@LuisLadinoM@LatinXChem Los tamaños detectados fueron de 150 a 38 micras, los polímeros detectados fueron el PP, PE, PET y PVC. Hay publicaciones que reportan la presencia de los MP en diversos organismos incluyendo seres humanos, sin embargo, aún se sigue investigando los daños que puedan ocasionar.
Science:
If you don't make mistakes, you're doing it wrong.
If you don't correct those mistakes, you're doing it really wrong.
If you can't accept that you're mistaken, you're not doing it at all.
Your intelligence cannot be measured by a number. It is defined by your willingness to learn, solve problems and try new things. You are more than just a number. Develop your skills. Share your brilliant ideas. Your skills are more valuable than your grades.
A todo México le urgen varios cursos de:
-comprensión de lectura.
-escritura y redacción.
-inglés y otro idioma.
-matemáticas
-historia comprensiva (nacional y mundial).
-programación.
-filosofía.
-contabilidad y finanzas básicas.
-un oficio.
-primeros auxilios
-economía doméstica y cuidado del hogar (para todos).
The more you know, the more you realize how much you don’t know. The less you know, the more you think you know everything. Knowledge is humbling. Ignorance is arrogant.
Recién adquirido. He leído opiniones de todo tipo sobre Pérez Reverte, siempre he opinado que es un autor que no tiene término medio, o te encanta o lo odias. He leído casi todos sus libros, excepto el nuevo, y hay de todo. Ojalá mi opinión sea positiva con su última novela.
"Todos nacemos felices. Por el camino se nos ensucia la vida, pero podemos limpiarla. La felicidad no es exuberante ni bulliciosa, como el placer o la alegría. Es silenciosa, tranquila, suave, es un estado interno de satisfacción que empieza por amarse a sí mismo".
"El amante japonés", Isabel Allende
Después de ser burlado varias veces por llevar consigo a menudo un teléfono roto pero funcionando, que podía cambiar cada día, el jugador senegalés del Liverpool SADIO MANE, respondió:
′′Por qué debería? Si quisiera podría comprar 10 autos Ferrari, 20 relojes Rolex o dos aviones privados, pero para qué? Tenía hambre y tenía que trabajar en el campo con sed.
Sobreviví a las guerras, a las hambrunas, al hambre negra, jugué al fútbol descalzo, no estudié y muchas cosas más, pero hoy gracias a lo que gano del fútbol puedo ayudar a mi gente.
Construimos escuelas, hospitales, un patio de recreo y suministramos ropa, zapatos y comida a las personas que viven en extrema pobreza.
Además, doy 70 euros mensuales a todas las personas en una región muy pobre de Senegal, para contribuir a la economía familiar.
No es necesario lucir un buen celular de nueva generación, un rolex de oro, un auto de lujo, villas de lujo y viajes en jets privados, prefiero la clase económica.
Prefiero que mi gente reciba un poco de lo que la vida me ha dado.
Esto se llama lucha honorable contra el egoísmo, contra la pobreza, contra el hambre en todas partes del mundo, no solo en mi país".
Del muro de Filosofía pura.
CÓMO SALÍ DE LA DEPRESIÓN Y DE UN DIAGNÓSTICO ERRÓNEO DE BIPOLARIDAD
He pasado muchos años hundido en el pegajoso barro de la depresión. Sin embargo, logré desprenderme de él y ahora disfruto del día a día, celebrando no haberme despedido de la vida, tal como deseé en infinidad de ocasiones. No he logrado deshacerme de la melancolía y la nostalgia, pues no reniego de ellas. Son rasgos de mi personalidad. La melancolía no es una dolencia, sino una forma de contemplar la existencia. Puede decirse lo mismo de la nostalgia. Gracias a ella, mantenemos vivo el pasado e imprimimos consistencia al momento, siempre frágil y difuso. Me han preguntado muchas veces cómo logré alejarme de la opresiva penumbra de la depresión y la ansiedad. No puedo responder a esa cuestión con una fórmula, pues me reencontré con la luz tras un largo y áspero proceso, semejante al de los alpinistas que se internan en la zona de la muerte, esa región situada por encima de los siete mil metros que pone al ser humano al límite de su resistencia física y psíquica.
Todo empezó un 2 de junio de 1972. En esa fecha, mi padre, el escritor Rafael Narbona Fernández de Cueto, murió de un infarto de miocardio. Aunque yo solo tenía ocho años, mantenía una relación muy estrecha con él y recuerdo nítidamente nuestros paseos y conversaciones. Mi padre era un hombre bueno y sensible que hizo todo lo posible para que sus hijos aprendieran a solidarizarse con el dolor ajeno y no pensar demasiado en sí mismos. Su inesperada muerte con 60 años (fui un hijo tardío) sumió a mi casa en un clima de pesar y duelo que jamás despareció del todo. Mi madre se quedó a cargo de dos hijos pequeños con una pensión equivalente a 1.500 euros de hoy en día y una hipoteca de diez años. Mi hermana Rosa, por entonces con diecisiete años, sufría síndrome de Turner, neurofibromatosis y pelvis de Otto. Con una diferencia de cinco centímetros entre cada pierna, medía 1’40 y pesaba 35 kilos. Eso no le impidió estudiar biología y ser profesora de enseñanzas medias durante 32 años.
