Nadie es perfecto, lo sé bien. Pero una persona que se preocupa por ti, te escribe al despertar, te piensa en canciones, te abraza cuando lloras, te avisa al llegar a casa solo para que no te preocupes y busca entender tu mente, roza la perfección.
Mi mejor amigo y yo somos la definición exacta de enemies to lovers en versión amistad. Hace años él quería hasta golpearme, luego me conoció, se dio cuenta de que soy un amor de persona y desde ese día no ha existido separación alguna entre los dos.
Definitivamente mi lenguaje del amor es volverme un fastidioso, querer estar pegado a mi personita todo el día, llenándola de besos, mordidas y quedándome atrapado en el olor de su cabello. Quizás es demasiado pero prefiero querer así, con ganas.
Me delato con una facilidad absurda y ese es mi castigo eterno. No te hace falta verme para saber si estoy nervioso o si se me escapa una sonrisa, porque mi voz me traiciona siempre. Es inconfundible. Soy incapaz de disimular, apenas hablo y ya me confesé por completo.
Anhelo encontrar un amor estilo Rintaro y Kaoruko. Estar dispuesto a apostarlo todo, sin juzgar de dónde venimos ni qué arrastramos y construir algo genuino en medio del caos. Llámenme fantasioso, pero sé que una conexión así de honesta no es imposible.
En mis pensamientos recurrentes siempre está que mi error más grande fue confiar. Pero luego lo pienso bien, si fuiste mi pareja o teníamos un vínculo, ¿por qué no iba a hacerlo? Entregar mi confianza fue lo correcto, fallarme ya es culpa de la otra persona, no mía.
Mi gran defecto es que cuando alguien me interesa de verdad, me obsesiono a niveles inexplicables. Es como si mis sentidos se agudizaran. Me vuelvo meticuloso, alerta y ridículamente cuidadoso con cada mínimo detalle.
Ojalá a alguien le guste tanto mi voz que me llame de la nada solo porque necesita escucharme y me lo diga así, directo. Sin excusas, solo un "necesitaba oírte". Eso es todo lo que necesito para caer enamorado.
Estoy seguro de que salir conmigo es toda una experiencia de amor latino. Te llevas el paquete completo: venezolanidad pura, salsa de la buena en el carro, un dialecto bien propio y una personalidad caliente y entregada. Un ritmo que no cualquiera sabe cómo bailar.
Qué adicción las mujeres que tienen el ego altísimo y lo saben. Hermosas, coquetas, celosas y lo suficientemente tóxicas como para dispararte la dopamina por completo. Saben que nadie les pisa los talones y eso es exactamente lo que me vuela la cabeza.