Encerrados en una oficina con aire acondicionado hablando de NADA mientras la sociedad civil está tratando de rescatar la mayor cantidad de vidas posibles!!!!!
NO SIRVEN PARA NADA.
Cuando la tierra dejó de moverse en Caracas, Venezuela, el hogar de Dolly ya no era el mismo. Donde antes había paredes, voces y una familia, solo quedaban escombros, polvo y silencio.
Pero Dolly no huyó.
La perrita permaneció sentada y acostada sobre las ruinas del lugar donde alguna vez vivió con los seres que más amaba. Aunque tenía miedo, hambre y cansancio, se negó a abandonar el sitio.
Ella no podía explicar lo que sentía, pero parecía saberlo: su familia seguía ahí.
Pasaron las horas y Dolly continuó esperando entre los restos de su hogar, como si su corazón le dijera que no podía irse sin ellos. No buscó otro refugio. No se alejó. No los dejó solos.
Después de días de incertidumbre, organizaciones protectoras como la Plataforma ALTO confirmaron la noticia que muchos esperaban: Dolly logró reencontrarse con su familia, sana y salva.
Su historia conmueve porque demuestra que el amor de un animal no necesita palabras. A veces basta con quedarse, incluso cuando todo alrededor se ha derrumbado.
Cada botella de agua donada proviene de un venezolano que no tiene agua en su casa.
Cada linterna es de un venezolano que padece apagones de 8 horas.
Cada bolsa de comida es de un venezolano que gana menos de un dolar al mes de salario mínim.
Cada medicina es de un venezolano que tiene que elegir si ese mes compra las pastillas o come.
Cada pieza de ropa es de un venezolano que, probablemente, lleva ya varios años sin estrenar.
Por eso es que jamás podrán rompernos como nación, como gentilicio:
Porque nuestra solidaridad es tan fuerte, está tan incrustada en nosotros, que no se detiene a ver la necesidad propia a la hora de atender la mayor necesidad del otro. Porque toda nuestra ayuda proviene de un pueblo al que no le sobra nada.
Somos un pueblo con muchas virtudes: nuestro sentido del humor, nuestra alegría, nuestra fuerza.
Pero quizá una de las mayores es nuestro sentido de comunidad. Para nosotros, la solidaridad no es un excedente: es nuestra norma. "Donde comen 4, comen 5" nunca fue para nosotros un cliché, sino una forma de vivir.
Saldremos de esta, juntos, unidos, y más fortalecidos. Como salimos de tantas otras en el pasado.
Tengo una sensación rarísima.
Como si me hubieran sacado un pedazo mío de adentro.
Un vacío.
Todavía no sé cómo explicarlo. O así se siente la palabra desolación.
Ser venezolano es tan difícil que, a veces, el dolor no solo está en lo que vivimos, sino también en intentar explicárselo a quienes nunca lo han vivido
Es allí cuando la tristeza se hace más profunda, porque para nosotros parece ser una tragedia tras otra, una herida sobre otra. Y aunque muchos intentan comprender, hay dolores que solo entiende quien los ha sentido de cerca
Hoy, como tantas otras veces, Venezuela vuelve a doler más de lo normal
Cuánto cansancio lleva el cuerpo. Cuánta tristeza carga el alma ser venezolanos…
Estamos frustrados, agotados, llenos de impotencia… pero no estamos vencidos.
Dios, ayúdanos. Danos la fuerza que a veces sentimos que ya no tenemos. Cuida a nuestra gente, acompaña a quienes hoy buscan, esperan, lloran o resisten.
Danos luz en medio de esta oscuridad y fuerza para levantar a Venezuela de esta tragedia.
Hoy se recuerda la importancia de que los hospitales estén en condiciones, hoy se recuerda lo importante de que la policía, bomberos y otros cuerpos de asistencia estén bien entrenados y equipados. Hoy se recuerda lo vital que es una ambulancia, un helicóptero de emergencia, protocolos, y simulacros. Hoy se recuerda lo importante que es el mantenimiento de la infraestructura en general y lo vital que puede ser la información, el acceso libre y la prensa. Hoy se recuerda lo que nos negaron intencionalmente, hoy se recuerda porque va a ser determinante en este terrible momento que afronta Venezuela.
#Urgente | Tras el terremoto en el país este 24 de junio, muchas familias siguen sin saber de sus seres queridos. Si no logras comunicarte con alguien, repórtalo aquí:
⬇️
https://t.co/BI3xZ0k6Iq
Salí de Venezuela hace 7 años ya, porque me pusieron una pistola en la cabeza a plena luz del día. 19 años tenía. Iba caminando a la universidad.
