A veces olvidamos que la naturaleza fue nuestra primera farmacia.
Antes de que existieran las pastillas, ya había plantas que curaban cuerpo y alma.
La manzanilla calma el estómago y también los pensamientos que no dejan dormir.
El aloe vera regenera la piel, pero también enseña a sanar con paciencia.
La menta despeja la mente y el aire, como si te dijera “respira, todo pasa”.
El jengibre despierta la energía que el estrés te roba.
El romero fortalece la memoria y el ánimo (y huele a hogar).
La lavanda es una caricia para el sistema nervioso: te baja el pulso, te baja el ruido.
El diente de león limpia el hígado, esa parte de ti que guarda la rabia y el cansancio.
El eucalipto abre los pulmones y el corazón.
Y la caléndula… cicatriza heridas, incluso las que no se ven. 🌼
Cada planta tiene un lenguaje.
Escúchalas, y sabrás qué necesita tu cuerpo.
Porque sanar no siempre es tomar algo.
A veces es volver a lo natural,
a lo simple,
a lo que huele a tierra y te recuerda que aún estás vivo. 🍃
Studies show family meals are literally linked to better grades.
According to a Columbia University study by the National Center on Addiction and Substance Abuse (CASA), children who frequently share dinner with their families achieve higher grades in school.
The data reveals that teens eating five or more family meals weekly are far more likely to earn excellent marks and demonstrate advanced communication and vocabulary abilities.
This research underscores how routine family engagement fosters a nurturing, stable setting that enhances emotional well-being and self-assurance—vital factors in scholastic achievement.
The advantages go further: shared mealtimes provide a secure forum for self-expression, absorption of family principles, and honing of analytical thinking. Notably, the study also shows that adolescents with more family dinners are markedly less prone to risky activities like smoking or alcohol use. In today’s world of packed agendas and digital distractions, these findings highlight how the straightforward act of dining together can significantly influence a child’s trajectory.
[Columbia University, National Center on Addiction and Substance Abuse (CASA). April 2025]
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Lo que aprendí leyendo sobre los tres sistemas que gobiernan tu cabeza
Aprendí que no vivimos cansados: vivimos activados. El problema no es el estrés como evento, sino como estado permanente. Nuestro cerebro no está diseñado para sostener durante horas el sistema de amenaza y el de logro encendidos al mismo tiempo. Pero eso es exactamente lo que hacemos. Competimos, nos exigimos, nos comparamos, y cuando no estamos logrando algo, estamos anticipando lo que puede salir mal. El descanso queda reducido a un paréntesis culposo.
Hay tres sistemas gobernando nuestra vida emocional. El de amenaza, que existe para salvarnos la vida, pero que hoy vive paranoico: ira, ansiedad, vigilancia constante, huida, parálisis. El de logro, que nos empuja a desear, conquistar, consumir, ganar… y que da placer solo mientras persigues algo, nunca cuando lo alcanzas. Y el sistema de sosiego, el más olvidado, el único que no pide hacer nada: solo estar a salvo, conectado, tranquilo. El único que no sirve al rendimiento.
Lo brutal es esto: no estamos fallando como individuos, estamos mal entrenados como especie moderna. El cerebro antiguo reacciona más rápido que el nuevo. La amenaza siempre llega primero. Y el cerebro moderno suele llegar tarde, mal y con culpa. Por eso incluso cuando todo “está bien”, seguimos tensos. Por eso descansar se siente improductivo. Por eso el cuerpo se enferma cuando la agenda dice que no hay tiempo.
Leí que el sosiego no aparece solo porque el peligro desaparece. Hay personas que, incluso en seguridad, siguen en modo alerta. El cuerpo no confía. Y cuando el cuerpo no confía, ni el éxito alcanza ni el placer dura. Puedes ganar, pero no sentir. Puedes parar, pero no descansar.
Hay una frase que me quedó clavada: el ser humano sufre más estrés que otros mamíferos porque imagina amenazas que no existen y revive las que ya pasaron. No necesitamos un depredador enfrente para activar la alarma. Basta un recuerdo, una notificación, una expectativa ajena.
Y entonces entendí algo incómodo: muchas de nuestras virtudes son estrategias de supervivencia que ya no sirven. La autoexigencia extrema, el control, la hiperproductividad, la desconexión emocional. Funcionaron alguna vez. Hoy nos están cobrando factura.
El sistema de sosiego no se conquista. No se merece. No se compra. Se cultiva. Lentamente. A través del cuerpo, de la respiración, del contacto, de la amabilidad . No es debilidad. Es regulación.
Aprendí que no todo lo que te acelera te lleva a algún lado. Y que vivir permanentemente activado no es vivir intenso: es vivir desregulado.
Tal vez el verdadero lujo hoy no sea lograr más.Sino poder apagar algo sin sentir culpa.
Paracel (@paracelpy) is redefining forestry in Paraguay with 199K+ sustainably managed hectares, of which 87K are protected native ecosystems. They are proving that economic growth and environmental care can go hand in hand!
Read in Spanish: https://t.co/AozHm6R7Gy
No me hago ilusiones, no será fácil levantar a Asunción de las ruinas, pero por lo menos ya no tendremos la humillación adicional de tener que decir que Nenecho Rodríguez es nuestro intendente
Los cronistas son trabajadores de prensa, no propietarios ni accionistas de los medios. Si el presidente Peña se siente molesto con los empresarios tiene derecho a expresarlo, pero sin meter a los trabajadores, señalándolos como si fueran delincuentes. Eso es de cobardes