@mielmecanica Concuerdo, aunque en mi caso tiene más que ver con la honestidad. Si me sacan plática antes de pedirme un favor, siento que es más un preámbulo para llegar a lo que realmente necesitan que un interés real. No me molesta ayudar, pero prefiero que sean directos.
Y pese a eso, puedo llegar a un punto en el que ya no insisto, no busco, no me desgasto.
Hay cierta tristeza en saber que no necesito dejar de amar para irme y que puedo tener la absoluta seguridad de que ya no quiero que esa persona forme parte de mi vida, ni yo de la suya.
Me asusta mi frialdad, la manera en la que renuncio cuando me decepcionan. Puedo haber querido muchísimo a alguien y aun así, cuando decido marcharme, ni siquiera una gran declaración de amor consigue hacerme cambiar de opinión.
Y quizás lo inquietante sea que puedo reconocer la importancia de esas palabras sin sentirme obligada a responder ante ellas. Confieso que esa es la parte de mí que más me desconcierta, porque sé cuánto soy capaz de sentir y entregar.