Aferrarse a una idea y pensar "es tan obvio que así son las cosas, ¿por qué la gente no lo ve?, seguro son unos ignorantes" debería ser considerada la primera señal de alarma.
*Cámara de eco.
Murió un señor. En la mañana lo vi después de misa, lo saludé, conversé con su esposa y su hija. Unas pocas horas después se había ido.
Dale, Señor, el descanso eterno.
Y brille para él la luz perpetua.
San Juan XXIII dejó un texto muy conocido llamado “Decálogo de la serenidad”, también difundido como “Solo por hoy”.
No es una técnica para estar tranquilo.
Es una pequeña escuela cristiana para vivir el presente bajo la mirada de Dios.
1️⃣ “Solo por hoy”.
Ahí está casi todo.
El cristiano no está llamado a cargar hoy con todos los miedos de mañana.
Cristo ya dijo: “A cada día le basta su afán”.
La gracia se recibe día a día.
2️⃣ San Juan XXIII sabía mucho de paz interior.
Su lema episcopal fue “Obediencia y paz”.
No era la paz del que no tiene problemas, sino la paz del que ha puesto su vida en manos de Dios.
Eso es mucho más serio que aparentar calma.
3️⃣ El decálogo empieza invitando a vivir el día presente sin querer resolver toda la vida de golpe.
Cuánta falta hace esto.
A veces sufrimos más por los escenarios que imaginamos que por las cruces reales que Dios permite hoy.
4️⃣ También invita a cuidar las maneras, no criticar a nadie y corregirse primero a uno mismo.
Aquí hay mucha sabiduría evangélica.
La serenidad empieza cuando uno deja de querer gobernarlo todo, incluidos los defectos ajenos.
Ya tenemos bastante tarea con los propios.
5️⃣ Otro punto habla de adaptarse a las circunstancias sin exigir que todo se adapte a nuestros deseos.
No es resignación triste.
Es humildad cristiana.
Dios también nos educa a través de lo que no controlamos.
6️⃣ San Juan XXIII aconseja dedicar cada día un tiempo a la buena lectura.
El alma también necesita alimento.
No todo lo que entra por los ojos y por el móvil nos deja más cerca de Dios.
A veces basta una página buena para ordenar el corazón.
7️⃣ “Solo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie”.
Qué medicina tan evangélica.
Hacer el bien sin escaparate.
Servir sin aplauso.
Amar sin convertirlo todo en crónica.
El Padre que ve en lo secreto ya sabe leer.
8️⃣ También propone hacer algo que uno no desea hacer.
La serenidad no es hacer siempre lo que apetece.
A veces la paz nace de una pequeña victoria sobre uno mismo: callar, ordenar, perdonar, comenzar, cumplir.
La gracia actúa también ahí.
9️⃣ Uno de los puntos más cristianos es este: creer que la Providencia de Dios se ocupa de mí.
No como teoría bonita, sino como acto de fe.
Incluso cuando las circunstancias parecen decir lo contrario.
Dios no abandona a sus hijos.
🔟 Este decálogo nos recuerda algo muy necesario: la santidad no siempre empieza con grandes propósitos.
A veces empieza por vivir bien este día.
Con fe.
Con caridad.
Con orden.
Con paciencia.
Con sentido del humor, que también es bastante católico cuando no se usa para morder.
1️⃣1️⃣ San Juan XXIII no propone una serenidad fría.
Propone la paz de los hijos de Dios.
Esa paz que nace de saberse sostenido por la gracia, perdonado por Cristo y guiado por la Providencia.
Solo por hoy.
Y mañana, Dios dirá.
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