«Todos ellos tienen una sensibilidad que les permite gustar placeres a su modo, sin necesidad de envidiar otros y sin que puedan formarse idea de otros» (Kant).
«Mediante estos tests comprobamos, entre otras cosas, que ya a los tres años muchos niños — pero no todos — están colmados de toda suerte de reacciones inútiles y verdaderamente perjudiciales, conocidas bajo el nombre genérico de emociones», (John B. Watson).
“Las reacciones a los estímulos permanentes a menudo son abortivas, inadecuadas para la adaptación; arruinan nuestra condición y son susceptibles de convertirnos en psicópatas», (John B. Watson).
«Su celo es de un carácter curioso. No es un celo por la propagación de sus propias opiniones, sino de todas las opiniones, cuáles quiera que sean. No es un celo por la propagación de la verdad, sino por la propagación de la controversia», (Edmund Burke).
«Ciertamente la iglesia es un lugar en el que una tregua de un día debería concederse a las dimensiones y animosidades del género humano», (Edmund Burke).
«Los viandantes miraban con asombro al joven corpulento y hosco que, con ropa basta y nada favorecedora, iba acompañado de una joven tan atractiva y de aspecto refinado. Era como un vulgar jardinero paseando con una rosa», (Oscar Wilde).
«Este libro de Burke, como suele ocurrir con la gran mayoría de las obras de valor permanente, es susceptible de más de una lectura», (Carlos Mellizo).
«Te lo repito, amigo, cuando siento agitarse mi espíritu con violencia, la vista de una criatura basta para calmar su malestar», (Johann Wolfgang von Goethe).
«La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella. Si se resiste, el alma enferma, anhelando lo que ella misma se ha prohibido, deseando lo que sus leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal», (Oscar Wilde).
«Para mí la belleza es la maravilla de las maravillas. Tan sólo las personas superficiales no juzgan por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo que no se ve», (Oscar Wilde).
... que inclina nuestra pasión a juicios favorables para ellas, hay en el carácter de este sexo rasgos particulares que lo diferencian claramente del nuestro, y le hace distinguirse principalmente por la nota de lo bello», (Kant).
«Quien por primera vez aplicó a la mujer el nombre de bello sexo, acaso quiso decir algo galante, pero acertó mejor de lo que él mismo pudo imaginarse...
... Sin tener en cuenta que su figura es, en general, más fina, sus rasgos más delicados y dulces, su rostro más significativo y cautivante en la expresión del afecto, la broma y la afabilidad, que en el sexo masculino; sin olvidar lo que debe atribuirse al encanto secreto...