En el siglo XIV un rey francés necesitaba plata para financiar una guerra contra Inglaterra.
La solución fue poner un impuesto temporal sobre la sal.
Esa palabra, temporal, es la mentira mas repetida en la historia de la tributación.
Lo que Felipe VI creó en 1341 como medida de emergencia se convirtió en impuesto permanente antes de 1360.
Y no solo eso, se transformó en uno de los dispositivos fiscales mas perversos que haya inventado un Estado europeo.
La gabela no era un impuesto normal sobre la venta de sal.
Era un monopolio estatal de compra obligatoria.
En las provincias de la grande gabelle, el corazón fiscal de Francia, todo habitante mayor de ocho años estaba obligado por ley a comprar una cantidad mínima de sal al año, al precio que la corona fijara, en los depósitos que la corona controlara.
No importaba si la necesitabas o no tenías quw comprarla igual.
El Estado te vendía un producto a precio inflado y te amenazaba con cárcel si no lo comprabas.
En las zonas redimidas y en provincias exentas como Bretaña, esta cuota forzosa no existía, lo cual hacía la desigualdad entre regiones todavía mas obscena.
Eso ya sería suficientemente grotesco si el impuesto fuera uniforme.
Pero no lo era.
Francia estaba dividida en seis zonas fiscales con tasas radicalmente distintas.
En Bretaña, un minot de sal costaba entre 2 y 3 libras.
Cruzabas la frontera provincial hacia Anjou y el mismo minot costaba 591 sous.
En las provincias de la grande gabelle alrededor de París, el impuesto podía multiplicar el precio de la sal por diez.
Mientras tanto la nobleza, el clero y los funcionarios reales gozaban del franc-salé, una cuota anual de sal libre de impuesto calculada para el consumo de sus hogares.
Si necesitaban mas de esa ración, pagaban el impuesto completo por el excedente.
En la práctica seguía siendo un privilegio enorme, un campesino pagaba impuesto desde el primer gramo mientras que un noble cubría todo su consumo doméstico sin tributar.
Durante siglos la recaudación de la gabela se repartió entre contratos dispersos con recaudadores locales, cada uno negociando condiciones distintas con la corona.
En 1681, Colbert centralizó todo ese sistema bajo un único sindicato privado de financistas, la Ferme Générale.
Ahí el mecanismo de recaudación se volvió todavía peor que el impuesto mismo.
Cuarenta inversores pagaban al rey una suma fija por adelantado, y todo lo que recaudaran por encima de esa cifra se lo quedaban como ganancia.
Esto es lo que pasa cuando un monopolio estatal se combina con incentivos privados de extracción, no se genera eficiencia, se genera depredación sistémica.
La Ferme Générale controlaba entre el 40% y el 50% de los ingresos fiscales totales de la corona.
Tenía mas de 20.000 guardias paramilitares armados para hacer cumplir el monopolio de la sal y el tabaco.
Tenía poder casi ilimitado de allanamiento, requisa y arresto.
La diferencia de precios entre zonas convirtió el contrabando de sal en la actividad clandestina mas rentable de Francia.
Los contrabandistas se llamaban faux-sauniers.
Compraban sal barata en Bretaña y la vendían en las provincias de impuesto alto a un precio menor que el oficial.
La respuesta del Estado fue predecible, criminalizar a los que vendían sal mas barata.
Si te agarraban sin armas, galeras.
Si te agarraban armado, pena de muerte.
Te marcaban a fuego en los hombros con las letras GAL para identificarte si reincidías.
En 1783, un tercio de los seis mil prisioneros en los presidios franceses eran contrabandistas de sal.
Para fines del siglo XVIII, mas de tres mil hombres, mujeres y niños eran condenados a prisión o muerte cada año por delitos contra la gabela.
Tres mil personas al año castigadas por vender o comprar sal a un precio distinto al que fijaba el Estado.
Cuando se convocaron los Estados Generales en 1789, la gabela apareció en los cahiers de doléances de practicamente todas las provincias.
Era el impuesto mas odiado de Francia.
Porque condensaba todo lo que estaba podrido en el Antiguo Régimen, monopolio estatal sobre un bien esencial, compra forzosa, zonas de tributación arbitrarias, exención total para las clases privilegiadas, recaudación privatizada con incentivos perversos, y represión violenta contra quien intentara comerciar libremente.
La Asamblea Nacional abolió la gabela en marzo de 1790 y amnistió a todos los acusados de contrabando de sal.
El epílogo es perfecto.
En 1794, 28 fermiers généraux fueron llevados ante el Tribunal Revolucionario, condenados en juicio sumario y guillotinados el mismo día.
Entre ellos estaba Antoine Lavoisier, el padre de la química moderna, que había financiado sus investigaciones científicas con las ganancias de la recaudación fiscal.
