Es un honor poder anunciar que ya está disponible la Guía del Mundial 2026 que he estado preparando estos últimos meses! En ella podréis encontrar un análisis detallado de cada equipo! Espero que os guste porque detrás hay mucho trabajo! #FIFAWorldCup https://t.co/AvhndsXdSb
Aura era esto, queridos. Hay más magia, carisma y mística en estas cuatro instantáneas que en todo el Mundial de Clubes del pasado verano. El Estadio Azteca no es un estadio, es un ser mitológico con personalidad propia. Un gigante de hormigón que hoy, 11 de junio de 2026, volverá a rugir en un Campeonato del Mundo tras 40 años dormido. Fin al gran letargo. Se oye ya un bostezo que ilusiona y te reconcilia con este deporte.
Durante décadas la Sagrada Familia de los Mundiales siempre la integraron Pelé, Maradona y el Estadio Azteca. La Santísima Trinidad de los Campeonatos del Mundo clásicos. ‘Pelé’ se hizo leyenda en ese tapete hace 56 años y Diego Armando Maradona cimentó su gloria en ese lugar sagrado hace 40. Edson y Diego ya no están, el culto al 10 tampoco, pero el Azteca ahí sigue, aguanta y permanece en pie. Impasible y esperando durante años para volver a erupcionar ante un mundo que hoy le observa tras décadas de olvido e indiferencia.
Ese recinto era nostalgia y cultura deportiva, hoy es rabiosa actualidad. Este jueves millones de jóvenes que ven el fútbol a golpe de viral en Tik Tok y que entendían ‘el Azteca’ como un fantasma de un pasado que no les atañe, van a entender realmente lo que un simple estadio de fútbol puede llegar a representar.
Lo vas a flipar, ‘bro’.
Palabra de ‘boomer’.
✍️ @Borja_Pardo
Se valoró hacer una portada al uso con las banderitas, el trofeo y los jugadores destacados. Se optó por otra cosa.
Solo los que tengan un buen nivel de cultura deportiva pillarán la referencia. ¿Y sabéis qué? Vuestro voto debería valer doble.
Sonríe, vuelve el Mundial. 🤩
‘𝐄𝐥 𝐭𝐫𝐮𝐜𝐨 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥’. Dicen algunos que los buenos magos solo revelan sus secretos cuando ya no los necesitan. Luka Modrić lleva toda la vida guardando el suyo. Lo intuimos en Zagreb, lo vimos en Londres y lo confirmamos en Madrid.
El croata de Zadar pertenece a esa estirpe de futbolistas que no se miden en estadísticas sino en sensaciones. Nacido en las cenizas de una guerra y criado entre ruinas, aprendió a jugar en una gasolinera antes de saber leer el mundo. Y eso se nota. Cada toque suyo tiene algo de superviviente.
Su fútbol es otro idioma. Uno en peligro de extinción. Seda bañada en pura competitividad balcánica. Mientras el juego moderno habla a gritos —velocidad, potencia, verticalidad—, Modrić susurra. Y sin embargo se le escucha más. El control orientado que abre espacios donde no los hay. El pase de exterior que cambia el eje del planeta. El regate corto, casi ofensivo en su elegancia, con el que quiebra rivales que le doblan en músculo. Todo en él es intención pura: no hay un toque de más, ni un segundo de menos.
Seis Champions League y un Balón de Oro que rompió doce años de la bicefalia Messi-Ronaldo. Croacia, finalista en 2018 y tercera en 2022, se abraza en 2026 a un prestidigitador que sabe que no hay dos sin tres. Ahora, con casi 41 años se presenta no como reliquia. Como protagonista.
Modrić nunca necesitó velocidad. Necesitaba tiempo, y el tiempo —el único lujo que el fútbol le niega a todos— se lo fabrica él solo. Dos pasos antes que nadie, dos ideas por delante del rival. La Copa del Mundo sigue siendo el único trofeo que le falta. Y en ese vacío reside su última misión.
Croacia llega al torneo tapada, con él como cerebro y corazón. Alfa y omega. Nadie la pone entre las favoritas a pesar de lo acontecido en los dos últimos Mundiales. No aprendemos.
Luka ha decidido que todavía tiene algo que mostrar. Que la función no ha terminado hasta que él decida bajar el telón. El secreto de los grandes ilusionistas no es desaparecer entre aplausos, es convencerte, hasta el último momento, de que lo que estás viendo es real. El mago sempiterno llega a Norteamérica con la firme idea de mostrarle al mundo ‘el truco final’.
✍️ @Borja_Pardo
‘𝐃𝐞𝐬𝐚𝐟𝐢́𝐨 𝐭𝐨𝐭𝐚𝐥’. Hay un hombre que lleva treinta años desafiando a la física, al tiempo y a la propia biología para demostrar que el talento innato exento de trabajo es una mentira cómoda que los mediocres cuentan para dormir tranquilos.
Cristiano Ronaldo no nació con un don. Lo construyó. Lo moldeó. Cada centímetro de ese salto vertical que desafía la gravedad, cada disparo que convierte en geometría sagrada, cada sprint a los 41 años que avergüenza a chicos con la mitad de su edad: todo eso es voluntad hecha músculo.
Su juego es una ecuación de poder y precisión. La explosión lateral, la diagonal perfecta, el remate que encuentra el ángulo donde el portero no existe. Pero más que el gesto técnico, lo que define a Ronaldo es la ferocidad. Esa necesidad casi animal de ser decisivo, de que el partido lo recuerde, de que el marcador lleve su firma. Egolatría para unos y ambición para otros. Gasolina en cualquier caso.
Los números son obscenos: más de novecientos goles en competición oficial, cinco Balones de Oro, cinco Ligas de Campeones, un récord de goles en selecciones que nadie toca. Portugal lleva décadas siendo él, y él lleva décadas siendo Portugal. Roberto Martínez no tiene un delantero, tiene un depredador.
Ahora llega el Mundial de 2026. El sexto y el último en su prolífico libro de servicio. Y la pregunta no es si podrá. La pregunta es si habrá guión suficiente para contenerlo. ‘El Bicho’ vio con envidia lo de Messi en 2022, busca su epílogo de gloria y viene arropado con una Portugal de muchos quilates. Se avecina tormenta y el tornado de Funchal no cierra carreras en silencio. Las cierra haciendo ruido, elevando el tono, recordándole al mundo que los dioses no se retiran, se transforman.
Sí, el desafío es total. En México, Estados Unidos y Canadá, un hombre de 41 años va a intentar lo imposible: darle un Mundial a Portugal. Y la mitad del mundo lo mirará pensando: quizás sí puede.
✍️ @Borja_Pardo
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