Mi gusto por los maduros me llevó a cometer una deliciosa infidelidad que, además, me dará un ascenso con el tiempo. Sé perfectamente que mi jefe no me contrató por mi brillantez ni por mi eficiencia; eso lo tengo muy claro. Me contrató porque soy una rubia con un tremendo culo y unos ojitos pícaros de perrita desatada, de esos que le encantan a los hombres. Pero él no quería solo calentarse; quería que me convirtiera en su puta, entrar en mí y someterme en el proceso. Lo que mi jefecito no sabía, o tal vez sí, es que los hombres maduros y en posiciones de poder me mojan solo de pensar que me toman y me usan para saciar su hambre de mujer, para darse placer. El único problema es que soy una mujer casada.
Las miraditas en el trabajo no tardaron en aparecer: las risas cómplices, las miradas fijas en mis nalgas que él creía que yo no notaba, y mis propias miradas al bulto de su pantalón, que yo quería que él sí percibiera. Las caricias sutiles y las insinuaciones iban y venían. Las ganas me mataban y la culpa aparecía cuando mi esposo me montaba en cuatro y me penetraba, pero mi mente estaba en otro lado, imaginando que era mi jefe quien me nalgueaba y gemía por lo rico que mi vagina le apretaba la verga.
La oportunidad llegó, o mi jefe la creó, la verdad no sé y no me importa. Tenía una visita importante durante el fin de semana cerca de la playa para revisar unas inversiones de una de sus empresas y decidió llevarme, argumentando que no podía ir sin su asistente. Cuando me lo pidió, noté el brillo en sus ojos y mi estómago se llenó de ese temor delicioso de saber que ese hombre me iba a comer. Acepté y tuve que correr inmediatamente al baño para masturbarme pensando en lo que iba a pasar.
La junta fue rápida, apenas dos horas, y quedamos libres. Claramente no necesitaba que yo fuera con él; solo quería exhibir frente a sus socios el pedazo de carne que se iba a comer ese fin de semana. Al salir de ahí, me llevó directo a la habitación del hotel y, sin decir mucho más, me confesó que había buscado ese fin de semana para quitarnos las ganas que ambos sabíamos que teníamos. Mientras hablaba, jugaba con los botones de mi blusa blanca, desabrochándolos uno a uno y rozando el carnoso borde de mis tetas. El calor en mi entrepierna aumentaba. Pensé un segundo en mi matrimonio, en mi esposo, pero en lugar de sentirme mal, el morbo de lo prohibido se convirtió en la llama que me hizo entregarme.
Mi mano fue directo a masajear su verga, que ya se sentía dura bajo el pantalón, al mismo tiempo que le decía: "Ya te habías tardado mucho, tómame como te plazca, cógeme como quieras". Me arrancó la blusa y los botones salieron volando. Me levantó agarrándome del culo de forma obscena, con esa fuerza que toda chica quiere que la tome su hombre para sentirse vulnerable y protegida a la vez en sus brazos. Me tiró sobre la cama, me mordisqueó las tetas, me abrió las piernas y me hizo sexo oral hasta que le supliqué que me la metiera. Eso le infló el ego y la verga. Acto seguido, me cogió con desesperación, se corrió dentro sin permiso y sin culpa. Fue rápido y salvaje, pero me advirtió que solo era el inicio, y no era palabrería.
Me llevó al baño, nos duchamos, pero no esperó mucho antes de volver a hacerme suya. Me sentó sobre él, me clavé su verga mientras me amasaba las tetas y me dijo al oído: "Cabálgame perra, te doy permiso de llevar el ritmo". Lo monté con movimientos de pelvis adelante y atrás que lo hacían gemir, algo que mi marido nunca hace. Me nalgueaba, me tomaba del culo y me chupaba las tetas. Cinco, diez, quince minutos y ese hombre no se corría. Hasta que me arrodilló, se masturbó hasta correrse en mi cara, sacó su teléfono y grabó cómo se venía sobre mi rostro y mis pechos. "Ahora me perteneces", dijo, haciéndome entender lo posesivo y territorial que podía ser. Asentí, porque la excitación que esa energía masculina me provoca es indescriptible.
Nos quedan dos días y medio aquí y ya llevamos dos polvos.
#aporte#pareja#cuckold
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Me encanta verla gozar al sentir dos vergas adentro aunque desearía que las 2 fueran de carne ella aun no se anima algún consejo?somos de apodaca yo 25 y ella es flaca de 23 años piernuda culona
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