No usen IA para escribir sus poemas, arrópense de migajón las costillas hambrientas, calcen un par de magnolias con tacón de puntas de estrella y, entre la noche sudorosa de l_s trabajador_s y la mañana sangrienta de pobresmujeresyniñ_s, saquen su ternura a pasear como l_s poetas
¿Cómo puedo hacerle para hacerte sentir que leo tu enojo? Traje empanadas y piedras a este changarro. En pan hadas se alivianan. Las piedras porque tu enojo tiene compañero en este saquito.
En la cocina de tus primores, cuando cortes lo semejante para arremocharlo a lo diferente y formar un nuevo semejante oloroso, sabroso, amable, déjame ser tu cuchillo de sierrita. Siempre tu elección. Siempre en tu mano. Para abrir.
Para tu tristeza de hoy te mandaría un abrazo, pero hace tanto calor que nos desmayamos. Así que mejor te mando un iglú y un molde para hacer tus lágrimas cubitos con formas de pingüinos y focas.
Sólo una mano me tendió la hiperproducción automatizafa. Era pequeña, de tres dedos como algunas flores y bien iluminada al centro como la luciérnaga que perdió su luz y se quedó meditando hasta encontrar su centro brillante. Sí, peluchino, te hablo de los focos con ventilador.
«¿Cómo puedo decir que tengo corazón si a ti te lo entregué con devoción?», escuché en un carrito de elotes que pasó, eferveciéndome las carótidas y la salivación de tu presencia elotada junto a la mía.
Antiquísimo peligro por transfusiones de sentido en el cachito horizontal donde se desparpajan las analogías: Como hay religión de la que no ama, hubo chile del que no pica y ¡lo peor! Trabajos que no pagan.
Que nada nadie nunca nos separe tal vez sólo el pelito del elote compartido distanciándonos las dentaduras en el torpe beso Ni eso sólo el chilito del que no pica cubriéndonos las lenguas Tampoco eso que lo único que nos separe sea insistir "tú primero" y morderle al mismo tiempo