Me costó entender que eso pasó básicamente porque no había consecuencias para los criminales reales, como suele ser en las dictaduras.
Me fui aterrada y sin ganas de volver. Estaba chica y me costaba separar lo que es el gobierno vs. lo que es la patria.
Afuera lo entendí. Y me dolió muchísimo darme cuenta que amaba mi país más que a nada y que el recelo venía de que nunca quise ser una exiliada. Qué sensación tan fea lo que es el despojo y más cuando ni siquiera has terminado de formar tu identidad.
Por fortuna y bendición, migré a un país que amé profundamente desde el momento en que llegué. Me acogió, me permitió crecer, lo hice mi casa y lo sigo amando. Amo su cultura, sus costumbres y sobre todo a su gente.
Pude crecer, recorrer distintas tierras, sanar y ser feliz en ese proceso. País que visito, país del que me recorro al menos tres ciudades como queriendo entender cómo funciona desde adentro. Me voló la cabeza conocer formas de pensar tan diferentes e interesantes. Ese intercambio constante me recordaba lo que somos en Venezuela y lo que no. Nos empecé a recordar con cariño y con nostalgia.
Ya cuando sané y quise volver de visita, era demasiado tarde.
Para bien o para mal, tengo nacionalidad española y venezolana. La española me permitió moverme libremente por el globo, con la excepción de que si llegaba a pisar venezuela no podía salir.
Podía visitar cualquier país, excepto el mío. Y si lo visitaba, no podía salir, a no ser que tuviera ese pasaporte venezolano que me era imposible de conseguir por distintos motivos claramente relacionados a la dictadura.
Cuento esto como un marco para decir que la intervención de hoy, de este 3 de Enero de 2026, no la celebro a la ligera. Cuando crecí no soñaba con que USA bombardeara a mi país, te lo juro.
Pero tampoco nadie te prepara para lo que es ver a una tanqueta militar aplastando los huesos de estudiantes que solo exigían derechos humanos, poder comprar comida o tener libertad.
Nadie te prepara para estar semanas sin electricidad en un país que es ridículamente rico. Nadie te prepara para lo que es llegar con una emergencia a un hospital y ver cómo se te muere un familiar en los brazos porque no hay insumos. Nadie te prepara para lo que es tener amigos presos en el centro de tortura más grande del continente, y que ese centro de tortura casualmente esté en tu país.
Una dictadura es una dictadura. Y las salidas pacificas son una utopía.
Lo intentamos todo: votar, alzar la voz, pedir ayuda, protestar, irnos, quedarnos y hasta morir por nuestra tierra.
Nada funcionó. Y la represión no solo siguió sino que tomó fuerzas. En algún punto se sintió invencible (en psicología le decimos “Indefensión aprendida”). Por eso estamos tan contentos hoy. No creemos que lo que vengan sean rosas, pero sí nos devuelve algo de esperanzas.
No tienen que venir a preocuparse por nuestro petróleo, sabemos que tenemos las reservas más grandes del planeta. Rusa y China también lo saben bien, porque nos lo han robado en las últimas dos décadas y ahí si no hemos visto a nadie diciendo nada.
Todavía nos queda mucho. Y seré cruda con esto: tampoco somos libres (aún). Pero por primera vez en 26 años está ocurriendo algo histórico en nuestro país.
Si no eres venezolano, déjanos celebrar un poquito esta sensación de alivio y de esperanza que habíamos perdido.
Si eres venezolano y estás en Venezuela, por favor cuídate mucho. Nos necesitamos a todos a salvo.
Si eres venezolano y estás fuera, te entiendo. Te abrazo fuerte y te pido nos eduquemos sobre lo que pasa para explicarlo bien. Hará falta darle visibilidad a esto para que no se tergiverse nuestra historia.
Ya la historia no es solo el pasado, sino lo que está ocurriendo hoy. Y por eso cuento la mía.
Miles de venezolanos han salido a la calles de Madrid y se han concentrado en Sol, donde celebran la salida del dictador Nicolás Maduro de Venezuela. https://t.co/CXyaotiWqb
“Oh my god… I have no words.”
Listen to the emotional moment this year’s laureate Maria Corina Machado finds out she has been awarded the Nobel Peace Prize.
Kristian Berg Harpviken, Director of the Norwegian Nobel Institute, shared the news with her directly before it was announced to the world.
#NobelPrize #NobelPeacePrize