🚲 Suiza pedalea bajo tierra; México aún esquiva baches en la superficie
En Zúrich, los ciclistas descienden a un túnel de 440 metros, iluminado, seguro, pensado para que la bicicleta sea reina y no súbdita. Una obra millonaria, aprobada en referéndum, que convierte el subsuelo en autopista verde.
Mientras tanto, en Ciudad de México, la ciclovía es más bien un campo de batalla: carriles pintados que se borran con la lluvia, banquetas invadidas por puestos, autos estacionados sobre la línea blanca que debería proteger al ciclista. Aquí, la bicicleta no viaja bajo tierra, sino que se hunde en el asfalto roto, esquivando camiones y semáforos eternos.
La ironía es clara:
- Suiza convierte un viejo proyecto de autopista en santuario ciclista.
- México convierte la ciclovía en estacionamiento improvisado.
Allá, la bicicleta es símbolo de futuro. Aquí, sigue siendo resistencia diaria, un acto de fe en medio del caos.
La ciclovía de Insurgentes a la altura del 2133 se ha convertido en un foco de infección. Una fuga de aguas negras lleva 3 días inundando el carril y lo hace completamente intransitable. ¿Hasta cuándo la reparación? @SACMEX_DENUNCIA@SOBSECDMX@ClaraBrugadaM@AlcaldiaAO
La impotencia de toparte con ejemplares como este. De los que no deberían circular por las calles de la CDMX, pero que la autoridad tolera con tal de recaudar unos pesos.
Sigamos rodando, @eliascattan 🚴♂️