era un lenguaje en clave, un código ignoto, una liturgia fascinante e incomprensible.
A medida que fui creciendo, fui perdiendo el interés por escuchar a mi abuelo Lucio echando la partida. Por un lado, yo ya había aprendido a jugar a las cartas y, por el otro, me creía más listo y más urbano y más cosmopolita que aquellos hombres del pueblo, aquellos paletos del pueblo. Tenía 16 años y era un auténtico imbécil.
Una tarde plana y larga de septiembre, me encontré otra vez escuchando a mi abuelo Lucio jugando a la brisca. No recuerdo exactamente por qué estaba allí. Quizá me creía ya un usuario legítimo de los bares; a lo mejor me lo pidió mi abuela. Entre arrastros y cuarentas, los hombres charlaban de la vida y de todo lo demás, claro. Mi abuelo, que llevaba ya veinte años viviendo en Madrid, no escatimaba en maniantales, políganos ni quasis. Yo sonreía con superioridad.
Al terminar la partida, mientras subíamos juntos a la vieja casa que había construido y había reformado, le dije:
—Joder, abuelo, llevas ya veinte años viviendo en Madrid y todavía hablas con “políganos” y “maniantales”.
Mi abuelo me miró entornando los ojos como los entorna un halcón y sonrió como sonríe un halcón:
—¿Tú te crees que yo no sé que se dice “polígono” y “manantial”? ¿Crees que no sé que se dice “casi”? Pues claro que lo sé. Pero también sé que aquí siempre se ha dicho “polígano” y “maniantal” y “quasi”. Y que al final significan lo mismo y así es como he hablado siempre. Además, si les hablo como hablo en Madrid me tomarían por un señorito. Y yo no soy un señorito.
Yo tenía dieciséis años y me di cuenta de que era un auténtico imbécil. También me di cuenta de que a mi abuelo Lucio se le daba bien resolver problemas.
Algunas lenguas minorizadas son también minoritarias en la demarcación administrativa que podría luchar por su reconocimiento legal, lo cual dificulta enormemente que puedan lograr la cooficalidad. Por ejemplo, a fala la hablan menos de 6000 personas del millón de habitantes que tiene Extremadura. Sin embargo, esto no le resta ni un ápice de importancia ni validez a esa lengua, ni los derechos lingüísticos de sus hablantes deberían ser inferiores a los de los hablantes de cualquier otra lengua. El caso del aranés es similar, no obstante, el hecho de que se encuentre dentro de Cataluña, territorio más sensibilizado con la minorización lingüística, ha permitido que una lengua minoritaria dentro de un territorio sea cooficial en todo el territorio. Sensibilidad social y voluntad política.