La Guerra Civil que está sucediendo en Etiopía va cada vez a peor y preocupa mucho.
Hoy el Ejército Etíope ha sacado sus tanques de la época de la Unión Soviética, los T-55.
Una guerra étnica con blindados soviéticos y entre montañas a 3.000 metros de altura es en toda regla un conflicto algo inusual.
Puede parecer surrealista la gran presencia de los tanques soviéticos T-55 y T-62 en los conflictos de Etiopía, pero tiene explicación.
Primero, el apoyo de la URSS al régimen del Derg. Durante la Guerra del Ogadén (1977-1978) y los años posteriores de la Guerra Fría, la Unión Soviética envió a Etiopía miles de millones de dólares en equipamiento militar.
Esto incluyó el envío directo de cientos de tanques para sostener al gobierno comunista etíope.
Segundo, es un diseño barato y duradero. Los T-55 y T-62 fueron los blindados estándar del bloque soviético.
Se fabricaron por decenas de miles debido a su bajo costo, dureza y facilidad de mantenimiento, lo que los convirtió en las armas perfectas para prolongar una guerra de desgaste en el Cuerno de África.
Y por último, la herencia y captura por múltiples bandos. Al colapsar el régimen comunista en 1991, los arsenales remanentes quedaron en el país.
Estas enormes flotas de tanques antiguos han seguido utilizándose, almacenándose o siendo capturadas por distintas milicias y fuerzas regionales (como el ejército federal y las fuerzas de Tigray) durante las sucesivas crisis internas de Etiopía debido a la falta de presupuesto para modernizar su ejército con tecnología del siglo XXI.
La Guerra Civil de Etiopía es un caos.
Antes de empezar este nuevo conflicto, hubieron más de 7.300 ataques armados desde el Acuerdo de Paz de 2022. En sólo 4 años.
Una auténtica locura que anticipaba el desastre que vemos hoy.
Estos ataques fueron ignorados por los medios de comunicación.
Que una violencia de estas magnitudes haya pasado casi desapercibida para la opinión pública internacional responde a varios factores estructurales de los medios de comunicación y la geopolítica global.
El primer factor es que el Gobierno etíope ha impuesto de forma reiterada apagones completos de internet, cortes en las telecomunicaciones y severas restricciones de acceso a las regiones en conflicto.
Sin periodistas sobre el terreno debido a la persecución y arresto de reporteros, la realidad se invisibiliza.
El segundo factor es que, tras la firma del Acuerdo de Paz de Pretoria en 2022, la comunidad internacional y los grandes titulares dieron el conflicto por resuelto.
La violencia posterior en regiones como Amhara u Oromía se simplificó o se categorizó erróneamente como "tensiones internas de baja intensidad", ignorando que los cimientos de la guerra seguían intactos.
Y por último, un factor clave: el eurocentrismo y sesgo de proximidad.
Los medios de comunicación occidentales tienden a concentrar su atención y recursos económicos en conflictos que perciben como geoestratégicamente más cercanos o prioritarios (como Ucrania o Gaza), relegando las crisis del Cuerno de África a un segundo plano, independientemente de su brutal volumen de víctimas.