A veces me pregunto si nuestro descontento con la sociedad se queda en eso: hablar, apuntar y diagnosticar. ¿Qué cambia si sabemos lo que deberían hacer los demás, pero nunca qué nos toca hacer a nosotros?
Quizás las cosas simplemente suceden, sin una razón detrás, y en el camino abren oportunidades que a veces vemos y otras dejamos pasar. Supongo que algo aprendemos de ambas, y quizás la magia está en saber reconocer la próxima cuando realmente importe.
A veces siento que la vida insiste en invitarme a desconfiar. Pero, al menos por ahora, prefiero aceptar las decepciones que puedan venir antes que permitir que cambien la forma en que elijo vivir.
A veces siento que no es que me falte, sino que me cuesta sentir que es suficiente… y no sé si es solo algo mío, o si también tiene que ver con cómo vivimos lo que ya hay, y que eso no lo sintamos suficiente.
El aburrimiento no es tiempo perdido, es espacio mental. Ahí suelen aparecer ideas, conexiones y preguntas nuevas. A veces parece que lo llenamos todo con estímulos constantes… y quizás por eso cada vez nos cuesta más pensar distinto.
Hay una forma sutil en que la vida nos mantiene distraídos: nos da muchas cosas que hacer. No malas, no inútiles, simplemente suficientes para llenar el tiempo… pero no siempre para llenar el sentido.
No todo lo que sale bien “tenía que pasar”; a veces fue esfuerzo, a veces probabilidad y a veces simple azar. El universo no conspira a tu favor ni en tu contra: no eres el centro del guion, pero sí quien decide qué hacer con lo que pasa.
Nuestros niños nunca aprenderán lo que es el respeto si lo que les enseñamos con palabras se contradice con lo que ven en nuestras acciones. Les decimos que no se grita ni se agrede, pero luego nos observan defender opiniones con descalificaciones o fuerza. Y así aprenden que la convivencia termina justo donde comienza la diferencia.
Todo lo que sentimos deja huella, incluso lo que duele. Pero no todo lo que fue necesario en un momento tiene que quedarse para siempre. Soltar no es borrar la historia, es elegir qué seguimos sosteniendo para poder avanzar.
Feliz año a quienes este mensaje encuentre, donde sea que estén.
Feliz Navidad, para quienes celebran y para quienes no. Para quienes están rodeados y para quienes viven este día en silencio. Si algo puedo decir hoy es esto: déjate amar. Este mensaje es para ti también. Que haya paz.
Creer algo de uno mismo puede ser sincero. La reflexión aparece al observar si esa creencia encuentra coherencia en nuestra acción, porque sin esa coherencia, lo que creemos de nosotros queda solo en una afirmación.
¿Han pensado alguna vez en lo curioso del miedo?
Cuando aparece, no deja actuar versiones editadas de uno: caen los filtros, no hay personaje, solo vulnerabilidad expuesta. En cambio, cuando el miedo no está, la calma a veces protege y matiza, ocultando lo más sensible. El miedo incomoda, pero también muestra un yo que no sabe esconderse.