Cuando mi padre se casó con mi madre, a la que llevaba trece años, era un viudo con dos hijos. Mis hermanos de ese primer matrimonio había nacido veinte años antes que yo. El 2 de junio de 1982 se suicidó mi hermano Juan Luis. No dejó ninguna nota, pero todo sugiere que escogió esa fecha por algo. ¿Qué pretendía decirnos? ¿Qué la fatalidad nunca dejaría de encarnizarse con mi familia? La sombra del suicidio es muy alargada. Se parece a una noche eterna que entierra cualquier forma de esperanza. Desde esa fecha, mi mente, ya herida, zozobró en un persistente cuadro de abatimiento. Tres años después conocí a mi mujer en la facultad. Desde el principio, nos entendimos muy bien y fuimos muy felices, pero mi mujer sufría una rara enfermedad que nos causó mucho sufrimiento y ensombreció el porvenir. No sabíamos si lograría superarla o acabaría con ella. Vivimos con mucha angustia las recaídas y el no saber qué nos esperaba. Algunos médicos nos auguraron lo peor, pero sus pronósticos no se cumplieron. Afortunadamente, Piedad, mi mujer, sigue a mi lado y se encuentra estable. Eso sí, tuvimos que renunciar a la posibilidad de ser padres y los problemas de salud nos descartaron como adoptantes.
Todo el dolor acumulado acabó desestabilizándome. Afectado por un cuadro de distimia, acudí a un psiquiatra y me recetaron amitriptilina. Dos meses después, aparecieron los síntomas de un brote de manía: hiperactividad, insomnio, verborrea, irritabilidad. Pedí una baja médica y el psiquiatra alegó que sufría bipolaridad. Sin ninguna prueba inequívoca y sin atender a mis sugerencias de que tal vez la manía era fruto de la medicación. La Administración inició un proceso de incapacidad laboral absoluta y, pese a que había aprobado la oposición con el número 1, me jubiló. Fue una jubilación exprés. En tres meses y sin pasar por tribunal médico. Siempre he pensado que tal vez influyeron otros factores, pero no pudo demostrarlo.
A pesar de que me habían dicho que la bipolaridad era genética, hereditaria e incurable, investigué y descubrí que solo era una hipótesis, no un dato empírico. La psiquiatría medicaliza el dolor psíquico y lo reduce todo a biología. Investigadores como la psiquiatra Joanna Moncrieff han hallado evidencias que desmontan la teoría de que la depresión está causada por una bajada de la serotonina. Moncrieff publicó un estudio en la revista Nature que fundamenta sus conclusiones. No obstante, la industria farmacéutica se niega a tomar en cuenta estas investigaciones y muchos psiquiatras se aferran a las hipótesis biologicistas, pues no quieren prescindir de unas herramientas muy cómodas y que imprimen a la psiquiatría un barniz científico. Después de muchos años de terapias de grupo, comprobé que los enfermos medicados no mejoraban. Atados a una medicación que producía dependencia y horribles efectos secundarios, vivían sedados entre crisis y crisis. Solo los brotes psicóticos remiten con la medicación. Decidí dejar la medicación de forma gradual y desde 2012, fecha de mi jubilación, he publicado seis libros y 2.000 artículos. Mi primer libro, Miedo de ser dos (Minobitia), recrea los peores años de mi depresión. Mi próximo libro, Maestros de la felicidad (Penguin), narra mi viaje hacia la salud y el optimismo. Al dejar la amitriptilina, los síntomas de manía desaparecieron.
¿Qué me ayudó a salir de la depresión? El deseo de vivir. Aunque casi nada me causaba placer y fantaseaba con morir, el instinto de supervivencia continuaba latiendo en mi interior. Se despertaba al pasear por la estepa castellana y observar el vuelo de un aguilucho o un cernícalo, al oír unas notas de Bach o leer el Diario de Etty Hillesum, que en vísperas de ser deportaba a Auschwitz seguía manifestando su amor a la vida y su fe en Dios y el ser humano. Elegí vivir, igual que los jóvenes uruguayos que se estrellaron en los Andes y cruzaron la cordillera. En vez de caminar, escribía. Cada palabra me costaba un enorme esfuerzo. Sentía que me hundía en la nieve hasta las rodillas. Fue penoso, pero la la alternativa era acabar como mi hermano y no quería añadir otra nota trágica a mi historia familiar. Cuidar a mi madre, afectada por una demencia tipo Alzheimer, y a mi hermana, que se quedó en silla de ruedas, también me ayudó a salir de mi mismo. Durante cinco años, mi mujer y yo fuimos cuidadores a tiempo completo, pues ambas eran dependientes. Atender a nueve perros y cuatro gatos rescatados del maltrato o el abandono también ejerció un efecto terapéutico. Amar sana las heridas. El afecto de mi mujer fue esencial para dejar atrás la desesperanza. Sin ella, no lo habría conseguido.
Mi madre y mi hermana murieron con una diferencia de veinte días, pero no me desequilibró. Ahondó mi melancolía, pero seguí adelante. Aún soy una persona vulnerable, pero mi deseo de vivir es más fuerte que mis fragilidades. No sé si mi itinerario vital puede ayudar a otras víctimas de la depresión y la ansiedad. No dispongo de una fórmula magistral. Solo puedo aportar mi testimonio. La vida puede ser muy dolorosa, pero también hermosa. Cada mañana, cuando paseo por el campo y sigo con la mirada el vuelo de los milanos, doy gracias por estar aquí, bañado por los prodigios de un mundo imperfecto, pero con un enorme caudal de belleza.
Rafael Narbona