Napoleón, por supuesto, reinstauró el impuesto sobre la sal en 1806 para financiar sus guerras.
La palabra gabelle no desapareció de los documentos oficiales franceses hasta 1945.
Cuatro siglos y medio de un impuesto temporal.
El patrón se repite en cada siglo y en cada continente.
El Estado crea un monopolio sobre un bien esencial, fija el precio por encima del mercado, exime a sus aliados políticos de pagarlo, criminaliza a quien intente competir, y cuando la resistencia popular se vuelve inmanejable culpa a los contrabandistas en vez de al monopolio.
Hoy no se llama gabela.
Se llama curso forzoso, se llama emisión monetaria, se llama encaje legal.
El bien esencial a día de hoy ya no es la sal, es el dinero.
A las 2:28 a.m., en una carretera congelada de Manitoba, una cámara de seguridad captó algo que parece sacado de una película… pero fue real. 💔
Un perro llevaba más de 4 horas sin moverse.
No corría.
No pedía ayuda.
No huía del frío que podía matarlo.
Los autos pasaban. Las luces lo encandilaban. Las bocinas sonaban.
Pero él no dio un paso.
Cuando los oficiales llegaron, pensaron que encontrarían a un animal paralizado por el miedo.
Lo que encontraron les cambió la noche.
Debajo de su cuerpo, oculto entre la nieve, había un cachorro diminuto. Congelándose. Apenas respirando.
El perro adulto estaba usando su propio calor para mantenerlo con vida.
No ladró.
No atacó.
No se movió.
Se convirtió en escudo.
En refugio.
En hogar.
Dicen que cuando los paramédicos subieron primero al cachorro a la ambulancia, el perro grande no saltó detrás. Se quedó mirando.
Esperó.
Solo cuando vio que el pequeño estaba a salvo… aceptó subir también.
Sobrevivieron.
Y esa madrugada quedó una lección que ningún humano debería olvidar:
La lealtad no siempre grita.
A veces se queda quieta… incluso cuando quedarse puede costarle la vida.
Porque el amor verdadero no es una emoción.
Es una decisión.
Y ese perro decidió no irse.
El Charizard se queda menso
#CirculaEnRedes📹 "Tragafuegos" incendia a dos mariachis en #Morelia, #Michoacán durante riña
Así quedó grabado el momento en una cámara de seguridad
Mi papá no era muy amante de los animales, pero tenía el hobby de alimentar a los colibríes que llegaban de vez en cuando a mi casa, desde que mi papá falleció mi casa está llena de colibríes pero una cosa absurda, se paran todas las mañanas en la entrada de la casa y arman +
Tómense 4 minutos para ver esta campaña sobre distribución de nudes que lanzó KPN (proveedor de internet en Países Bajos).
No importa si no saben holandés, se entiende perfecto Muy acertada y real. Al grano y si vueltas.
Me gustaría ver algo así en Argentina.
Un día como hoy en 1990, Carl Sagan consiguió que, a 6.000 millones de kilómetros, la NASA accediera a girar la sonda Voyager-1 para fotografiar la Tierra y verla como nunca antes se había visto y la acompañó con la siguiente reflexión:
Mire de nuevo ese punto. Eso es aquí. Ese es mi hogar. Esos somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos de los que has oído hablar, todos los seres humanos que alguna vez fueron, vivieron sus vidas. El conjunto de nuestra alegría y sufrimiento, miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas confiadas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilización, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y Padre, niño esperanzado, inventor y explorador, todo maestro de moral, todo político corrupto, todo "superestrella", todo "líder supremo", todo santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió allí - en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.
La Tierra es un escenario muy pequeño en una vasta arena cósmica. Piense en los ríos de sangre derramados por todos esos generales y emperadores para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en los amos momentáneos de una fracción de punto. Piensa en las interminables crueldades que los habitantes de un rincón de este píxel visitan sobre los apenas distinguibles habitantes de algún otro rincón, cuán frecuentes son sus malentendidos, cuán ansiosos están de matarse unos a otros, cuán fervientes sus odios.
Nuestras posturas, nuestra supuesta importancia personal, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiados por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es una mota solitaria en la gran oscuridad cósmica envolvente. En nuestra oscuridad, en toda esta inmensidad, no hay indicios de que la ayuda vendrá de otra parte para salvarnos de nosotros mismos.
La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en un futuro próximo, al que nuestra especie pueda migrar. Visitar, sí. Liquidar, todavía no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde nos mantenemos firmes.
Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizás no haya mejor demostración de la locura de las presunciones humanas que esta imagen distante de nuestro diminuto mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos más amablemente los unos a los otros y de preservar y apreciar el punto azul pálido, el único hogar que hemos conocido.
- Carl Sagan, Un Punto Azul Pálido, 1994